La ciudad de los mil ojos. Venancio Iglesias Martín
La ciudad de los mil ojos. Venancio Iglesias Martín.
Ed. El forastero. Precio: 15 euros.

No hay que esconderse cuando surge la evidencia. Venancio Iglesias (nacido en Olleros de Sabero (León) y, a más, conocido y amigo mío) publica un libro, “La ciudad de los mil ojos”, que viene avalado por el hecho de haber quedado finalista en un Planeta años atrás. No sé lo que quedará de aquella novela que no se publicó en su momento, pero si puedo deducir que la mirada por fuerza ha de ser otra. Porque, como al protagonista de la novela, Tomás, fue destinado, como al propio autor, en comisión de servicios, a Marruecos (Asesor técnico en la Embajada de España en Marruecos (Consejería de Educación); Profesor en la Universidad de Rabat; Profesor asociado en la ESSI, Ecole Superieure de Sciences de l´Information, Rabat; Profesor en la Escuela Superior del Profesorado de Rabat, etc…).

Es difícil no suponer que detrás de la peripecia del personaje, más allá de la mirada del narrador y el estilo, esté el alma del autor y, por qué no, su peripecia personal. Pues también Venancio Iglesias ha pasado por el doloroso trance de la enfermedad, de la que, por suerte, ha salido ileso de la muerte, si bien con complicaciones derivadas del ictus que habrá de superar con paciencia y voluntad: su literatura merece este esfuerzo.

Siempre hay un antes y un después, si la muerte no interrumpe el tránsito, de la enfermedad que te sitúa al borde del abismo. Pero, sobre todo, hay un antes, puesto que el después ya está en manos del destino. La suerte de Tomás es un reflejo de ello: el antes aparece en toda su plenitud cuando se enfrenta a una operación de cáncer de cerebro. Cuando espera a que le trepanen el cráneo, sin la seguridad de que la intervención acabe bien, la memoria hace de las suyas y los recuerdos se agolpan y confunden, empujados por la incertidumbre y el miedo.

 La enfermedad y el acecho de la muerte (¿es lícito tener miedo a la muerte?, se pregunta el protagonista, que narra su desahucio antes de que éste se produzca), distorsionan la realidad, pero arrojan luz sobre la verdad; una luz irrenunciable que es inevitable seguir. La verdad aparece en ese punto culminante de la vida de Tomás, combinando con exactitud lo que fue ésta desde la infancia hasta el momento presente, desde la infancia, la adolescencia, los amores tempranos y los más recientes, las pérdidas, los fraudes de la política, los engaños de la dictadura, la amistad, las traiciones y, en el fondo, siempre, la Educación; disciplina a la que, tanto personaje como autor, dedicaron con animosidad, no exenta de contratiempos, su vida profesional.

La ciudad de los mil ojos” es esa ciudad que te observa desde cualquier esquina, ventana, resquicio, Fez o cualquier otra, y que no puedes dejar atrás porque quizá uno se siente más seguro siendo observado, vigilado por tantos ojos que nunca dudan sobre hacia donde tienen que dirigir la mirada. A la vez es un relato inteligente, culto y agudo, sobre las dos grandes pasiones de Venancio Iglesias: la Educación y la Literatura.

El después es recaer en la incertidumbre; a fin de cuentas la enfermedad es una situación concreta que no admite paliativos ni falsas dudas. El mismo lo resume al final de la novela:

“¿No estarás intentando justificar tu fracaso? Entraste en la enseñanza porque no sabías hacer otra cosa. ¿Creías seriamente que allí lucharías mucho mejor contra el monstruo? Sí, sí. Los monstruos no mueren nunca, se metamorfosean. Todo el que con monstruos convive, en monstruo se convertirá.”

“Guarda tu pasaporte, cierra la gruesa carpeta con sus títulos y méritos, cursos, cursillos y antigüedad, publicaciones en revistas escolares y trabajitos de metodología que es menester olvidar cuando se enfrenta uno a un niño. ¿Método? Naturalmente, cuando haya niños clónicos.”

Decepción y clarividencia. Es lo que tiene no haber muerto en el trance. Si no lo paramos, el desahucio seguirá adelante. No importa a quien le ocurra.

¡Querido amigo, espero de corazón que te recuperes, vuelvas a escribir a pluma y sigas regalándonos libros tan elocuentes; ese es el después de la enfermedad!

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