Todas las personas cuentan con la mariposa de la libertad de sus pensamientos y por ahí se puede encontrar una solución a cualquier problema.

Hay que tomar conciencia de que la solución, la salida, se encuentra en nuestro interior; en soltar amarras y reducir el tamaño de nuestra escafandra.

Hace tiempo que había oído el título de la película, inspirada en un hecho real, LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA, y no le había dado más importancia, hasta que no hace mucho leí un comentario acerca de la misma y me impactó, tanto por la historia en sí, como por el mensaje que me transmitió y que quiero reflejar en este artículo.

Os comento la historia:

En 1985 a la edad de 43 años, Jean-Dominique Bauby, carismático redactor jefe de la revista francesa Elle, sufrió una masiva embolia. Salió de un coma 20 días más tarde víctima del «síndrome de cautiverio « por lo que quedó totalmente paralizado, sin poder moverse, comer, hablar ni respirar sin asistencia. Aunque mentalmente funcional, es como un prisionero de su propio cuerpo, (LA ESCAFANDRA), sólo capaz de comunicarse con el exterior mediante el parpadeo de su ojo izquierdo. Forzado a adaptarse a esta única perspectiva, Baudy crea un nuevo mundo a partir de las únicas dos cosas sin paralizar: su imaginación y su memoria (LA MARIPOSA).

Pese a lo grave de su situación, Jean Bauby no dejó que esto pudiera acabar con sus ganas de seguir adelante  y, en un ejemplo de autosuperación, escribió su libro usando sólo el parpado izquierdo, titulado La Escafandra y la Mariposa. Jean Bauby  fallecería un año después.

Su historia es similar a la de Viktor Frankl que relata en su libro, el best seller, El Hombre en busca de sentido, su odisea de sufrimiento en los campos de concentración nazis entre 1942 y 1945, reconociendo que, pese a haber sentido en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda, desprovista de todo, salvo de la existencia misma, pudo comprobar que la libertad interior y la dignidad humana son indestructibles. Viktor Frankl consiguió  sobrevivir a los campos nazis y rehacer su vida como neurólogo y fundador de la logoterapia y el análisis existencial. Falleció a los 92 años de edad.

Si bien ambos casos representan situaciones extremas, en nuestra cotidianidad, en realidad todos llevamos puesta una escafandra. El problema surge cuando su peso y dimensiones son tales que no permiten moverse a su portador, dejándolo sumido en su particular síndrome de cautiverio ; inmovilizado ante las circunstancias, paralizado en la toma de decisiones, con claros síntomas de falta de aire psicológico, tales como: escasa realización profesional −ejecutando trabajos que no gustan pero que son necesarios para conseguir dinero−, o bien falta de amor verdadero −compartiendo la vida con una pareja sin quererla sólo porque se necesita una compañía−, o pasando su escaso tiempo de ocio con amigos de compromiso por la necesidad de relacionarse… En definitiva, situaciones que no representan su mejor versión, que no dan respuesta a su voz interior y ante las que no es capaz de reaccionar y sobreponerse.

Pero todas esas personas cuentan con la mariposa de la libertad de sus pensamientos y por ahí se puede encontrar una solución, veamos:

En muchos casos todavía esa mariposa revolotea con energía intentando encontrar la salida de la jaula en forma de escafandra en la que se encuentra, reportando claros síntomas de inconformismo. En otros, ese revoloteo es muy débil porque la mariposa ya está extenuada de intentar salir, y está cayendo en la resignación.

Sirva este artículo para que, tanto en un caso como en otro, se tome conciencia de que la solución, la salida, se encuentra en nuestro interior. En soltar las amarras que nos atenazan y reducir el tamaño de nuestra escafandra, liberando la mariposa que llevamos dentro.  Para ello se debe  buscar un estímulo, un detonante para pasar a la acción, tomar decisiones y ejecutar los planes.

Pero, ¿cómo lo hacemos?, éste no es un proceso fácil, porque el entorno y las circunstancias lo ponen complicado; lo importante es tomar conciencia de que es posible revertir situaciones, bien sobrevenidas o como consecuencia de errores, y de que NADA debe perdurar y mantenerse en el tiempo, si no te define, si no te realiza; este sería  el primer paso. A partir de ahí la situación se puede gestionar bien por ti mismo, pasando a la acción en busca de esa salida, o bien pidiendo ayuda y apoyándote en alguien que haya conseguido liberar a su mariposa y reducir el tamaño de su escafandra.

Pero, la resignación no es la solución, sino que como decía Balzac, es un suicidio cotidiano; es estar postrado de por vida en una cama, inmóvil viendo la vida pasar, una vida que no es realmente la tuya.

«Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando nos damos cuenta de que sólo tenemos una». (Confucio)

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