20 vatios Azul pálido.	 José Malvís. Olifante. Precio: 15 €.
20 vatios Azul pálido. José Malvís.
Olifante. Precio: 15 €.

La lógica padece en el discurso de los locos y en algunos poemas, ciertos cuadros, algunas relaciones amorosas.

La palabra a veces se desentiende de la lógica para más y mejor decir, por expresarlo de otra forma.

Se distiende, desencaja sus vértebras, abrocha ojales impensados: se lanza a pretender lo que parecen imposibles racionales, al menos hasta cierto momento, cosas que no pueden ser y sin embargo suceden, como «magia en el verso de un poema». Durante mucho tiempo, el mayor ejemplo de ello fue algo que le estaba vedado a la humanidad: volar. Más adelante le tomaría el relevo la conquista del espacio por el hombre.

Sobre esos mimbres estructura el vallisoletano, residente en Zaragoza, José Malvís (1978) su último libro de poemas. Después del comprometido poemario de guerra «Todos los días son lunes en Diwaniyah», el tercero de los suyos, siempre marcados por la búsqueda de nuevos caminos expresivos, 20 vatios azul pálido supone, de alguna manera, un libro más maduro en el sentido de que responde a una estudiada estructura compositiva y a estar enteramente desarrollado a partir de una idea: la del hombre como viajero de su propia vida a través del espacio-tiempo.

«Imagina que conoces los corazones rotos del mundo / y los entiendes», nos dice este libro que aspira casi en su inicio a recuperar ese valor acaso perdido de las palabras inaugurales de la magia como antecedente de la lírica. Pero que inmediatamente se proyecta hacia el futuro apoyándose en una metáfora estelar: los veinte vatios del título aluden a la potencia de trasmisión de las sondas espaciales Voyager, la primera de las cuales es actualmente el objeto hecho por un ser humano que se encuentra más alejado de la Tierra. El «punto azul pálido» hace referencia precisamente a una fotografía de nuestro planeta tomada en 1990 desde seis mil millones de kilómetros, en el que aparecía como «una mota de polvo suspendida en un rayo de sol», según descripción de Carl Sagan. Un pequeño escenario en la inmensidad del universo, el hogar del hombre.

Tan minúsculo y tan grande a la vez, puede verse el ser. Todo es cuestión de perspectiva y la pulsión humanista de esta colección de versos que orbitan alrededor del planeta del hombre como sondas viajeras ponen ante el espejo miserias y grandezas individuales y colectivas, sacudiendo la conciencia del lector. Conviven fracasos y decepciones personales con hitos de la humanidad, contemplados desde la conciencia de cosmonautas naufragados que saben que todas las luces cuentan, pues «son futuros en potencia» o rastros, desvíos hacia el rojo de nuestra «memoria histórica». Así, por ejemplo, aparecen poemas dedicados a la primera mujer astronauta, Valentina Tereshkova, o a la gimnasta Nadia Comâneci («Durante dieciocho segundos la perfección existió. / Tenía nombre de mujer y apellido de estrofa») junto a otros en los que se enuncia una geografía de sueños, un manifiesto para valientes o ese poema perfecto en el que se conjuga un beso antes «de que la muerte traiga su mayúsculo no» a nuestra existencia.

Poemas en prosa, reflexiones cercanas al aforismo y versos blancos son el utillaje mediante el que, no siempre siguiendo un hilo lógico, en aras de buscar una mayor expresividad, una órbita de altura, José Malvís trenza las páginas de su nuevo libro, sin olvidarse de sus referentes tanto musicales como literarios: Leonard Cohen y George Harrison entre los primeros, y Gabriela Mistral, Roque Dalton y Ángel Guinda entre los maestros de la palabra. Es la suya, como dice Mar Sancho en su prólogo, una «poesía electrificada», que aspira a una libertad feroz, «sin doble moral ni vergüenza», salvaje de raíz: «ven desnuda» —escribe, pensamos, dirigiéndose a la poesía— o si no no vengas».

 

NADIA COMÂNECI
(Un diez que es un once)

Durante dieciocho segundos la perfección existió.
Tenía nombre de mujer y apellido de estrofa.

Ahora que los golpes sacuden la mejilla del trabajador, la política, la justicia que se esfuma cuando tocan tu plato de comida y sus ingredientes extra, ahora que la lucha parece imposible y lo posible del fuego nos consume lentamente…

Ahora es cuando deberíamos recordar cómo volaba perfecta y en equilibrio, proporcional en sus giros, la poesía de diez que no puede acontecer y sin embargo
sucedió.

Me gustaría ser capaz de tocar las estrellas con los labios apuntar muy alto sin que importe el precipicio y doblar con la mirada cada uno de los “no puedo” y sus amenazas yermas.

Por eso es tan importante Nadia.
Por eso la esperanza a veces tiene catorce años,
todo en contra
y demuestra que es la luz salvaje y más pura
la que puede descolgar esas estrellas que yo quiero —y hacia las que tiendo—, para besar durante milésimas la esencia que desmorona tanto y tanto hueco, cárcava, agujero.

Una niña.
Mucho más que un diez
si sabemos robar el barro
a ojos impertérritos.

 

LA TIERRA, 1990

El 14 de febrero de 1990, Carl Sagan coordinó y materializó
una de las fotografías más impactantes de la Historia Universal.

No sé qué significa tomar varios minutos
en intentar averiguar la edad
que figura en el DNI.

No sé qué significa ni lo quiero saber.
Sólo tengo presente
cristalino como «El Beso» de Gustav Klimt
el punto azul pálido que fotografió la Voyager I.

Solitaria e invisible sonda
veloz cruzando el firmamento
cuando todavía éramos críos.

Más de 6000 millones de kilómetros
nos distanciaban.

Y sí:
la misma, misma, misma
fragilidad.

 

 1 0 0 1

Hay un Jose para cada ocasión. Para cada esquina, hotel o bar.

Un Jose que se desliza por la plancha metálica de un tobogán y otro que lo hace por la alcantarilla.

Uno que te mira serio al hablarte de sus cuentos
y otro que sonríe tímido cuando le acaricias a escondidas la cintura en la parte que no se ve de la fotografía.

Existe un Jose que es cantante, buena persona y cosmonauta.

Otro que se entretiene con sudokus de personas malas.

Un Jose que arregla tuberías mientras otro las rompe.

Uno que está casado y otro divorciado.

Un Jose que escribe poesía y otro prosa.

Hay…
muchos Joses
aunque en este folio concreto
hay uno que te reconstruye
para que no te rompas, pudras o pierdas
en el taconeo insípido
de las mil y una noches.

 

ASTROBLEMA

Def. Astroblema: Depresión que deja el impacto de un meteorito en la superficie de un cuerpo planetario.

Las cicatrices son para piratas, clepsidras de Júpiter
y grietas que de tanta lata alojamos [dentro].

Porque…. sucede que la belleza cabe en el cosido de la carne en curvas que desafían memoria y madres que jamás murieron.

Y entonces es entonces sin impactos ni oquedades
sólo con miles de meteoritos orbitando como si fueran cuerpos felizmente desgastados.

José Malvís

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