Del 21 al 29 de noviembre de 2019, en el Palacio de la Prensa madrileño, la XIII muestra del cine brasileño más representativo.

La intensidad es sólo la confirmación del éxito de anteriores ediciones. En la XIII muestra de cine brasileño las proyecciones prosiguen y, con ellas, un número considerable de premios internacionales.

Como todo lo que se confirma con el tiempo, también en el caso del nuevo cine brasileño tuvo su origen; esa semilla que, la mayor parte de las veces, tiene que sobreponerse a tierras demasiado áridas para fructificar en sembrados de largo aliento. Entre las décadas de los cincuenta y los sesenta del pasado siglo surgieron en Brasil varios directores de cine (Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos, Rui Guerra, Carlos Diegues, Joaquín Pedro de Andrade, León de Andrade, León Hirszman, Gustavo Dahl, Paulo César Saraceni y Walter Lima Júnior; este último llegó después) vieron el momento propicio para luchar contra la realidad reinventándola, mostrando una nueva realidad a partir de la denuncia de la realidad existente, nada halagüeña, dejando sitio a las clases más desfavorecidas, empezando por las favelas y la pobreza; aquellas clases invisibles para el entramado social y para la cultura al uso. En su espíritu y, lo más importante, su intención, no estaba renovar el mundo del cine brasileño, que ya tenía una tradición desde la invención del cinematógrafo, sino crear uno nuevo, forjar nuevas miradas, nuevas perspectivas sobre un concepto nada baladí que se enquistaba en astracanadas y humores baldíos que no hacían sino reforzar una estructura que sólo favorecía a “los más favorecidos”. Su movimiento tuvo que luchar contra imponderables, a pesar de la luz que otorgaba a lo ya conocido, y ponderables como una dictadura que duraría más de veinte años, muchos de ellos de una represión sin ambages que, sin embargo, no destruyó el ánimo ni las ganas de progresar en la decisión correcta.

 

El pasado, si todo deviene como debe, es un refuerzo para el futuro cuando la memoria hace sus deberes y la sociedad es proclive al cambio. De modo que algunos años más tarde, en pleno siglo XXI, de aquella suerte surgió un nuevo condimento para la cinematografía brasileña y los herederos de aquella iniciativa, sin perder el espíritu iniciático, han sido capaces de crear una nueva estructura en la que el cine brasileño, a fuer de la denuncia de las causas que siguen siendo justas, a partir de la cual dar conformidad a una nueva realidad que, además de presente, avanzan en la configuración de un futuro más justo y feliz para un país que se supera y se proyecta al mundo.

El futuro ya es un presente y la muestra del Novocine brasileño es una prueba de ello; quizá la mejor de las posibles. La necesidad de traspasar las fronteras del país donde se dirimen las cuestiones de la cultura con un aliento renovado es la más clara explicación de los anhelos que durante tantos años se han perseguido, por los que se han  luchado.

Entre el día 21 y el 30 de noviembre del año 2019, éste que nos acoge en su crepúsculo con más incertidumbres de las debidas, se celebra en el Palacio de la Prensa madrileño, la muestra XIII del cine brasileño actual y de futuro. Muchas de las películas que se proyectarán (en versión original con subtítulos) han obtenido premios internacionales de prestigio; todas demuestran el impulso de un cine que, en este caso, es el adalid de un proyecto cultural mucho más amplio de un país cuyo marchamo se extiende a la literatura, el arte, la arquitectura, el turismo, la tradición, la gastronomía, el ocio y, por encima de todo, el humanismo del que tan huérfanos nos estamos quedando.

 

Películas del calado social e intelectual de 10 segundos para vencer (José Alvarenga Jr.), Tito e os pássaros (Gabriel Bitar), Sócrates (Alex Morato), Fala sério, Mãe! (Pedro Vasconcelos), Ferrugem (Aly Muritiba), Todas as canções de amor (Joana Mariani), O trampo (Carlos Bereza), Fevereiros (Marcio Debelian) y Pitanga (Beto Bran y la estrella del cine brasileño, Camila Pitanga, hija del homenajeado en la cinta), harán las delicias de un público que, además, no tendrá que pagar la entrada.

Sé que esta muestra será un soporte y un aliciente para otras muchas manifestaciones de la cultura brasileña allende sus fronteras y Epicuro, desde su perspectiva humanista fundacional, estará atenta para dejar constancia de ello. Si la cultura es placer, el cine también y, recordad, Epicuro es la revista de los grandes placeres.

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