Cuando estamos viviendo -por mi parte cada vez con mayor perplejidad- el imperio creciente de tantos banales best seller, es reconfortante encontrar, al menos en el mundo del cuento literario, ejemplos del cultivo de la riqueza léxica y la complejidad estructural y dramática, características, después de tantos siglos, de la verdadera literatura. Como ejemplo, hablaré hoy de dos libros para lectores expertos, que podrían adscribirse, en lo estético, a una cierta “tradición faulkneriana”.

La vida sumergida, de Pilar Adón
La vida sumergida, de Pilar Adón.
Ed: Galaxia Gutemberg, 2017

El primero es La vida sumergida, de Pilar Adón – Madrid, 1971- (Galaxia Gutemberg, 2017). Autora ya acreditada por sus anteriores novelas y cuentos, Pilar Adón presenta en esta obra un conjunto de trece relatos caracterizados por la solidez verbal – el texto resulta un “personaje” más de los cuentos-, el cuidado y la fuerza de los escenarios –varios de ellos lejanos en nuestra panorámica geográfica-, y el tratamiento de las tramas desde una mirada en la que priman la extrañeza y cierta desazón tan objetiva como melancólica. En el conjunto, donde podemos encontrar piezas breves pero también cuentos de largo aliento, tienen importancia decisiva las relaciones familiares, aunque siempre la narración se focaliza desde una perspectiva individual cargada de sensaciones misteriosas, que nunca pierde el efecto de inmersión que señala el título, en un mundo marcado por los raros acosos y la propensión a la huida: una mujer pide a su hermana que se muera; otra está atrapada en una especie de residencia por la que circula un doble borroso; alguien vive acechado por un ser con grandes pezuñas; una muchacha proyecta un viaje liberador y frustrado con un hermano; otro personaje permanece sumido voluntariamente en la oscuridad, como una niña vive en una nube; un personaje huye desde su vida confortable a una “colonia tolstoyana” solo para pensar y leer…; hay una mujer que, en compañía de otras, intenta volar; una pareja “ensaya” su separación definitiva; una hermana intenta encontrar a su hermano en la enorme y vacía casa familiar; otra mujer encarcela en el sótano a su padre… Con poderosa intensidad expresiva, este libro construye un mundo literario muy sólido, de peculiar regusto kafkiano, que llega a suscitar reclamos sutilmente fantásticos, y donde el lector debe prestar esa satisfactoria colaboración que suele exigir el género corto.

Estado de excepción, de David Gallego Barbeyto
Estado de excepción, de David Gallego Barbeyto.
Ed: Talentura libros, 2017

Por su parte, David Gallego Barbeyto –Madrid, 1974- nos ofrece en su primer libro de relatos, Estado de excepción –Talentura libros, 2017- diez cuentos marcados por la energía léxica y la cuidadosa estructuración formal, en los que tienen mucha importancia situaciones familiares, amorosas, de dependencia, no siendo rara la deslealtad… Los escenarios no evitan la localización en tierras lejanas, como Islandia, o en Internet. Los sucesivos comportamientos nos van ofreciendo variadas situaciones: dos hombres y dos mujeres, todos secuestrados, deben elegir entre ellos una víctima para salvarse; repetidos viajes en tren de cercanías de una pareja, en compañía de un vagabundo, suscitan la consideración de los multiversos; en un peculiar el flujo de conciencia, un marido espera en su casa la llegada de la mujer; mientras un joven acaricia a su novia, frente al televisor, y entre dudas sobre una resolución que debe tomar, resurge el tiempo de su infancia; un marido es sorprendido por su mujer en compañía de una muñeca sexual; moribundo, un padre que depende de la hija recuerda a su mujer muerta; la alucinación de un joven protagonista nos permite barruntar la relación de su hermana con el padre de ambos; inmerso en una comunidad digital, un estudiante del Erasmus acomete la conquista de una joven; tras aterrizar en un lugar centroamericano, el personaje protagonista pierde a su hijo de cinco años y debe tomar una decisión cuando conoce las causas… En resumen, un conjunto de historias donde prima con fuerza la extrañeza y no es raro el sarcasmo, marcadas ante todo por la voluntad de que el desarrollo narrativo venga determinado por la estructura verbal y la sugerencia del discurso, y obligue al lector a integrarse en el relato para descifrar su sentido profundo. Como dije al principio, ambos libros, de espíritu similar, se enfrentan a esos best seller que nos agobian cada día más, como un demoledor tsunami antiliterario…

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