La definición romana de este mar que acaricia buena parte de nuestras costas, Mar Medi Terraneum, “mar en medio de las tierras” nos viene de perlas.

El “mar verde” nos lleva a cinco ciudades, elegidas al desgaire, cuyo común denominador es su diversidad cultural.

“Mar entre tierras” es definición que ilustra la esencia histórica y cultural de los países que rodean el Mediterráneo. Un importante caudal de agua realzado por un sinfín de paisajes, cuya exuberancia y diversidad son espejos refractantes de la idiosincrasia de los países y moradores que siempre han formado parte de su naturaleza. Países que, a su vez, fueron cuna de la civilización y la literatura desde los mitos hasta los viajes contados o las guías turísticas.

El Mediterráneo es un mar acogedor que no esconde nada, pues desde el origen se ha mostrado como el vehículo salado del conocimiento y el intercambio de costumbres, culturas y migraciones. Pocas cosas hay que no se sepa de las culturas que han presidido el destino histórico de los países bañados por sus aguas inquietas. Pocas, después de tantos relatos y ficciones, de tantas epopeyas y derrotas. Sin embargo, más allá de la posibilidad de surcar sus aguas dúctiles en busca de esa felicidad que proporciona la calma y el disfrute sereno, todavía existe la posibilidad de descubrir cosas nuevas, desentrañar secretos que hasta el momento no habían revelado su existencia y de llevarse sorpresas que no constan en las guías.

Entre el follaje del paisaje hay mundos que se tocan, pero conservan su identidad; el mar cambia cuando toca la tierra de las distintas costas. Nunca se descubre la totalidad de esos mundos, siempre quedan resquicios por los que entrar para dar cuenta ilustrada del encuentro con el enigma que supone cada viaje, siempre el primero e iniciático, por muchos que se hayan llevado a cabo.

Además, buena parte del viaje está en la mirada del viajero, en su capacidad para captar la esencia de lo que ve y el modo de relatarlo; tantos modos como descubrimientos y emociones, sorpresas y sentimientos que haya suscitado el trayecto en el narrador.

Por suerte, los viajeros habituales de la Revista Epicuro, cronistas de lo que ven, escritores que sienten a más de observar, que disfrutan más allá de lo que ven, tienen todas esas capacidades, incluso la de soñar el viaje que viven, vivir en el paisaje que descubren a cada paso, el interior de las piedras, el sudor y la sangre de la tierra, bajo los adoquines del progreso, tan parecidos por esos lares a los del sol. Por si eso fuera poco, estos cronistas viajan con sus cámaras de fotos, con lo cual también se ejercitan en la captación de esas emociones y de lo que hay más allá del objetivo y de la mirada que se pliega al instante que será expuesto par nuestro regocijo.

Magdalena G. Alonso y Alfonso García son esos cronistas que, a través del Mediterráneo, nos conducen a cinco destinos que reúnen las condiciones especiales de las que hablamos: Marruecos, Venecia, Liguria, Nápoles y Atenas. Todo viaje es también un sueño que se transforma en literatura al despertar. Ya hemos tenido algunos d esos sueños y hemos leído sus relatos. No obstante conviene recordarlos, pues cada lectura, cada imagen revisada ofrece una perspectiva diferente, una metáfora redescubierta.

Marruecos. Carretera al desierto (Magdalena G. Alonso) es, y así se describe, una película que la protagonista vive al mismo tiempo que contempla a través de la pantalla. Una odisea plena en furgoneta desde Marrakech, a través del Marruecos bereber, hasta el Atlas y el desierto.

La misma cronista nos guía en los tres próximos destinos.

Querida Venecia. Dos puntos. Una carta a Venecia en la que la autora le pregunta por su estado de salud y lamenta no tener un remedio para su enfermedad. Los doctores parece que están pensando seriamente restringir las visitas y recomiendan un tratamiento para los visitantes, que son los que realmente tienen la enfermedad.

¡¡¡¡¡Cinque Terre!!!!! Liguria: La receta de la felicidad. Tantas  admiraciones como pueblos de Liguria, uno de los tramos más hermosos de la Riviera italiana. Playas, gastronomía, sol, un duro tira y afloja entre naturaleza y hombre, el vino, el aceite de oliva de Riomoggiore y los ingredientes de la felicidad, el paisaje y el Trofie con albahaca y anchoas.

Toledo vía Nápoles es un juego de lugares que parte de la ensoñación de una Toledo cercana en la Mancha para viajar a la Vía Toledo, una de las calles más importantes de Nápoles, donde, según la autora, “no hay ninguna otra ciudad que ofrezca tanto ruido y tanto clamoroso silencio como Nápoles”. Esta calle es la prueba y demuestra que las ensoñaciones contienen muchos alicientes aunque se hagan realidad a kilómetros de distancia.

Dejamos para lo último el delicioso viaje de Alfonso García a Atenas. En el corazón de Atenas. Caminar a la sombra de la Acrópolis. Una sorpresa que no tiene fin. Una ciudad única, imprescindible, que no se puede someter exclusivamente a una mirada clásica. No se extraña el cronista de que Epicuro fundase allí su Academia.

En fin, buena literatura e imágenes al servicio de viajes irrepetibles.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *