La comunicación es la base de toda relación e interacción; por lo tanto, cualquier decisión, mensaje y actuación que asumimos se minimiza o magnifica según cómo comunicamos, a quién, dónde o por qué lo hacemos. Todo se resume en este concepto: comunicación.

Desde el punto de vista científico y pragmático la comunicación se ha convertido en un arma de enorme poder para quien sabe administrarla de forma sabia y con pericia.

Y esa guerra le ha costado la derrota a Donald Trump y su equipo de estrategas (si alguno del mismo ha sabido hacer valer su opinión ante un personaje con un ego elefantiásico y que centra el ejercicio del poder bajo su ‘hiperliderazgo’) que intentaron crear un relato por encima de unas circunstancias sociales muy determinadas por la Covid-19, frenazo a la economía, subidas del desempleo y una fractura de la sociedad americana en su punto más álgido desde hace décadas.

El “Make America Great Again” rescatado de la era Reagan tuvo su aceptación entre buena parte del pueblo americano en una coyuntura muy concreta, hace un lustro, con una mayor tasa de paro en años, jóvenes de la América profunda con unas expectativas que les prometía el magnate Trump, sectores conservadores con enormes intereses geopolíticos y colectivos antiinmigración.

Era el trueno que desencadenó la tormenta perfecta cuando todo apuntaba a Hillary Clinton como inquilina de un Despacho Oval de infausto recuerdo para la candidata demócrata. Entonces también fallaron las encuestas y, como no, la comunicación.

El gran error que ha cometido Trump en esta carrera electoral, azuzado por su círculo más cercano, ha sido pensar que sus posibilidades de reelección pasaban por mantener los apoyos de 2016 y no tanto en llegar a nuevos votantes para asegurar, o al menos pelear, los swing states.

En base a los estudios de la psicología cognitiva desarrollados por Lakoff, Trump supo jugar la baza del marco del padre protector, el hombre de la casa que vela por todos sus conciudadanos y aspira a que el sueño americano pueda ser alcanzable. Eran los valores que en su día supieron arrogarse en el Partido Republicano, los interiorizaron, los explotaron, pero DJT murió políticamente con sus estrambóticas formas de transmitirlas.

Trump nI ha hecho ni cree en la comunicación política, sino que ciñe el grueso de su mensaje al marketing electoral; a proyectar un liderazgo unipersonal y carismático que intenta escribir la realidad a su manera. Su guerra diaria contra lo que él consideraba y sentenciaba como fake news. Y en Twitter encontró ese púlpito.

En el otro lado del cuadrilátero, un político curtido en mil batallas, profundamente conocedor del establishment y los entresijos de Washington; que delegó y confió su estrategia de comunicación en grandes gurús del Partido Demócrata americano y think tanks con auténticos expertos.

Todo el mensaje de la candidatura demócrata estaba basado en trasladar ideas, proyectos, reconstrucción, voluntad de cambio, y ellos sí supieron incrustar el relato en la carrera electoral frente al mensaje de la confrontación y la crispación, y lo hicieron siempre con la palabra clave: plan. La candidatura demócrata expuso siempre un plan -y digo candidatura demócrata porque en el equipo de Biden, su aspirante a Vicepresidenta tenía un coprotagonismo en la construcción del mensaje- y en positivo: construir una América mejor que nunca.

La victoria se decantó por quien supo jugar mejor la baza de la comunicación política y su influencia. Pese a los usuales problemas de recuento de papeletas, Biden se mostró cauto y transmitió seguridad en el sistema, mientras Trump no paraba de menospreciar la democracia de su propio país.

¡Confrontación no es comunicación!

Finalmente ganó Biden, pero perdió la comunicación política en el país que más expertos universitarios, profesionales curtidos en mil campañas y asesores reputados ha dado a la comunicación, lo que seguramente provocará un nuevo cambio en las tendencias de dircoms y estrategas de campañas.

Si la comunicación política no funciona, si la comunicación toma un papel secundario, las ideas no se exponen ni se ven. Y en comunicación, aquello que no se ve no existe.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *