Múnich resplandecía (München leuctet).	 Javier La Beira. Frato Editorial. Precio: 12 €.
Múnich resplandecía (München leuctet). Javier La Beira.
Frato Editorial. Precio: 12 €.

El malagueño Javier La Beira nos ofrece el bienhumorado relato de un viajero culto, contemporáneo y digital.

Múnich resplandecía renueva nuestro sentimiento de ilusión por el viaje.

Desde la cubierta, ilustrada con una cara colgante entre cubista y conquense que firma Juan Carlos Mestre, el lector percibe que está ante un libro singular. Que, si es un libro de viajes, lo que nos propone este Múnich resplandecía —el título procede de Thomas Mann— será un periplo bastante peculiar. Y así es, no hay engaño, el malagueño Javier La Beira nos ofrece el bienhumorado relato de un viajero culto, contemporáneo y digital.

Como la mayoría de los viajes que hasta hace no mucho cualquiera podía realizar, aunque en los libros se oculte habitualmente esa circunstancia, el de Javier La Beira a la ciudad alemana de Múnich es una visita de cuatro días hurtados a la corriente laboral en que transcurre nuestra existencia. Días invernales de 2017, que no dejan de referir sus amplios preparativos —ese viaje de interior que hace el lector— ni las breves consultas a medios internáuticos que actualmente se emplean. Citas de Booking o críticas de Tripadvisor, por ejemplo, conviven naturalmente con referencias librescas, cinéfilas o musicales gracias al tono y a la voluntad de estilo del autor. El ritmo en que nos envuelve la prosa, de cortos capítulos entrelazados que van abocetando cada jornada, además de revelarnos un interesante circuito por muchos de los hitos imprescindibles de la capital de Baviera, lo hace con una amenidad que se agradece. Hay tal simbiosis que llega un punto en que se piensa que la refulgente ciudad está cortada a la medida del escritor: si este es capaz de citar a Baricco y a Camarón, una plaza muniquesa le responde juntando en unos pocos metros cuadrados las estatuas del compositor flamenco Orlando de Lasso y Michael Jackson.

Visitas a un museo de arte contemporáneo como La Moderne o a una cervecería que es la más afamada del mundo, la Hofbräuhaus, se alternan con el itinerario programado de un Free Tour, un paseo por el barrio golfo o la aventura de «seducción» con una de esas camareras a la que hay que ganar para la causa antes de conseguir una comanda. La mirada irónica de Javier La Beira sobre sí mismo y las peripecias del grupo que le acompaña logra arrancar sonrisas al lector porque comienza por ser escéptico y socarrón consigo mismo, por ejemplo declarándose el campeón mundial de los pleonasmos. Pero, aunque la prosa esté envuelta en buen humor, es la de un lector pertinaz y sensible, que cuando, como acostumbra, procura «conocer el río de cada ciudad» que visita, evoca a Francisco de Aldana, versos de Manuel Altolaguirre.

O que —en las que acaso sean las mejores páginas del libro— cuando vive por primera vez la sensación de la nieve, que como sureño solo conocía del cine, es capaz de trasmitirnos una emoción carnal por esa «gloria blanquísima» incluso a los que hemos nacido en una capital de invierno. Lirismo que se marida con erudición al recordar la revista poética malacitana Caracola que le dedicó un número monográfico a la nieve que un día de 1954 se extravió en la ciudad mediterránea. No resulta extraño, así, que La Beira cite al diarista Avelino Fierro, pues a ambos les emparenta de alguna forma la combinación de alta cultura y referencias cotidianas, la mirada irónica sobre sí mismos y el mundo de alrededor. Aparecen en sus escritos como dueños de un mundo personal de pequeñas obsesiones que va con ellos y del que, afortunadamente para sus lectores, no logran desprenderse.

Un volumen como Múnich resplandecía, además de renovar el sentimiento de ilusión por el viaje, que no todos los libros del género saben despertar, a uno le convencen de que, más que viajar para transformarse en otro, en muchas ocasiones se hace para ahondar en uno mismo, que, aunque se vaya al extranjero, el resultado es un viaje íntimo.

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