El emprendimiento es el acto de iniciar una acción determinada, en especial cuando exige esfuerzo o trabajo o cuando tiene cierta importancia o envergadura.

Normalmente está asociado a que esa acción a la que se refiere la definición anterior sea la puesta en marcha de un negocio. 

El emprendimiento empresarial siempre me ha merecido el máximo respeto y admiración, por el  riesgo, la creatividad y esfuerzo que ello supone.

Es un proceso que  lleva consigo componentes que no se pueden parametrizar, componentes emocionales que van más allá de lo racional: pasión, asunción del riesgo, visión, iniciativa, resiliencia, aprendizaje ante el error, motivación… pero además de todo esto se necesita el dominio de otras competencias, éstas sí racionales , como la capacidad de gestión, habilidades comerciales y conocimiento de los aspectos técnicos del negocio. Estamos aquí ante la triple competencia: gestor, técnico y comercial, más una cuarta , la inteligencia emocional, ¡ahí es nada!.

Con todo esto podemos hacernos una idea de que el emprendimiento no es una tarea fácil ni mucho menos.

Los factores que pueden influir para iniciar un emprendimiento pueden ser  variados:

Los dos primeros casos llevan incorporados componentes tanto racionales como emocionales de serie, digamos que más desarrollados, para el emprendimiento  y aunque lo que voy a comentar a continuación está más enfocado a los dos últimos supuestos, también es de aplicación a los dos primeros.

He visto muchas iniciativas de emprendimiento empresarial, en las que los emprendedores han considerado que la “idea” de negocio en sí misma, el dominio técnico de la actividad clave, replicar de manera mejorada el modelo que se realizaba en la empresa en la que durante años habían trabajado eran suficientes para ponerlo en marcha y tener éxito.

Pero no es lo mismo ser empleado que empresario, ya que necesitas recursos financieros e incorporar competencias que resultan clave para el desarrollo del negocio, sin que ello tampoco sea garantía de éxito, pero sí un requisito, luego el mercado decidirá.

Cuando te enfrentas en solitario al emprendimiento, ya no hay una estructura corporativa que te respalde, ya no tienes red de seguridad, ahora te la juegas.

Mi recomendación es que cuando tomes la decisión de emprender, hagas un análisis de 360º, contemples todos los aspectos que forman parte de esta decisión y que son claves, tales como:

Para ello, y también para cualquier caso de emprendimiento, existen procesos como el MENTORING para emprendedores, en los que una persona con experiencia asesora y enseña al emprendedor a conseguir los recursos y desarrollar las competencias necesarias en el menor tiempo posible, consiguiendo con ello:

Como resumen:

El emprendimiento empresarial no es una profesión, es una actitud ante la vida que exige una gran responsabilidad y esfuerzo.

Lo expuesto en este artículo pretende advertir de la envergadura de una decisión de emprendimiento, de la concienciación para el emprendedor de los retos a los que se enfrenta y los recursos que necesita y significar que existen procesos como el MENTORING que pueden ayudarle a “TRAGARSE EL PEZ” para que no se le indigeste.

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