Teniendo en cuenta su polisemia, no es fácil elegir el significado del concepto espacio literario. Son muchas sus significaciones; esto puede explicar la insistencia en nombres de autores, experiencias artísticas, paisajes, ciudades y, sobre todo, el sentido con el que están empleados. De ahí surgen posibles repeticiones, referencias concretas, alusiones varias.

No es fácil conseguir este objetivo: hablaremos de la diacronía literaria, insistiendo en detalles temporales, aun corriendo el peligro de caer en la biografía tópica.

León fue siempre tierra de cantos y de santos, como dice el tópico. Basta recorrer con nuestra mente recuerdos del ayer lejano, que, aunque no fueran ciertos…fueron posibles. Tres ciudades, León, Astorga y Ponferrada, cada una con sus figuras, son de recuerdo casi innecesario. Referidos al espacio, habrá que recuperar zonas diversas, ciudades distintas, fronteras lejanas. Puestos a tender redes al respecto, abundan las comarcas tratadas desde la visión estética.

Pocos espacios reflejan el paisaje de forma tan fidedigna como el Romancero, El Passo Honroso de Suero de Quiñones (1434) de Pero Rodríguez de Lena. Fue el aldabonazo para el nombre de Hospital de Órbigo, que muestra así el mundo de la caballería andante, recreando bellas descripciones del río Órbigo y costumbres de los caballeros. Y, junto a esos paisajes, recuperamos otros mundos: el mundo pastoril pintado con idealismo por Jorge de Montemayor en las orillas del Esla y el mundo de la picaresca, mucho más urbano, por Francisco de Úbeda.

O la obra tan poco divulgada, Historia del valeroso caballero don Rodrigo de Peñadura, publicada por el licenciado Luis Arias de león, paisano del héroe. Publicado en 1823, es, curiosamente, una obra editada en Marsella, imitando al Quijote desde la perspectiva del mundo clásico. Por ello y por otros aspectos…es incomprensible su olvido editorial.

Pero hay que seguir el tiempo. Desde “Los quesos de Rozuela”, en el terreno leonés han florecido grandes obras. Ante su relación imposible, estas líneas se centrarán en milagros literarios. El libro de Alexandre abre esta nómina, que incluyen obras como las de Juan del Enzina y Fray Bernardino de Sahagún, este último, gigante científico y misterioso que convirtió las tierras de América en escenario histórico. En ambas obras, los personajes eran una alegoría creativa.

Pero hay otros mundos más cercanos en el tiempo. En León, la literatura de Gil y Carrasco, idealizando el paisaje, con las aireadas campiñas y los caminos de la trashumancia, fuente de romances y leyendas. Y recordando El señor de Bembibre, con inesperados personajes históricos.

En tiempos modernos, Astorga se ha convertido en espacio literario, con diversos escritores: Marcelo Macías, por ejemplo, como historiador o Ricardo Gullón, fundador de revistas en su juventud astorgana y paseando el espacio leonés por el mundo americano. Sin olvidar a Luis Alonso Luengo, maragato universal y apasionado por Hospital de Órbigo, espacio tan leonés. La relación de leoneses y su espacio literario resulta inconmensurable: Menas Alonso, autor del delicioso Vendimiario, localizado en tierras bañezanas, por las riberas del Duerna. O José María Goy, cultivador de la novela costumbrista del espacio leonés, con su novela Susarón, reflejando el pueblo de Puebla de Lillo. Y la novela de José Aragón y Escacena, Entre brumas, denunciando las delicadas circunstancias del espacio leonés de La Cabrera.

Tejados de León. Foto: Pragmart

Pero la catedral marca literariamente el ambiente urbano de la ciudad, sobre todo a partir de la obra de José González, Pulchra leonina, que recuerda la ciudad con la catedral como emblema. El templo gótico ha generado grandes obras, en prosa y en verso, con sentido simbólico y visto como paisaje metafórico. La lista de escritores sería interminable, con diversas obras que la consideran como el símbolo leonés por excelencia. Sirva de ejemplo el nombre de Victoriano Crémer y Don Antonio González de Lama.

El tiempo pasa y el espacio leonés sigue creativamente fértil. He ahí los nombres de Luis Mateo Díez y José María Merino. Abundan otros escritores con nombres representativos, como es el caso de Julio Llamazares o Juan Carlos Mestre en la poesía. O Andrés Trapiello en un género tan delicado como los diarios, con excelentes muestras de León contemplado desde Extremadura y transformado casi en alegoría. Sobran nombres, pero citemos a Pablo Escapa, refugiado en sus tierras de Madrid.

En el recuerdo no pueden quedar ausentes las múltiples citas dedicadas a los ríos de León, alegoría y metáfora en múltiples fragmentos. Pero permanece la forma de sus aguas, de formas bravías tantas veces. Sin embargo, nos alimenta el mismo espíritu. El tiempo vuela como un alazán espiritual y las generaciones corren por doquier.

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