Vivimos en una sociedad en la que impera el corto plazo, la respuesta inmediata a nuestros deseos, que muchas veces nos deja insatisfechos.

Pero no debemos olvidar la planificación a largo plazo: objetivos y metas a conseguir y la motivación necesaria para realizar ese recorrido.

Vivimos hoy en una sociedad en la que impera el corto plazo: respuestas inmediatas en redes sociales o el síndrome FOMO  (Fear of missing out), temor a perderse algo, políticos que no piensan más allá de las próximas elecciones (síndrome del escaño), noticias en tiempo real (live news), exceso de información online que está generando el efecto INFOXICACIÓN para la toma de decisiones, pedidos con entrega inmediata, es el denominado efecto DELIVERY (pagar y llevar).

Pero no podemos olvidarnos del largo plazo, de estructurar nuestro futuro, de fijar en el horizonte temporal el punto al que queremos dirigirnos, es el efecto PLANIFICACIÓN.

El cortoplacismo en el que nos hemos instalado, es una explosión de deseos hambrientos de rápida satisfacción, en muchos casos alimentados con comida rápida que deja insatisfecha la necesidad que subyace a ese deseo que quizás solo puede saciarse a largo plazo, con una planificación, unos objetivos y metas a conseguir y la motivación necesaria para realizar ese recorrido.

Abusar de la comida rápida puede llevarnos a desarrollar hábitos que luego es difícil dejar, como falta de planificación financiera que puede llevarnos a una descapitalización, círculos de amistades tóxicas de los que luego es difícil salir, nivel bajo de exigencia contigo mismo y con los demás. De la misma forma un exceso de planificación puede producir una parálisis que no te deja moverte: exceso de ahorro, exigencia elevada en la selección de amistades, altos estándares en resultados alejados de la realidad. Por eso, como siempre digo, la virtud está en el término medio.

Por tanto, hemos de integrar planificación  y plan de acción de manera que podamos combinar pasado, presente y futuro: pasado como experiencia, presente para actuar y futuro para orientar esas acciones.

Planificar es introducir un destino alcanzable en tu GPS y el plan de acción es el camino a seguir, es poner en marcha el reloj.

Está claro que necesitamos un reloj con GPS.

Decía Peter Drucker: “la planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras sino en el futuro de las decisiones presentes”

Concienciarnos y tomar decisiones hoy que van a tener sus consecuencias a largo plazo, no es fácil porque vivimos el día al día, y no estoy en contra de ello. La felicidad está en el presente y no en un exceso de planificación que puede hacerte no vivir el momento actual; pero tienes que marcar un rumbo, una dirección, si no puedes terminar perdido y desorientado.

Toda estrategia requiere de una táctica que se desarrolla día a día, pero sobre la base de servir a un fin mayor y no ser un fin en sí mismo, porque en este caso, si algo falla, si algo cambia, te costará mucho más reaccionar y buscar alternativas.

Planificar tiene muchos beneficios:

  1. Nos lleva a hacer un análisis sobre nosotros mismos, nuestras circunstancias y medios disponibles.
  2. Permite conocernos mejor.
  3. Adquirir un compromiso con nosotros mismos a través de la fijación de objetivos realistas que serán la base de nuestra motivación.
  4. Fomenta disponer de una visión más amplia.
  5. Nos aporta seguridad porque vivimos nuestra propia estrategia y no la de otros.
  6. Permite evaluarnos y comparar los resultados con el objetivo marcado, corrigiendo errores y replantear de nuevo la planificación si fuese necesario.
  7. A ser proactivos y nos estar a merced de las circunstancias.

A nivel empresa sucede algo parecido:

Planificación financiera, estratégica, comercial, plan de carrera, plan de formación, presupuestos, business plan, visión, misión. En la empresa todo es planificación.

La planificación empresarial consiste en definir QUÉ se quiere lograr (los objetivos), CÓMO se piensa conseguir (el plan), CUÁNDO (el plazo), y QUIÉN (los responsables). Es por tanto el diseño del futuro de la empresa, compuesto de etapas y responsables al frente para llevarlas a cabo.,

De esta manera estamos fijando un rumbo, una guía que es la base del comportamiento empresarial, permitiendo contrastar resultados, analizar las desviaciones y aplicar las medidas correctoras que nos lleven a la consecución de los objetivos propuestos e incluso a modificarlos.

Pero lo mismo que sucede con la planificación personal, si los directivos al frente de la empresa se centran sólo en el corto plazo, quizás en muchas ocasiones  anteponiendo sus intereses personales y en otras por pura ignorancia, se pueden aplicar políticas equivocadas, como escasa inversión, persiguiendo  resultados inmediatos y olvidándose de fortalecer los activos y los recursos propios que garanticen la continuidad de la empresa, quemar equipos humanos bajo la tiranía  cortoplacista del cumplimiento de objetivos a cualquier precio, excesiva rigidez en negociaciones que pueden producir la ruptura de relaciones con colaboradores  necesarios para la estrategia de la empresa, alianzas y pactos que pueden desviar a la empresa del rumbo fijado, entrada en mercados que están lejos de la cultura corporativa…El compromiso y la identificación con la cultura corporativa de los directivos es clave para desarrollar la estrategia.

Podríamos decir que la planificación empresarial consta de:

  1. Desarrollo de la estrategia y fijación de los objetivos alcanzables y realistas.
  2. Hacer un DAFO, analizar la situación en la que se encuentra la empresa, las fortalezas con las que cuenta y sus puntos de mejora.
  3. Definir el plan de acción para alcanzar los objetivos
  4. Evaluación de resultados, análisis de las desviaciones y sus causas y aplicación de medidas correctoras
  5. Reformular la estrategia, si fuera necesario.

Y como sucede en la planificación personal, este proceso aporta entre otras ventajas:

Un plan no es nada, pero la planificación lo es todo.
(Dwight D. Eisenhower)

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