Pelea como una chica Sandra Sabatés
Pelea como una chica. Sandra Sabatés.
Editorial Planeta. Precio: 19,95 euros

¡Mujer! ¡Mujer! ¡Mujer! Palabra tantas veces repetida y, sin embargo, muy pocas escuchada como es debido. Tuvieron que pasar siglos para que, ya avanzado el primer cuarto del XXI, suenen otras palabras, como libertad, igualdad, derecho a elegir y a conquistar los mismos derechos que los hombres. Porque es triste y elocuente que todavía hoy se hable de una conquista, en lugar de una realidad contrastada y efectiva en todos los órdenes de la vida íntima, social y laboral. Triste más, si cabe, pues en este 2018, que apura los días que, como la replicante de Rosa Montero, apura los días para su defunción (el calendario es impío), con la comparecencia y el apoyo de muchos hombres, se ha oído mucho más alto el grito de la lucha pacífica para volver a poner sobre la mesa reivindicaciones que parecen ya viejas y obtener, de una vez por todas, lo que se les ha negado a las mujeres históricamente. Triste por eso, porque aún se hable de conquista. El grito, en ocasiones, es desgarrador y alcanza a todos los ámbitos; por más que a veces lleve a excesos, superables no bien se alcance la deseada normalidad donde las reivindicaciones competan a hombres y mujeres por igual. Espero que no haya que esperar tanto para que esa situación se produzca.

Pero hubo otros gritos antes que este grito. Gritos quizá más desgarrados y feroces, en muy difíciles circunstancias, con la sombra alargada de las guerras donde se mataban los hombres y morían o eran violadas las mujeres, la tradición y la costumbre (dañina como un velo de reclinatorio y amparada por las “fuerzas vivas” de la historia), inquisición rediviva que resurge con ánimo combativo, teñidos de sangre y desconsuelo; la que no es bruja es puta, o las dos cosas. El derecho de pernada; desde antes de Calígula hasta reyes no muy lejanos. La desfachatez de la historia es un caballo desbocado. También había prostitutas que merecían atención y respeto, y trata de mujeres y violencia. La violencia de género no es una rémora del siglo anterior, sino de mucho antes, aunque antes la lógica era poco razonable y quizá aún lo es.

Hubo otros gritos, por supuesto, y entre ellos el de mujeres ejemplares en todos órdenes de la vida que lucharon porque el papel de las mujeres en la sociedad, ya que en la historia lo tenían, aunque perteneciera al olvido, no fuera secundario sino de primer orden, de acuerdo a sus capacidades. Muchas mujeres que, sobre todo hacia finales del siglo XIX y todo el XX hicieron de su propia vida, su dedicación, sus relaciones amorosas, sus ideas, sus incertidumbres y miedos, una causa que mejorase su propia condición y la de todas las mujeres contemporáneas y futuras. En algunos casos consiguieron cotas inimaginables entonces; en otros su obra tuvo menos alcance, pero todas dejaron una huella imborrable que se enarbola siempre que se necesitan argumentos consistentes para una brega que no necesita argumentos porque ella misma es el argumento prioritario.

Una mujer de nuestro tiempo, joven y madura con buena imagen, autora mediática, comprometida con la causa de la mujer y que, además, sabe combinar sin aspavientos la situación actual de la mujer y la que hubo en tiempos pasados, la mujer como telón de fondo, son elementos que se conjugan muy bien para que, además del éxito promocional que se adivina, entren ganas de abrir este libro: “Pelea como una chica”, título oportuno, donde las voces de las protagonistas (es mejor disfrutarlas y aprender de ellas, no citarlas a todas) se confunden, irremediablemente, con la de la propia autora y la de todas las mujeres que luchan, desde distintas perspectivas, por lo mismo: normalidad, lo que debe ser.

El libro está ilustrado por Ana Juan. Retratos serios, concisos, libres de aditamentos, descriptivos y con un punto sombrío. Como la propia vida. La conquista, ya lo he dicho.

(He renunciado, conscientemente, a la palabra “feminismo”, ya que esta es una lucha de todos y la conquista será de todos).

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