“Decía la leyenda, que quién encontrase las 108 piedras mágicas, sería el poseedor de toda la sabiduría del Universo. Lo visible e invisible se haría presente. Y los hombres más ciegos podrían ver a través de sus ojos”.

Así, Marquitos oía atentamente a su abuelo, que, aun siendo un viejo bastante cascarrabias, le encantaba relatar historias a su nieto, cargadas de fantasía y mitos del oriente más lejano.

Sentado en su regazo estaba, ensimismado, oyendo cómo ese anciano describía el collar que poseía esas piedras mágicas:

“De cordón dorado, trenzado por las manos de los espíritus de la naturaleza, incombustible y resistente al paso del tiempo. Las perlas que engarzaban eran 108, sacadas del fondo del mar a pleno pulmón, por el guerrero más fuerte del pueblo chino de Mar del sur. El collar fue elaborado por los monjes de una montaña llamada el Nido del Tigre, bajo el influjo de las tres lunas …”

Marquitos, estaba cada vez más sorprendido con lo que relataba su abuelo, y éste más animoso a su vez por la credulidad que el pequeño le mostraba. Se le veía la ilusión en los ojos, imaginando ese collar en sus manos.

 Como de costumbre, interrumpía a su abuelo para preguntar mil cosas:

−“Abu, ese collar del que hablas ¿Crees que podremos encontrarlo alguna vez?”

−“Marcos, pequeño. Ese collar está escondido muy muy lejos de aquí. Pero creo que tu abuela tenía uno que podría servirnos para invocar su poder.”  −decía el abuelo guiñándole un ojo al nieto.

−¡En serio, abuelo! ¿Podríamos hacer eso?

−Claro que sí, Marcos. ¿Dudas de la palabra de tu abuelo?

−No, abuelo ¡ No!

El abuelo se dirigió al joyero de su mujer, abriéndolo a escondidas, mirando con el rabillo del ojo para que no lo pillasen in fraganti. El pequeño Marquitos le hacía de cómplice, así revisaba que no apareciese la anciana por el pasillo en dirección al comedor.

Una vez hallaron la forma de regresar sin ser vistos, se dirigieron a la terraza, y escondidos entre la silla de aneja y una mesa pequeña abrieron el cofre que tenía el collar a buen recaudo.

El pequeño Marcos, lo miraba entusiasmado. El abuelo lo cogió en sus manos y dijo:

−!Espíritus de la naturaleza, os invoco! Vosotros que podéis oír nuestras alabanzas, dadnos el poder de invocar al sagrado collar de las 108 piedras.

−Abuelo ¿nos están escuchando? –preguntaba Marquitos al oído de su abuelo con una sonrisa desbordante.

−Marquitos, claro que sí. Ven, cógelo, detente tranquilo y escucha. ¿Oyes lo que el collar te dice?

−Abu, no escucho nada. ¿Qué tendría que oír?

−Marcos, detente. Escucha. Este collar tiene todos los secretos del Universo y puede darte todas las respuestas que buscas.

−Abuelo, sigo sin oír nada −decía Marcos mirando a su abuelo con ojos de incredulidad.

−Cógelo con las dos manos. Acércatelo al pecho y respira profundo. No hables, no pienses. Sólo escucha. ¿No oyes lo que tiene que decir?

−Creo que escucho algo, abuelo” –decía el infante sorprendido−. Pero no estoy muy seguro de qué puede ser. Creo que lo que escucho son los latidos de mi corazón.

−Entonces, Marquitos, cielo mío, sin duda conectaste con el collar sagrado.

−¿En mi corazón están las enseñanzas del collar? No entiendo nada −decía Marcos, un poco decepcionado.

−Marcos, no te apenes por eso. !El collar sólo habla a los más valientes! Y él se conectó con tu corazón; eso quiere decir que tienes el corazón de un león. Así que oye lo que te tenga que decir, aunque a veces sea confuso o te hable muy bajito, y siempre estarás conectado al collar sagrado.

 

“En tu corazón es dónde están las respuestas más secretas del Universo. Donde lo visible y lo invisible se hacen presentes. Y sólo desde ahí los hombres pueden ver a través de sus ojos”.

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