“Mamá, he visto la luna. Es hermosa y me encanta cómo se posa en el cielo.”

Martita tenía miedo. La noche la ponía muy nerviosa. En cada ocaso corría y entraba en casa, cerrando las puertas y ventanas a su paso, con gran ímpetu. Se sentaba en el sillón, acurrucada y plegada sobre el regazo de su mamá como ovillito de lana.

Cada noche, al oscurecer, desde su habitación, a través de la ventana, corriendo las cortinas, miraba a la luna desde lejos, con miedo a que ella la pudiese alcanzar. La veía tan grande y poderosa, que sólo el hecho de pensar en ella, le estremecía.

Una noche, Martita, se entretuvo un poco más jugando en su jardín, ensimismada con muñecas y cuentos de hadas, sin percatarse tan siquiera, de que el satélite comenzaba a surgir de entre nubes y sombras.

Cuando izó la vista al cielo, por un instante se quedó petrificada. No sabía cómo reaccionar. Se detuvo como estatua de sal. Y sus muñecas cayeron al suelo como plomo en el agua.

Tomando poder sobre ella, y mirando fijamente a la luna, enfrentó su mayor temor.

Tenía forma de gajo y sus puntas eran picudas como señuelos de pescar. Color nácar, brillante, vibrante. Se reflejaba en el agua del estanque y bailaba en el agua como los pececitos en el mar.

Acariciaba las nubes con mimo. Y la bruma la embellecía aún más.

Martita, viendo el espectáculo, dejó de sentir miedo. No entendía cómo eso pudo, en su momento, hacerla temblar.

Corrió a casa entusiasmada, buscando a su mamá.

-» Mamá, he visto la luna. Es hermosa y me encanta cómo se posa en el cielo. ¿Puedo mañana salir a jugar con ella?».

– » Marta, mi vida. Claro que puedes. La luna siempre fue tu amiga.» -decía sonriendo «¿Has visto al fin lo linda que es? Con ella podrás bailar, correr y saltar, y siempre te iluminará el camino. Podrás contarle todos tus secretos y nadie sabrá de ellos. Podrás reír y llorar y ella siempre te entenderá. Gritar, cantar. La luna está igual de loca que tú … En todo, ella, como buena amiga te acompañará».

-» Pero mamá, hay noches que la luna no sale. ¿Es porque está cansada? «.

-» No, cariño mío. La luna siempre estará ahí. De el mismo modo que el sol sale cada mañana, la luna siempre nacerá. A veces asoma temerosa, sí, al igual que tú, pero al final siempre se hace ver. Así que ten paciencia cuando la busques, puede que ese día este asustada»

– » Y mamá. ¿La luna no tiene amigos? Siempre está sola, y nunca la veo bajar. » – decía apenada y sorprendida.

-» Cielo mío, la luna es amiga de todos. Y no podrá bajar jamás. Ese es su sitio. En la distancia. Para que todos los niños del mundo puedan verla.

Si bajase a jugar contigo ¿Quién más podría contarle sus secretos? ¿Quién más podría bailar con ella? ¿Quién más podría verla brillar?

La luna es de todos los que la necesitan. Y, por ello, debe estar sola y en la lejanía. «.

-» Pero mami. ¿Y no se siente triste?».

-» Marta, tesoro. La luna nunca está triste. Cambia de forma y de color, según se despierta cada día. Unas veces está más cerca y otras más lejos. Unos días dibuja una sonrisa y otras parece un globo redondo… Pero ella es feliz ahí en el cielo. Así sabe que todos los niños del mundo podrán verla radiante y lista para jugar.

No sufras por la luna, hija mía. Ella te acompañará el resto de tu vida. No necesitas tenerla, no sientas lástima por ella. La luna estará para ti siempre, al igual que lo estoy yo. Y aunque tú tengas miedo, estés triste y sólo quieras verla brillar, recuerda:

“La luna brilla para todos y ella te conecta con su luz y con todos los que la ven brillar. Así nunca está sola y tú tampoco estarás sola con ella «.

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