Un mar violeta oscuro. Ayanta Barilli.
Editorial Planeta. Precio: 21,50 euros

Los biógrafos suelen ir mucho más allá de la fecha del nacimiento del biografiado. Sus antecedentes son importantes para situarlo, no sólo en un contexto determinado, sino también en una línea sucesoria que imprime un carácter determinado y una forma de actuar, aunque  veces el resultado no obedezca a ello. Cuando biógrafo y biografiado coinciden en la misma persona, ocurre, prácticamente, lo mismo, salvo que en ese caso el riesgo es mayor y el reto más difícil de llevar a buen término. Dura y perversa experiencia la de viajar al pasado en busca de la verdad; un pasado cuya mayor parte no se ha vivido, pero que deja vestigios imposibles de pasar por alto. El biógrafo necesita antecedentes; el biografiado, descubrir la verdad de sí mismo, aunque sea en palabras de otro, de ese yo interpuesto que es el biógrafo, de sí mismo, pues el escritor se transforma para escribirse. Necesita la verdad, por incómoda que sea, para deshacerse de ella o, al menos, de la opresión de su desconocimiento, a través de las palabras, propias o de otros. La auto-ficción es un recurso que ha adquirido gran popularidad entre los críticos.

En cualquier caso, la necesidad de poner los cimientos en el edificio que se va a construir, lleva a veces al escritor de sí mismo a indagar entre sombras y laberintos hasta hallar el punto que soportará su fundamento futuro. El hecho de que sean esos cimientos lo que más le importe al escritor, al biógrafo y biografiado, es la base de un compromiso que va más allá de la propia vida.

Mucho de lo que hacemos, promulgando a los cuatro vientos nuestra libertad para elegir el camino que nos apetezca, es el resultado de esa libertad, pero, en igual medida, de la voluntad silenciada de los que nos antecedieron, aunque no los hayamos conocido.

Ayanta Barilli, actriz, periodista e imagen agraciada de la divulgación cultural, es valiente en la configuración de los cimientos de ésta su primera novela (Finalista del Premio Planeta 2018) y lo es cuando a medida que van pasando los capítulos va asomando la verdad, indulgente  a veces, escabrosa otras, dolorosa, pero siempre contundente y clarificadora. Y lo es cuando esa verdad oculta, olvidada por sus testigos, llega a su propia vida e impacta de lleno en la diana de sus emociones.

Es difícil no ponerse a escribir cuando las interrogaciones son tantas que casi no dejan sitio a las pocas garantías de que el edificio que se va a construir resista los embates de la memoria caprichosa. No es una biografía lo que pretende Ayanta Barilli; eso hubiera sido lo fácil, lo menos arriesgado. Por el contrario, la autora, nacida en Roma en 1969, se ha atrevido a destapar los secretos de varias generaciones de mujeres, cuya línea más próxima recae en ella misma. Destapar los secretos de la memoria, los recuerdos escondidos, es profundizar en el tiempo con el ánimo de condicionar su discurso a las respuestas que se demandan. La memoria pone empalizadas y, si no, son los secretos los que se muestran remisos y dolorosos para quien los descubre, peo, al mismo tiempo, alentadores, ofrecen las pistas para seguir adelante.

No es la novela de Barilli una autobiografía, ni siquiera sé si podría incluirse en la categoría de auto-ficción, tan característica de los nuevos tiempos; pero sí sé que hay mucho más de su vida de lo que ella quizá pensaba al fraguar los cimientos de su proyecto; pues, en definitiva, esos cimientos son ella misma y las peguntas que se hacía mientras ahondaba en una investigación que surgía de sus vísceras de escritora.

Esto no quiere decir que la saga de mujeres que la precedieron en su árbol genealógico sea mera comparsa de sus intenciones, piedras en el camino que haya que analizar antes de reanudar la marcha o un atajo para llegar a su destino.

Desde su bisabuela a la madre de Ayanta, las mujeres de la familia tienen varios puntos en común que las convierten en personajes literarios de alta graduación. Todas sufrieron el escarnio de su tiempo y el maltrato o menosprecio de sus parejas; de nada vale decir que eran otros tiempos, que las costumbres… Todas tuvieron que ser tratadas contra el cáncer de mama. A todas les seccionaron un pecho, lo que no impidió que siguieran adelante, resistiendo; como si fueran amazonas que se lo extirpaban para manejar mejor el arco, casi siempre contra los hombres. Guerreras en la distancia del tiempo, pero fiel reflejo de la sociedad actual. La presencia de la muerte en tales circunstancias parece fruto de una maldición o de la burla de la genética, que lleva a la autora a hacerse continuas para prevenir, quizá no evitar, el desahucio. Las emociones, cuando la muerte te echa el aliento, adquieren siempre un tono violeta oscuro.

El estilo de Ayanta Barilli es rotundo, directo y claro. Quizá tenga que perfilar algunos detalles. Es su primera novela y le auguro un gran éxito. La reivindicación y el sesgo feminista (bien entendido) no hace falta eplicarlos.

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