La responsabilidad no se puede delegar. Es una carga de la que no puedes “descargarte”.

Incluso en el plano personal, todos tenemos un cargo, cuyo desempeño conlleva una carga.

Todo CARGO conlleva una CARGA, una responsabilidad indelegable que tienes que gestionar y de la que respondes, ante tu jefe, ante tu equipo y ante ti mismo.

Ese cargo entraña también una autoridad para ejercer esa responsabilidad, pero lo mismo que sucede con los organigramas empresariales, una cosa es lo que figura en el procedimiento de calidad y otra es cómo funciona realmente la empresa.

Pues lo mismo ocurre con el cargo, una cosa es lo que pone en tu tarjeta de visita y otra es la autoridad que realmente te mereces.

Me vienen a la mente dos conceptos que un día explicó el profesor Javier Fernández Aguado: Auctoritas y Potestas.

“Auctoritas” es la autoridad/poder que te ganas y que te otorgan los demás.

“Potestas” es la autoridad/poder  que te otorga el cargo.

Digamos que la autoridad que te da la Auctoritas prevalece más allá del cargo; es algo que va con la persona. En cambio, el poder que te da la Potestas desaparece cuando desaparece el cargo.

Podrían también responder ambos conceptos a la siguiente pregunta:

¿Mandas (potestas) o Convences (auctoritas)?

Dicho esto y continuando con la responsabilidad, ésta, evidentemente, es una carga porque no puedes “descargarte” de ella. La responsabilidad es indelegable. No debemos confundir la delegación de funciones y la empatía con la responsabilidad; es algo que cae sobre tus espaldas y que no vas a poder compartir.

Para llevar bien esa carga tienes que adquirir una serie de competencias que, cual buen sherpa, te permitan transportarla de una manera más cómoda, haciéndote incluso disfrutar del recorrido.

Por el contrario, si no  te sientes identificado con ese rol o bien no tienes las competencias necesarias para su desarrollo, la carga se te hará muy pesada; incluso te puede dañar “la espalda”.

Se habla también en management de la soledad del directivo; esa soledad que existe aunque estés rodeado de gente y que adquiere su punto máximo cuando tienes que tomar decisiones, porque nadie las puede tomar por ti.

Para aligerar la carga y llenar esa soledad te propongo:

  1. Practica un Liderazgo participativo.
  2. Comunica constantemente.
  3. Delega funcionalmente.
  4. Genera confianza.
  5. Se transparente y coherente.
  6. No busques el error.
  7. Integra y no excluyas.
  8. Exige resultados.

No son recomendaciones teóricas, sino muy prácticas y si consideras que es complicado llevarlas a cabo porque en el devenir de la gestión diaria la presión de los objetivos, los resultados y el cumplimiento de los deadlines son prioritarios, quizás esta opinión sea más bien un síntoma de la falta de esas competencias claves para el desarrollo de tu responsabilidad. Pero tranquil@, todo se puede aprender.

¿Y qué pasa en el plano personal?

Pues que todos tenemos un cargo: padre/madre, esposo/esposa, amigo/amiga, hijo/hija… cuyo desempeño conlleva una carga de responsabilidad y una toma de  decisiones.

En este plano no hay jefes ni fechas formales de cumplimiento, sino que tú eres tu propio jefe y tu entorno va a ser el consejo de administración que va a juzgar tu gestión.

Si no eres consciente de este papel que debes jugar quizás puedas caer en varios conflictos que pueden hacer que tu carga sea más pesada:

  1. En la procrastinación constante, pensando que el tiempo resolverá; pero casi siempre el tiempo agravará.
  2. En anteponer tus propios objetivos frente a los de los demás, en términos de tomar decisiones sólo si te benefician a ti, provocando tu aislamiento.
  3. En meter la cabeza bajo el ala, creyendo que así no tendrás responsabilidades; pero recuerda que la responsabilidad es indelegable, nadie puede ser padre/madre por ti.
  4. En ser excesivamente empático haciéndote cargo de la responsabilidad de otros, aumentando innecesariamente tu carga y no haciendo bien ni lo tuyo ni lo de los demás.
  5. No asumir riesgos, por miedo al error y falta de confianza; ello te llevará a no avanzar, a estancarte.
  6. No compartir de manera desinteresada ni escuchar efectivamente; lo que hará que se dificulte tu aprendizaje.
  7. No practicar la asertividad, actuando a destiempo y de manera ciertamente exagerada; vamos… aquello de trágate sapos y vomitarás dragones.

Y seguramente algunas disfunciones más.

Pero no justifiques este tipo de actuaciones  en que tienes una situación muy complicada que no te deja actuar de otra manera. Esto no es más que una excusa ante ti mismo. Lo que, realmente ocurre, es que no has adquirido las competencias necesarias para desarrollar tu papel en la vida y la carga se te hace muy pesada.

Para aligerarla, tienes que crecer y desarrollarte personalmente, adquiriendo habilidades y competencias que te otorguen seguridad y confianza en ti mismo y te aporten recursos y herramientas para afrontar tus responsabilidades.

Siempre lo comento; si el feedback que obtienes día a día sobre tu papel en la vida no es positivo, no te hace sentir bien y perdura en el tiempo, por favor cambia algo, muévete, toma decisiones y, si no puedes solo, pide ayuda.

No es la carga lo que te puede hundir, sino cómo la transportes.

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