“Durante siglos nos persiguen historias falsas que conforman nuestra historia negra, pero lo curioso es que nunca nos hemos molestado, los españoles, en desmentirlas; incluso algunas nos las han enseñado en el colegio”.

La que más ha hecho correr ríos de tinta es sobre la conquista de América; aquí algo nos hemos esforzado en blanquear nuestro paso por aquellas tierras, mostrando nuestro mestizaje con los indígenas o nuestro afán constructor de universidades de Carlos I y Felipe II. El éxito en clarificar nuestro paso ha sido escaso; véase la tumba deshonrada de Hernán Cortes en Ciudad de México o las recientes declaraciones de su Presidente. Una excepción sería Panamá, cuya Avenida principal y moneda El Balboa recuerdan a nuestro  descubridor.

El interés por independizarse del reino de España que alimento ésta historia negra ya pasó hace mucho y es momento de poner las cosas en su sitio. Debo mencionar en este sentido el análisis de D. Borja Cardelús, en donde se pregunta y responde qué habría pasado si los descubridores hubieran sido Ingleses (ver el caso de los indios en E.E.U.U) o franceses (ver el caso de Haití), o los más probables portugueses (ver tráfico de esclavos desde África). Habría sido mucho peor; pero desde este lado del charco dejamos pasar la realidad de la colonización y seguimos arrastrando nuestra presencia maldita sin vanagloriar lo positivo de nuestro paso.

Siguiendo un poco más adelante en la historia, está la derrota de la Armada Invencible. Curiosamente, en España  no se la conocía con ese nombre, pero el equipo de prensa de la Reina Isabel I se lo puso para magnificar la derrota a la flota española, que por otro lado no fue tal, aunque se perdieron 22 naves. En España sí que nos enseñaron en el colegio con ese nombre a nuestra flota y nos desmintieron la derrota con la frase: “yo no he enviado a mis naves a luchar contra los elementos”, y fin de la historia clarificadora.

 Aún en nuestros días se utiliza esta “proeza” para arengarse en tiempos de crisis entre los británicos (Churchill o Margaret Thatcher).  Nunca nos han contado que un año después, en 1589, se lanzó contra nuestras costas La Contra Armada, con 180 naves y el balance final de  20.000  hombres ingleses entre muertos y heridos. Recientemente, el historiador D. Luis Gorrochategui, autor del libro “Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra”, publicado por el Ministerio de Defensa y en inglés por Bloomsbury, ha puesto los puntos sobres las íes. ¿Y quién ha dado publicidad y reconocimiento de la realidad? Pues la BBC inglesa en una miniserie de tres capítulos, que recomiendo, en su programa “Royal History´s Biggest Fibs”.

Siguiendo en el tiempo, para mí la más personalmente dolorosa porque proviene de lo que me enseñaron en el colegio, es la del Rey Carlos II “El Hechizado”,  cuya monarquía se resumía en: “un Rey débil, enfermizo, incapaz de procrear, y pésimo monarca”, fin de la historia de su reinado; realmente esa era la “fake news” proveniente de la corte francesa de Luis XIV, en un afán que dio resultado para el advenimiento de la saga de los Borbones y de su nieto como Rey de España (Felipe V). Resumir su reinado de 1665 a 1700 en esa frase parece escaso;  bien es cierto que los tiempos eran difíciles con un Rey Sol acechante permanentemente, y con unos antecesores que tanto engrandecieron el reino. A todo lo malo y controvertido de la época hay que contraponer que fue mecenas de artistas y del patrimonio; renovó la recaudación de impuestos haciéndolos más llevaderos para el pueblo; democratizo  los órganos de gobierno y mantuvo en buena medida que siguiera sin ponerse el Sol en nuestro reino. Bueno, reconozco que en este caso haya menos interés aclaratorio frente al resto del mundo y podemos considerarlo como asunto interno. 

Más reciente, lamentablemente de actualidad, nos endorsa la mayor plaga de la historia de la humanidad con cincuenta millones de muertes en la conocida como: “gripe española”; aunque hay otras hipótesis, la más plausible sitúa su origen en Fort Riley (E.E.U.U.), cuyos soldados fueron a combatir a Europa en 1918. Con el fragor de la batalla y para no desanimar a los ejecitos se mantuvo oculta; pero España que no intervino directamente en la contienda no actuó así y hubo multitud de edictos sobre la misma. Se debe a un periodista del Times, quien la denomino “la gripe española” como hoy se la sigue conociendo. Los gabinetes de prensa española de la época tan solo hicieron un intento inútil con darla a conocer como: “la enfermedad del soldado de Nápoles” y ahí nos quedamos. Quien se encargo de desmentirlo recientemente fue el profesor Michel Worobey de la Universidad de Arizona, que publicó sus conclusiones en la revista: Proceeding of The National Academy of Science (PNAS); más allá de intentar libarnos de esa historia negra, es un profundo estudio científico sobre el origen y mutaciones de gripes víricas de origen animal, que hoy está de rabiosa actualidad.

Se me agolpan las conclusiones y moralejas, e incluso qué hacer. Creo que ningún país ha tenido tanta dejadez sobre sus “fake news”, que incluso nos enseñan en el colegio, y que nos siguen persiguiendo. La razón sólo podemos encontrarla en el tópico: “Spain is different”. Pero por favor, que alguien compre los derechos a la BBC de La Contra Armada, y se programe en TVE 1, y digo TVE 1, y no TVE 2, en tiempo de máxima audiencia.

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