El arqueólogo. Román Piña Valls.
Ediciones del Viento. Precio: 17 €

Alguna vez hemos calificado a Román Piña Valls como el maestro del humorismo español contemporáneo.

El arqueólogo es del tipo de ficciones de Román Piña donde lo humorístico no es el sustento de la narración.

De entre los novelistas patrios, es con seguridad el más persistente practicante de ese tipo de ficción que tiene a la parodia y al surrealismo como ingredientes imprescindibles, sin desdeñar llegar a la irreverencia y provocación a través de planteamientos delirantes, para incitar a la reflexión.

El estreno de Román Piña como narrador, sin embargo, fue con una obra de marcado acento poético, Las ingles celestes. Nos contaba el enamoramiento de un viejo profesor por una de sus jóvenes alumnas con un elevado tono lírico: el único desafío a los biempensantes estaba allí en la desproporción que planteaba una relación desigual en el plano de la edad, pero no comparecía el humor. Su segunda novela, Un turista, un muerto, se echaba en sus brazos mediante una trama sobre ciclistas domingueros, guiris, periodistas precarios y gente cabreada. En ella, concurrían personajes extravagantes y un grupo de payeses indignados ante la saturación vacacional que creaba un grupo terrorista surrealista y grotesco, el cual parecía sacado de la película Acción mutante, con la intención de atentar contra la superpoblación turística.

Luego, en Stradivarius Rex, el protagonista se levantaba cada mañana con un cuerpo e identidad distinto, con todo un día por delante para hacer lo que le diera la gana sin responsabilidades identitarias ni penales. En El general y la musa, mezclando épocas, resucitaba a Franco e insuflaba en el dictador un deseo irrefrenable por la presentadora contemporánea Patricia Conde, hasta el punto de llevar su imagen tatuada en la barriga e irse con ella a escuchar jazz en la Mallorca de los años 30, en cuyas playas practicaba nudismo con Carmen Polo y, por si fuera poco, recibía clases particulares de mallorquín. En su penúltima novela, Y Dios irrumpió de buen rollo, un extraño comando compuesto por un periodista free lance, una monja y una empleada de grandes almacenes preparan un complot para voltear la trama de la política española: una visión corrosiva que tenía a lo hilarante como ariete para deshacer prejuicios, destapar fanatismos y poner en tela de juicio ideologías vestidas de marca. Entre medias, aunque con abundancia de sangre imaginaria, disfrazada bajo el aspecto de una novela negra, Sacrificio, la historia de un escritor deseoso de alcanzar el éxito literario a cualquier precio.

El arqueólogo, digamos, pertenece a la estirpe de Sacrificio y Las ingles celestes, el tipo de ficciones de Román Piña donde lo humorístico no es el sustento de la narración. No diremos que pertenece a sus ficciones serias, porque todas lo son, aun cuando las leamos con una sonrisa pintada en la cara, pero puede valer para entendernos. Y el humor también está presente, por supuesto, en este libro que nos narra los avatares de un viejo profesor universitario a partir de la reconstrucción de su microcosmos más cercano: una familia que rota a su alrededor como en torno a un fanal giran las polillas, abrevando en su luz viejas historias, algunas de aspecto legendario, y que nos llevan de Bagdad a Micenas o a Troya.

El escenario es Nápoles y el epicentro del relato, la villa de Cicciano que Claudio Bersani, un amante del mundo clásico, mantiene abierta como una especie de sucursal de su memoria. Una localidad donde la camorra está presente como telón de fondo, que obliga a convivir con el crimen y las ruinas, pero, sobre todo, un escenario donde se desenvuelven el universo familiar y profesional del anciano arqueólogo, quien va desgranando algunas de las aventuras que vivió en el pasado. Ellas van llevando con naturalidad hacia lo que acaso sea el núcleo de la ficción: la contradicción que asalta al personaje, un científico prestigioso que al final de su existencia descubre, a su pesar, el poder de la literatura, al obtener inopinadamente el éxito que siempre ansió para sus investigaciones con un relato aparentemente ficticio. Un premio, el que perseguía el personaje de Sacrificio y por el que hubiera matado, cambiará los últimos meses de su vida pública.

Entre la cotidianidad y el suspense, se mueve esta novela de personaje que retrata a un entrañable catedrático devoto de las humanidades. O eso creemos hasta el fin, cuando una sorprendente revelación sobre la voz narrativa da otra dimensión a todo lo hasta entonces leído, deshaciendo las fronteras entre lo legendario y lo histórico.

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