Poeta en Pekín.	 Joaquín Campos. Sr. Scott - Renacimiento Precio: 9,90 €.
Poeta en Pekín. Joaquín Campos. Sr. Scott
Renacimiento Precio: 9,90 €.

Joaquín Campos es un autor al margen de lo convencional, que come aparte en el mundo de las ideas y la corrección política, que rema a contracorriente.

Quienes ya hayan leído alguno de los libros que en distintos géneros ha publicado con anterioridad Joaquín Campos —Málaga, 1974, escritor y cocinero nómada de continentes— ya serán conocedores de que es un francotirador del verso y un estilita de la prosa, para quien los límites no están hechos. Y, si existen, es para saltarlos. Porque tiene una naturaleza indómita y porque, como alguien ha señalado sobre él, se siente cómodo en la estela del malditismo literario.

En Últimas esperanzas, por ejemplo, larga novela en que hablaba abiertamente y sin filtros de sexo y drogodependencias mientras elevaba una crítica acerba de la sociedad contemporánea; en su libro de investigación periodística La verdad sobre el caso Segarra, sobre el asesino español de David Bernat en Bangkok, que le llevó a estar amenazado por las mafias camboyanas; en los relatos de inspiración psicótica reunidos bajo el significativo título de 20 brotes y, por supuesto, en sus poemarios —tres preceden a la pareja que llega a las librerías ahora—, escribe en crudo, sin mascarilla ni profilaxis, una obra cuya inspiración surge de la calle. Una falta de cocina, fiando a la calidad y contundencia de la materia prima el resultado final, también a la espontaneidad, de la que el autor es consciente y valedor, pues, como sostenía en 20 brotes, «mientras otros cuidan su estilo contando poco, yo lo cuento todo con un estilo que podría ser mejorable. Pero nunca olviden que el riesgo no se aprende en las escuelas. Sin embargo, la sintaxis siempre puede llegar a mejorarse mediante el ejercicio diario de escritura y lectura. Y en esas estoy».

Joaquín Campos se estrenó en las letras con una novela con telón de fondo asiático, Faltan moscas para tanta mierda, donde presentaba las vivencias de un occidental en China, ese país presuntamente destinado a liderar el mundo, que bajo su mirada aparecía como un infierno de mugre y corrupción. De alguna manera, Poeta en Pekín supone la condensación lírica de aquel título, llegando a la misma conclusión: los paraísos a los que huir no existen. «Un progreso / cuanto menos extraño», una nación sin hospitales públicos, un paisaje degradado y sentimientos postizos como flores de plástico, cielos tóxicos de los que nieva cáncer, ciudades en las que, como en la Nueva York de Lorca, no duerme nadie. Pekín y Shanghái son los escenarios prioritarios por donde transcurren los días de un poeta de decir explícito y sin eufemismos, que nos cuenta su vida al paso, tal y como va ocurriendo, hasta alcanzar la apátrida conclusión de su destino de vagabundo: «Y entonces es cuando me doy cuenta / de que ésta es mi patria: / aquella que se extiende desde la mesa en la que escribo / hasta la primera tienda de vinos o librería». Poemas como «Tiananmén» y «Ni feto» brillan con luz propia en la colección de poemas de este ciclo chino, curiosamente sin ningún influjo de la poderosa y ancestral lírica china.

Demasiado humano  Joaquín Campos. Sr. Scott - Renacimiento Precio: 10,50 €.
Demasiado humano Joaquín Campos. Sr. Scott
Renacimiento Precio: 10,50 €.

Una vuelta de tuerca más en su aversión hacia la sociedad occidental y sus modos de vida postrados es Demasiado humano, un poemario nietzscheano redactado desde una isla tropical africana invadida de turistas. La denuncia de la «farsa occidental-progre» comienza con la llamativa imagen de cubierta, un remedo de la bandera de la Unión Europea en la que descubrimos, al fijarnos, que las doce estrellas de los países fundadores de la comunidad se han transformado en cucarachas. El afán de ruptura con la sociedad, el radical inconformismo de fondo, es muy perceptible en todo el volumen, que traza una visión del mundo en la que los individuos nada más somos engranajes de una cadena de producción y el retrato de una sociedad banal y disléxica «donde el sueño no es más / que salir en la tele / aunque sea de público». En ese dibujo nihilista de una humanidad sin metas, donde «los coches se estrellan contra los semáforos / y los guardias de tráfico toman nota», donde «nadie ha matado a nadie / aunque todos quieran hacerlo», la libertad posible ya nada más puede ser «leer lo que no sale en los periódicos» e intentar una vida al margen de todo gregarismo. Dos secciones componen el libro y la primera de ellas, la larga composición de más de veinte páginas «Demasiado humano», se subtitula como «un poema para la posteridad» y algo tiene de testamento, canto y resumen logrado de una cosmovisión personal.

A veces excesiva, por la ausencia de filtros, la poesía iconoclasta de Joaquín Campos, como el tabaco de picadura, no es para todos los paladares; como la voz del malogrado Lemmy Kilmister, líder de Motörhead, se ama o se odia absolutamente, desde la primera estrofa, jamás a ratos. Tiene un timbre no solo reconocible, sino único.

 

 

Tiananmén 

La plaza como un aeropuerto

ya no huele a cadáver

sino a vida muerta.

 

Un niño sonríe ondeando

la insignia nacional.

Su padre, perjudicado,

echa humo por la boca.

La madre,

emocionada,

tira fotos con el móvil.

 

Un guardia de escaso rango y edad

anhela el fin de su jornada laboral

erecto como un cable.

Mientras, los conductores azotan el asfalto

en una imagen de película.

 

Y ante todos ellos Mao,

con su gesto impertérrito,

llenando de humillación

todas las cabezas,

las cámaras de fotos,

los bolsillos de las gentes,

y el recuerdo de unos estudiantes

de los que nunca sabremos sus nombres.

        

(De Poeta en Pekín)

 

 

Metas

              A Antonio Orihuela

La distancia

es la ventaja

del ser humano.

La cercanía,

su dioptría.

Olvídese de sus raíces.

Ellas nunca se acordarán

de usted.

Abra todas las puertas.

Y si no hubiera pomos

salte por las ventanas.

La única salida

es la misma.

No fallezca a

doce kilómetros

de donde nació

sin quererlo ni saberlo.

Y sobre todo

no se asocie

a sus parecidos:

hace tiempo

que dejamos de ser

monos.

 

(De Demasiado humano)

 

 

Joaquín Campos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *