La “cuestión de la mujer” que defiende el feminismo sigue siendo un tema de actualidad.

El sexismo sigue instaurado en la sociedad y para derrocarlo es necesario el espíritu crítico.

El feminismo es un movimiento que no deja a nadie indiferente.  Se opone  al poder hegemónico, lo que le conlleva muchos enemigos. Para poder comprender qué es el feminismo y cuáles son sus exigencias es importante conocer su trayectoria y reivindicaciones históricas. La cultura patriarcal está tan integrada en nuestra vida que a veces es difícil  discernir  su opresión.  Con un ejercicio de aculturación podremos apreciar  las grandes conquistas  de las primeras feministas y comprender  por qué a día de hoy es todavía  necesaria la lucha.

Nuestra historia comienza en el S. XVIII con la Ilustración, un movimiento cultural e intelectual  que pretendía aplicar la razón y el conocimiento científico a la vida humana, reemplazando el dogmatismo que imponía la religión y la desigualdad de la aristocracia. De esta corriente contraria  al orden establecido surgió, por primera vez en la historia de la humanidad,  el  principio de igualdad, y la necesidad de que todos los hombres tuvieran acceso a la educación.

El 28 de agosto de 1789 se proclama en Francia la Declaración de los Derechos del Hombre y años más tarde, en 1791, Olimpia de Gouges, dramaturga y activista política escribiría la <<Declaración de los derechos de la Mujer y de la ciudadana>> ya que, con la declaración anterior, solo quedaban representados los derechos de la mitad de la población. Las mujeres que lucharon por los mismos derechos que sus homólogos varones, fueron castigadas duramente. Olimpia de Gouges fue asesinada  en la guillotina.

La Ilustración trajo consigo la revolución industrial, lo que sentó las bases para un nuevo orden mundial que modificaría nuestra forma de entender el mundo: el sistema capitalista. Bajo la opresión del capitalismo o sistema de libre empresa (como algunos prefieren llamarlo para reducir las connotaciones negativas del primer término) el papel de la mujer pasó a ser secundario. Mientras algunas mujeres que trabajan en las fábricas y recibían salarios  menores solo por razón de su sexo,  otras se quedaban en casa cuidando la prole, sin recibir ninguna retribución por ello. En el nuevo orden mundial el poder residía en quienes tenían dinero y  las mujeres no estaban en igualdad de condiciones que sus compañeros varones para conseguirlo. Los roles tradicionales de cuidadoras y encargadas de la casa mantuvieron a las mujeres durante mucho tiempo estratégicamente apartadas  del poder y de la toma de decisiones en la sociedad. Sin embargo, el problema de la mujer va más allá de la opresión del  sistema capitalista.

Otro gran hito de la lucha feminista  fue el reconocimiento del derecho al voto que comienza en los Estados Unidos. Después de conseguir la independencia de su país, las mujeres se unen a la causa de la abolición de la esclavitud. Luchan mano a mano con los esclavos proclamando el derecho a la igualdad entre todos los seres humanos. Al mismo tiempo, estas mujeres se hacen más conscientes de su propia opresión. Como anécdota: los esclavos consiguen antes el voto que las mujeres.  

Las feministas luchan para que sean reconocidos sus derechos: igualdad de salarios, igualdad de oportunidades para acceder a los puestos de responsabilidad,  protección ante la amenaza de los asesinatos machistas, educación sexual no patriarcal. En resumen, exigen que no sea la visión hombre la referencia de todas las cosas (androcentrismo) y  que se reconozca el papel femenino en la sociedad. Además, entre hombres y mujeres existen algunas diferencias evidentes. La naturaleza de la mujer le hace exigir derechos especiales que solo pueden disfrutar ellas, por ejemplo: el derecho al aborto. Sería absurdo que un hombre tenga derecho a abortar, ya que, por su  naturaleza no puede engendrar hijos. Este es un derecho que reconocen las feministas y que exigen que sea libre y gratuito en todo el mundo.

Las mujeres  hemos sido cuerpo y objeto de deseo. Se ha subestimado  por mucho tiempo nuestro valor intelectual, situándolo en un nivel inferior a la de los hombres. Así, no es de extrañar que el ministro de sanidad japonés, Takumi Nemoto, salga a defender el  papel que tiene el calzado de las trabajadoras en Japón, oponiéndose  al movimiento  #KuToo. Culos respingones y piernas estilizadas es lo que podemos aportar las mujeres al trabajo, porque para pensar ya están ellos.

Pero no hace falta irse a Oriente para observar estos actos retrógrados. Aquí en España, mientras ellos recogen los premios deportivos que acaparan el impacto mediático y el poder económico, nosotras pasamos sin pena ni gloria, o con bronca si se nos ocurre ser árbitros. En los eventos masculinos somos objeto de decoración, posamos junto a los campeones en las entregas de premios con minifaldas y camisetas ajustadas o  somos parte del fin de fiesta VIP. Por otro lado, cuando nosotras somos las ganadoras nos obsequian con un kit de depilación y un vibrador. Regalos que demuestran la cultura sexista que impera en nuestro país.

La  <<cuestión de la mujer>> que defiende el feminismo sigue siendo un tema de actualidad. El sexismo sigue instaurado en la sociedad y para derrocarlo es necesario el espíritu crítico, replantearse las normas culturales y los antiguos privilegios. Han sido muchas las conquistas de las feministas, pero aún queda mucho trabajo por hacer.

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