Agachó la cabeza a petición de su superior, y obedeció porque sabía que no le quedaba otro remedio, ya lo había intentado todo si éxito. Prefirió mucho más esta incómoda postura a la de la última vez, en la que tuvo que estar con los ojos fuertemente vendados mientras a su alrededor intuía un movimiento que delataba malas acciones. Se mantuvo estática durante el tiempo que pudo soportar la tensión en el cuello ante semejante postura. Esperó con cautela antes de atreverse a levantar la mirada; con todos los sentidos alerta no pudo controlar el miedo que tenía metido en el cuerpo. Sin elevar la cabeza, movió lentamente los ojos para observar lo que enmarcaba la amplitud de su mirada, y ante la enorme quietud del ambiente, intentó respirar con tranquilidad para coger fuerzas antes de incorporarse.

Los fuertes latidos de su corazón al ver que cuarenta ojos la miraban estudiando su comportamiento, despejaron sus vanas fosas nasales. Comenzaron a hacer las pruebas pertinentes, primero manteniendo el silencio, y luego acercándose a gritos bombardeando a preguntas que jamás hubiera sabido contestar. Con la mirada perdida se creyó en otro mundo y sin fuerzas para su propia defensa comenzó a decir a todo que sí cada vez más suavemente.  Intentaron estimularla de varias maneras, necesitaban otro tipo de respuestas para conseguir la preciada sustancia que salvaría muchas vidas, y que esperaban con la ansiedad del dinero fácil.  Sus últimos estudios habían concluido con acierto al calcular las proporciones de cuerpo y alma bajo la presión de lo desconocido. No sabían por qué la práctica después de varios intentos no estaba funcionando.

Quizá el calor de la estancia había trastocado todas las conjeturas. Con el paso del tiempo era difícil mantener una temperatura constante, que además se debía ajustar a la fórmula estudiada en combinación con la de su psique. También cabía la posibilidad de que el golpe que se había dado en la cabeza cuando no quiso obedecer, cambiara la relación entre los componentes que ya estaban estudiados y medidos previamente. Cualquier modificación por pequeña que fuera podía llevar la investigación al garete.

Eran tan fríos y calculadores que no se dieron cuenta de que el miedo es una emoción que si se controla va perdiendo fuerza. Lo que en un principio es desagradable e incomprensible, va formando, si querer, poco a poco parte de la vida y de las costumbres. La adrenalina va mermando su dosis ante el mismo estímulo, y a cada momento las proporciones son desiguales. Cualquier estudio que juegue con estas sensaciones se llenará de imprecisiones, y la cantidad de ingredientes que deben compensar para un único resultado será tan variada como imposible.

Volverán a intentarlo, y para dar una vuelta de tuerca más en la práctica de sus artificios, le quitarán la música.

(Era lo único que había pedido).

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