¿Cómo digerir las muestras de dolor desde la intimidad de la poesía? El interrogante no tiene una respuesta fácil, quizá ni siquiera se llegue a una posible.

Si la poesía se identifica con un aura de misterio, Aquitania cumple con creces esa exigente condición.

Inicio este artículo con pregunta, ¿cómo digerir las muestras de dolor desde la intimidad de la poesía? El interrogante no tiene una respuesta fácil, quizá ni siquiera se llegue a una posible. Dependerá del grado con que operen los mecanismos de la expresión.

Es lo que sucede con el último libro del profesor y ensayista madrileño Rafael Morales Barba, Aquitania, el cual posee el estigma que deja el dolor y expone la intimidad doliente del sujeto en una expresión desnuda.

La faceta creativa de Morales se hallaba en Manual de nocturnos (2017), que reeditaba dos libros, Canciones de deriva y Climas, así que la reactivación de su producción lírica, con Aquitania, es motivo de gozo. Nos hallamos ante una voz poética que dilata en el tiempo su ritmo de escritura, lo que nos pondrá en órbita de una búsqueda de la palabra precisa y el verso justo.

Como advierte el profesor de la Complutense J. Ignacio Díez en las primeras palabras del esmerado prólogo, «si la poesía se identifica con un aura de misterio, Aquitania cumple con creces esa exigente condición». El título nos conduce por parajes oscuros, donde encontramos un proceso de revelación interior derivado de la ausencia del amor. Así, será la memoria la compañera del sujeto, con la que juntos recorran territorios que se muestran apenas vaporosos, porque el abandono de su amor ha dejado esos espacios casi sin vida.

El título guarda, además, una cohesión con los títulos de los poemas, en su mayor parte, constituidos por una única palabra, el nexo de unión semántico temporal y oscuro. Como si los títulos estuviesen influidos bajo los designios de la luna y el sujeto se dejase arrastrar por un ritmo monocorde. La luna actúa como anclaje a otro tiempo, retrotrae al sujeto a una dimensión mítica, al ámbito más tierno de la memoria.

 

Aquitania. Rafael Morales Barba. Ediciones La Discreta. Precio: 9 €.
Aquitania. Rafael Morales Barba.
Ediciones La Discreta. Precio: 9 €.

Aquitania contiene cerca de una cuarentena de poemas breves, que hacen referencia a unas coordenadas espaciotemporales íntimas, causantes de tanta emoción. En el poema que inicia el libro, de título homónimo, y con el añadido «Luna de marzo», que sirve para situar al lector, el contraste presencia-ausencia se refleja en el paisaje es recordado por el sujeto: «Has tornado a las aguas / sin por qué, luna / en la ría, besado mis labios». 

La fragilidad ante el vacío existencial se dispone en la verticalidad de «Nubes», o se expresa en lo que nos sobrevuela, como sucede en «Palomas»: «En su nada fugaz / ojos y vuelo / parpadean». En esa verticalidad destaca el poema «Compañía» que comienza de manera rotunda: «El inhóspito azul», y concluye fulminantemente: «Y en ese vaciado de figuras, / inquietantes buriles pensativos / minuciosos socavan».

El fluido liquido (el agua, el mar, la playa…) funciona como símbolo, se representa en movimiento, pero tienen un sentido negativo, pues se lleva o arrastra todo, dejando sólo sombras.

Aquitania nos evoca significados que van más allá de nuestros pensamientos. Todo queda cuando nada permanece. A propósito, «Entretanto» es uno de esos títulos que connota el tiempo sobrevenido, la fragilidad del ser, el tránsito de las horas mientras esperamos el cuerpo amado: «Todo triste / ante el monte… / […] la noche / con su rosa entreabierta / o el ámbar de la blusa y la carne / inquietante». Algo similar ocurre en el poema «Fosfenos en Claudia Valeria»: Entretanto / deambulantes por rutas y calles / cuyos pasos marcharon».

El poema germina entre la realidad y el deseo. De un imposible encuentro entre ambos polos, por lo que las palabras se cargan de partículas emocionales, que casi no anclan en lo terrestre. Esa oposición implica explorar el sentido que tiene la existencia. Es, por ello, que el espacio imaginativo del poema ni siquiera sea motivo de dicha, aunque sirva como salida emocional. Los referentes espaciales ya sean ubicados en España, Francia, Italia, Uruguay o cualquier otro (Alcudia, San Sebastián, Guerande, Langre, Toro, Barcelona…), no representan lo que eran, lugar de exploración; ahora son espacios oscuros, tristes, carentes de vida, traspasados por los recuerdos, como puede verse en la segunda parte del poema «Faro (Monte Louro)»: «Todo es hueco en el aire sin traba / contigo por la orilla en la memoria / donde el oleaje bale el paisaje tardío / al faro…». A través del flujo de la memoria, esos territorios aparecen privados de la gasa emocional del primer encuentro. Así ocurre, por ejemplo, en el titulado «Lascia Ch’io Pianga», donde celebra el aria de G. F. Händel: «Con la luna de ayer /… Asomado al pretil / oscuro San Sebastián asaetado de luces». Al final, se comprueba que el lugar es lo de menos, como cabe interpretar en los primeros versos de «Vaciado», que podrían pasar por un haiku: «En un lugar cualquiera / una ligera brisa / y el candor del jazmín».

La proyección del estado anímico del sujeto en la naturaleza que desemboca en la sensación de soledad transida por el tiempo en un paisaje tan hondo como doliente tiene honda huella en Andrés Sánchez Robayna, Claudio Rodríguez, Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado. El discurso de Rafael Morales añade esencialidad y rotundidad a una poética de lo mínimo mediante la construcción de poemas breves, en un decir casi lacónico. Los poemas se centran en lo terriblemente frágil, en lo evanescente, ya sea un «sombra», «una ligera brisa» o el propio lenguaje («palabra oscura»). Las imágenes sorpresivas y el uso de un léxico poco corriente («teso», «cenote», «vinca», «amuras»…) ayudan a crear un espacio imaginativo en Aquitania que multiplica su sentido.

 

NUBES

Aún conservan su nada por decir
esas certeras nubes
cosechadas en su tocata y fuga,

deshilándose.

Navegantes
erráticas sobre tantos olvidos,
aéreos transeúntes,
no se sabe si encima
o junto a la tarde triste,
sobre el charco
sazonan
sus arrambladas nieblas.

 

COMPAÑÍA

El inhóspito azul
Fábulas
insomnes, desvenadas
escayolas y mármoles baratos,
acompañan. 

Y en ese vaciado de figuras,
inquietantes buriles pensativos
minuciosos socavan.

 

 

SURF

Los vi desde las alagas
oscuras, asomado
al cielo invertido y su balcón de sombras,
con mi ojo amarillo y sus bueyes
varados,
tatuado de agua.

En su noche de arena
bajo la espuma
y rizada sinestesia de las olas
bucles
de aire sobre la atarazana,
con ellos,
sin amuras.

Rara luz de Langre,
Diminutas
sombras fugitivas, encima del fervor de las olas
bailan empresas,
se alzan,

o bajo rompientes
ruedan.

Rafael Morales Barba

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *