El intruso honorífico. Felipe Benítez Reyes. Fundación José Manuel Lara.
El intruso honorífico. Felipe Benítez Reyes.
Fundación José Manuel Lara. Precio: 19,90 €.

Felipe Benítez Reyes nos hace espectadores de la maravilla que las palabras pueden levantar ante nuestros ojos.

El intruso honorífico es una aventura literaria, mantenida durante años a espaldas de la novela, el ensayo y la poesía.

El primer truco de magia de los muchos que efectúa en las páginas de este volumen Felipe Benítez Reyes es presentarnos una miscelánea como si de una enciclopedia se tratase. Es decir: hacer pasar la libertad total del autor para escribir lo que su gana le dicte por el más sistemático modo de ordenación del conocimiento. Artículos, poemas, aforismos, anotaciones de lectura: todo tiene cabida en la chistera del mago que luego presenta ante nuestros ojos al deseado conejo en unos tiempos en que escaseaba la carne, que ese fue el origen del truco, como ahora son contados los festines literarios del nivel que en estas páginas, elaboradas durante lustros, se nos ofrecen, haciéndonos cómplices no de un engaño sino espectadores de la maravilla que las palabras pueden levantar ante nuestros ojos desde el escenario de una página.

El origen de El intruso honorífico, que se subtitula «Prontuario enciclopédico provisional de algunas cosas materiales y conceptuales del mundo», nació en un día de 1977 por deseo de emulación al adquirir el autor de Ya la sombra (su último poemario hasta ahora) La enciclopedia de Novalis o, para mejor decir, el plan enciclopédico que el poeta romántico alemán se propuso completar y dejó inacabado. Abandonado, por la inmensidad del reto, lo retomó durante sus estudios de filología el gaditano, derivando entonces hacia un tratado de figuras retóricas y luego, hasta llegar al momento de darlo a la imprenta, fue creciendo a ratos, ampliando sus miras por la vía de la divagación libérrima, añadiendo entradas que podrían ser una especie de catálogo de escritores admirados, enriqueciéndose con ingredientes propios y otros tomados en préstamo, acumulando apuntes que se transformaban en notas. Una obra, se nos advierte, provisional, ampliable, a la que el tiempo acaso añada entradas, es decir, nuevas píldoras de felicidad verbal.

Porque, en esencia, eso es El intruso honorífico: una aventura literaria, mantenida durante años a las espaldas de la novela, el ensayo y la poesía conformadoras de su obra. Un cruce entre aquel diccionario hilarante del humorista Coll y el de Ambrose Bierce, redactado por el diablo. Un prontuario muy «literario», porque Benítez Reyes escribe como un ángel y allí donde posa su mirada surgen chispas producidas por el contacto entre la inteligencia crítica y el mundo. Abriendo el volumen por cualquier página —y es una afirmación literal— pueden hallarse gemas que despierten una sonrisa o inciten a la reflexión. Es un libro que podría anunciarse como una fiesta: de la inteligencia, el buen humor y el pensamiento retrechero, ese que te asalta de lado o por la espalda, cuando menos te lo esperas, con una luz en la mano para iluminar un perfil de las cosas que jamás habías contemplado. 

Bajo su presentación enciclopédica, hallamos un tomo proteico, que admite lecturas distintas según el ánimo con que se afronte su lectura. En sus líneas el lector encontrará de todo, como en botica. Desde conocimiento, como por ejemplo saber qué es un «cocodrilo» en Italia, de qué novela procede el nombre de las cafeterías Starbucks o cómo intentaba disimular Byron su cojera, hasta sensibilidad: «Cada vez que entro en la panadería, tengo siete años y llueve, porque la infancia es un paraíso con tormenta». El humor y el ingenio impregnan, eso sí, la mayoría de los textos. Vemos un ejemplo cualquiera en la definición que se hace del nuevo rico: «En sentido más o menos figurado, persona que va al kiosco y se empeña en comprar el periódico de hoy y el de mañana».

En las más de trescientas páginas que se cierran con un «continuará» que componen este título que fue galardonado con el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos, en este caleidoscopio de lo imprevisto, que tan bien conjuga información y especulación, con una brillantez continua, el público es agasajado con los juegos de un prestidigitador del idioma. En «ese encuentro de un lector cualquiera con un libro cualquiera», que es una de las definiciones que da Felipe Benítez Reyes de la «lectura», quienes se embarquen en la de El intruso honorífico no saldrán defraudados. Garantizado.

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