Casi la vida entera  (Antología personal 2020-1990). Jesús Losada. Hiperión. Precio: 19 €.
Casi la vida entera (Antología personal 2020-1990). Jesús Losada.
Hiperión. Precio: 19 €.

Con este libro, Losada elimina los bordes y ensancha nuestro espacio, oxigenando el mundo.

«La poesía oxigena al mundo». Con estas palabras concluye las notas de Casi la vida entera el poeta zamorano Jesús Losada (1962). De sus palabras deducimos que la poesía desborda el hábitat de la lectura. Bajo la superficie de las palabras se halla una revelación más profunda, porque las palabras muestran nuestra relación con el mundo. Es la fuerza que transmiten las composiciones de Losada desde que publicase su primer libro, allá por 1992, Indulgencia plenaria, hasta la fecha de la última, en 2018, Negrura. Ambas fechas no corresponden con el subtítulo del volumen. Sin embargo, tampoco tiene demasiada relevancia el haber subtitulado con números redondos esta antología personal 2020-1990. En cualquier caso, el propio autor encargado en seleccionar las composiciones nos entrega una generosa compilación de casi treinta años.

Un recorrido lírico originado en parte por el recorrido geográfico, sentimental y existencial del autor. Su labor como profesor de español en distintas universidades de Italia, Portugal, India, Costa Rica y República Dominicana ha provocado estancias largas, auténtico mecanismo que pulsa la creación. Entre los logros obtenidos durante esa trayectoria por Losada se encuentran el «Zorrilla», el «San Juan de la Cruz» o el «Provincia» de León, además habría que subrayar el hecho de que varios de sus libros hayan sido traducidos a varias lenguas (italiano, portugués, inglés, entre otras).

El volumen se dispone desde casi el presente y avanza hacia un pretérito compuesto. Como en poesía, nada queda al azar. Intuimos que Losada ha pretendido que el lector tuviese una imagen de su discurso lírico de dos títulos esenciales en su obra, y destacadas en este, Casi la vida entera. Nos referimos a Negrura (2018) y, primordialmente, a El peso de la oscuridad (2016). Digámoslo con las palabras reunidas por el autor al final de la selección: «A día de hoy pienso que es un libro premonitorio».

En el prólogo firmado por el escritor y profesor, Plinio Chahín, no se diferencian etapas, ni tampoco los rasgos formales o motivos temáticos que singularizan las distintas entregas; acaso la originalidad de los preliminares se halle al sintetizar el conjunto poético del poeta zamorano: «la prueba poética de esta rica experiencia del sujeto de la escritura y en donde encontramos, como siempre, el momento en que el trastocamiento cuaja en una movilidad errante. Destino al que Losada responde, en una obra de factura rigurosa y limpia, al escribir el relato desgarrador y gozoso de su vida, de su viaje vital». Dicho de otra manera: el autor expresa sus vivencias de forma precisa, el sujeto contempla su revelación de lo vivido desde el presente. Así, se comprenden estos versos: «Ahora arrastras el océano a tus espaldas» (Negrura); «Ahora caminamos de espaldas al mundo» (El peso de la oscuridad); «Son ahora los días de la memoria» (Corazón frontera); «Ahora que ya no estamos / ni tan siquiera los días» (Los paréntesis imantados). Es, por ello, que el mar tiene un poder ensimismador. Su atracción deja poemas breves magníficos.

En su itinerario el poeta zamorano practica con avidez, especialmente en los primeros textos, la concepción machadiana del tiempo: el sujeto traslada su visión temporal adentro: «Y tú, caminante, / entrando en ti mismo hallas la paz» (Huerto cerrado del amor). Esa es la coordenada que conlleva la expresión de un universo donde han naufragado todas las seguridades, donde la fragilidad del ser se impone y donde el amor parece estar al otro lado. Y, a pesar de todo, se trata de capturar el instante hic et nunc: «Hoy el tiempo se encuentra / tal vez, donde existimos» (Corazón frontera); y, muy especialmente, como se puede ver en los textos ecfrásticos que conforman Mercados.

De este modo, todos los lugares terminan encallando en silencio y huida y abandono, sobre todo, cuando se llega a los límites trazados, las fronteras, que son, de algún modo, el territorio acotado por las instancias vitales del poeta en el momento presente: «A nuestro alrededor un silencio mudo» (Negrura); «Callamos» (Los paréntesis imantados); «… Y el Atlántico se vuelve oscuro / como la ausencia» (Hombre desnudo persignándose en azul); «Atrás quedaron paisajes de acuarela / que otorgaron el más profundo de los silencios» (Indulgencia plenaria).

Losada somete el lenguaje a una tensión casi extrema, un modo de no claudicar ante el programa de una poesía biográfica. La actitud vital del viajero transmuda la realidad. Y se transforma por una relación con el mundo, pues explora hasta encontrar el latir en el misterio de la vida. En esa relación no falta la parte espiritual. De ahí que el poeta necesite desdoblarse, salir para ver más allá. Por eso sus versos nos ofrecen destellos: «Un hallazgo en el precipicio del viento. / Existe un sendero. / Desciendes hasta su profundidad» (Corazón frontera). Cierto mutismo lleva a definir a la poesía de Losada como compacta y precisa, sin demasiadas concesiones en la forma, con audaces imágenes visuales de gran plasticidad, asociaciones novedosas, de expresión afilada, que encaje, por lo general, en un verso libre, con cierto regusto por el heptasílabo. Asimismo, el interés de Casi la vida entera arraiga en los extras ofrecidos: «Cinco inéditos para decir Bye bye» y el poema de cierre, «La fragilidad del ángel», una docena de versos que Losada había publicado en una de las antologías de poetas del mundo contra la violencia de género. Con este libro Losada elimina los bordes y ensancha nuestro espacio, oxigenando el mundo.

 

No hay más espejo
que este pliego de papel ante tus ojos.

Te miras en él y te das un nombre.

Otro que no es el tuyo. 

                        (De Negrura)

 

Por el espejo retrovisor
vemos incendiarse
los lugares del insomnio.
El infierno anaranjado
la memoria en llamas. 

Acariciamos con nuestras manos
las lenguas de la hoguera.

                        (De El peso de la oscuridad)

 

Dibujas una ventana
en las paredes encaladas de tu celda
desde la que contemplas el mundo. 

Mientras respiras el día amanece,
los lugares del mundo se van iluminando.

Crece la respiración.

                         (De Corazón frontera)

 

Aquellos lados del invierno
lentamente hundidos. 

Encalados
serenamente tristes, fríos. 

Noche tras noche
esperando
siempre en silencio. 

Las ventanas cerradas
y la vida dentro.

La vida dentro la vida.

                        (De Los paréntesis imantados)

 

Jesús Losada

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