La obra de Raimon Pannikar es un caudaloso torrente espiritual, desbordante, de tal magnitud que su ímpetu sostenido es imposible de calibrar en sus justos términos.

La obra de Raimon Pannikar es un caudaloso torrente espiritual, desbordante, de tal magnitud que su ímpetu sostenido es prácticamente imposible no ya de abarcar sino incluso de calibrar en sus justos términos. Cuando Herder emprendió la tarea monumental de publicar en español las Obras completas de este singular pensador, un inmenso legado intelectual escrito en seis lenguas europeas, en doce tomos, siguiendo la edición previa en italiano bajo la coordinación de Milena Carrara, me puse con el primero, dividido a su vez en dos volúmenes, dedicados respectivamente a la mística como plenitud de vida y a la espiritualidad como camino para alcanzarla. Y ahí me quedé, de momento, fatigando, como diría Borges, su diálogo fecundo entre culturas y religiones, entre lo teológico y lo filosófico.

Fragmenta, que ha llevado a cabo la hercúlea labor de editar esta obra entera en catalán, entresaca ahora una sola de sus felices ideaciones, correspondiente, supongo, en virtud del índice, al tomo octavo de Herder en torno a la visión trinitaria y cosmoteándrica del mundo, desde la convicción de Pannikar de que «no es la Tierra la que necesita sanación», como postula lo que designa como «ecología profunda», muy al contrario «somos nosotros los enfermos, necesitamos ecosofía», término clave en el que se centra el libro que nos ocupa. La fijación de este concepto dentro de la cosmovisión del sabio indobarcelonés corre a cargo del filósofo Jordi Pigem, que ha publicado en el mismo sello Ángeles o robots.

Ecosofía. Raimon Pannikar. Fragmenta. Precio: 11,50 €.
Ecosofía. Raimon Pannikar.
Fragmenta. Precio: 11,50 €.

 

Desde un panteísmo animista, pues no es sino «una nueva palabra para una sabiduría muy antigua», y de hecho se remonta a los presocráticos, al anima mundi o psique del cosmos de Platón o Plotino, a La lamentación de la naturaleza del monje cisterciense Alain de Lille, conocido como Alanus de Insulis, y sobre todo a sus adorados Vedas, su noción de ecosofía —también usada, si bien con un sentido diferente, por los filósofos Arne Nᴂss y Félix Guattari—, acuñada en los años setenta, supone una nueva conciencia que va más allá, no como mero apéndice, de la ecología, a su juicio mera prolongación del status quo mediante la teoría del desarrollo sostenible, ya que, integrándola, no corrigiéndola ni aumentándola, la excede, al plantear «un cambio radical de percepción tanto del hombre como de la Tierra», según Pannikar ser vivo, base primordial, hogar, «uno de los tres elementos constitutivos de la realidad [de la mencionada cosmoteándrica], junto con lo humano y lo divino».  

Se necesita, eso sí, para acceder a esta creencia, en la estela de San Bernardo de Claraval para quien los bosques y las piedras nos enseñan lo que no se puede oír por boca de los maestros, un camino purificador que pasa por «contemplación, silencio, paseos…», como vía para comprender la naturaleza al margen de las insuficientes categorías taxonómicas de las ciencias naturales, mediante el amor y gracias al arte de tratarla en forma simbiótica, esto es, hacia la ecosofía, «espacio abierto a alternativas, siempre provisionales». De tal modo que logremos emanciparnos del tecnocentrismo al que servimos, tarea liberadora de nuestro tiempo, una conversión que nos permita una metanoia completa, la metamorfosis del pensamiento que «implica repensarnos conjuntamente a nosotros mismos y a la naturaleza», no en vano «compartimos el mismo destino».  

El libro parte de una breve entrevista que Pigem realizó a Pannikar durante 2005, en su retiro de la montaraz Cerdaña, Tavertet, donde murió un lustro después. Al interrogarlo sobre «el estado actual» de la Tierra sostiene el pensador que «a la Tierra no podemos matarla. En la lucha contra la Tierra el hombre perderá», para concluir que pese al cordón umbilical que nos liga, estamos maltratando con saña al planeta. Estima que la ecología en su búsqueda de medidas paliativas «opera dentro de los parámetros de la cosmovisión dominante. Es más de lo mismo, pero con guantes y una sonrisa», no deja de ser una defensa de la explotación, eso sí, más racional.

El cuerpo del volumen lo conforman dos artículos y una conferencia que giran sobre el asunto de la ecosofía. Se parte del reconocimiento de la crisis cultural de nuestra civilización tras el desvanecimiento paulatino, si no desaparición, del mundo de los Dioses, unido ancestralmente al sacrificio, la humildad y la devoción; del mundo del Hombre, unido a la gramática y la retórica; y del mundo de la naturaleza, unido a la astronomía, la música o la aritmética. Pannikar considera que los tres han sido aniquilados por un cuarto, artificial, al que tilda de la Megamáquina. Ante esta realidad, la crisis ecológica sería una oportunidad, una especie de revelación, a la teofonía de la antigüedad y la antropofanía ilustrada opone una cosmofonía: «El cosmos, hasta ahora silencioso, toma la palabra y grita pidiendo auxilio». Su tesis es que ni reformas ni revoluciones del sistema servirán como salvación, es imprescindible una transformación profunda de dimensión religiosa, metafísica, una nueva visión global que entreteja lo humano, lo divino y lo cósmico, de índole mística, a la que denomina, como decíamos, «cosmoteándrica». En esta indagación lo acompaña desde el ajustado prólogo, partiendo de la teoría Gaia, su discípulo Pigem. 

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