Me llamo Judit, bueno, para ser sincera, me llaman, porqué así lo decidió mi madre cuando ya me tenía en brazos.

Era una mañana muy fría de un 15 de enero; de eso hace ya 28 años.

Mi residencia está en Barcelona, pero vivir, creo hacerlo en un mundo paralelo donde los unicornios existen y los sueños siempre acaban haciéndose realidad.

Me cuesta bastante describirme; de hecho, tengo que confesar que cuando me preguntan cuál es mi mayor defecto siempre suelo contestar lo mismo: soy un desastre con dos piernas. Dos piernas que no tienen rumbo fijo, que se dejan llevar, que les encanta cometer locuras y disfrutar de ellas. Y mi mayor virtud, ser consciente de todo eso.

Tengo bastantes adicciones, pero todas ellas son muy comprensibles.

Viajar, ¿Y quién no? Creo que esta la compartimos el 98% de la humanidad.

Los atardeceres, no hay nada que me genere más paz que eso, exceptuando cómo no, una buena tarde de sofá y manta con una bolsa de golosinas y buena compañía.

Los creps de Nutella no podría olvidarme de ellos, os prometo que me casaría con su creador, jamás podré agradecerle todo lo que sin saber ha hecho por mí.

Reír, mucho, muy alto y por todo. Desde aquí aprovecho para pedir perdón a toda esa gente que por culpa de mi risa han pasado vergüenza en más de una ocasión. Como ya os he dicho antes, en el mundo en el que vivo está permitido hacer lo que uno siente en cada momento, sin importar el lugar o la compañía.

Bailar todo tipo de música, destacando el funky hip hop. Hace unos años bailé durante un tiempo para el FC Barcelona de Baloncesto. La música a todo volumen, un pantalón de deporte, un top, unas buenas deportivas y que se acabe el mundo si quiere.

Los libros, si yo fuera Bella también acabaría enamorándome de la Bestia. El día que encuentre una librería de semejante tamaño creo que me encadenaré y me tragaré la llave para que nadie nunca pueda sacarme de allí.

Recuerdo el primer libro que leí por decisión propia. Otro de mis defectos es que no soporto que me digan lo que tengo que hacer, cuándo y cómo. Por eso los libros que nos obligaban a leer en el colegio no cuentan.

«El niño con el pijama de rayas», no me separaba de él nunca. Mis amigas nos odiaban, éramos como una pareja, inseparables.

A día de hoy, sigo visualizándome en el parque leyendo mientras ellas se contaban qué tipo de peinado había llevado ese día su ligue al instituto.

Después vinieron muchísimos más, con unos me enamoré, sin tener que salir de la habitación. Otros me hicieron llorar y odiar la vida con muchísimas fuerzas. He llegado a sentir el dolor de la protagonista y he celebrado sus alegrías. He aprendido de ellos, tanto, tanto, hasta el punto de que me han hecho creer que el límite siempre estará en nosotros mismos. Yo a veces flipo, pero de verdad que todo lo que queramos lo podemos conseguir, que ningún sueño es demasiado grande y ningún soñador demasiado pequeño.

Mirarme a mí, quién me ha visto y quién me cree. Aquí estoy desnudándome delante de gente que ni siquiera sabía de mi existencia y contando pequeñas pinceladas de 28 años llenos de caos y amor.

Y todo esto porqué uno de mis sueños es ser escritora y me encantaría que vosotros fuerais testigos de este camino, que aunque no vaya a ser fácil; sé a un 100% que va a ser la mejor lucha de mi vida. Trabajar por y para los libros no es trabajar, a eso le llamo yo hacer lo que te gusta y que encima te paguen, un chollo vaya. Una forma de vivir, sentir y crecer.

Para terminar, voy a decir algo que muy poca gente sabe, así me podéis llegar a entender mejor. Seguro que algunos más que otros y nunca todos por igual. En la variedad está el gusto, así que tampoco me importa. Soy tan horriblemente patética a la hora de hablar de mis sentimientos que lo único que ha conseguido vaciarme siempre ha sido leer. Leer y escribir. Y que me leáis, me entendáis y aunque sea en alguna parte de cualquier fragmento, que os sintáis identificados, y si algo de lo que expreso os puede ayudar mejor que mejor. Feliz semana.

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