La situación es que estamos atrincherados en confinamiento a merced de un enemigo implacable.

La disciplina es fundamental para afrontar contiendas militares, es el arma que tenemos a mano para contener el ataque.

La pandemia de coronavirus que estamos padeciendo, nos deja un escenario que podríamos describir en formato bélico, ciertamente atípico; una guerra 4.0 en la que no se trata de conquistar territorios ni de someter a Estados ni ejercer un poder sobre otros, ni se escuchan disparos, ni se lanzan misiles. Es una guerra en la que el objetivo es vencer a un enemigo invisible, desconocido, que se mueve muy rápido, que causa bajas y, ante el cual, la munición convencional no sirve para abatirlo.

Los ciudadanos somos los soldados en la primera línea de fuego y los Estados, los cuarteles generales donde los Generales deciden la estrategia.

La situación es que estamos atrincherados en confinamiento a merced de un enemigo implacable, cuya misión es su propagación sin límites. Y nos encontramos rodeados, con dos flancos abiertos al mismo tiempo; en el frente, la salud  y, por la retaguardia, lo económico.

El balance de la contienda está siendo demoledor en ambos frentes. Las cifras de contagios y fallecidos crecen de manera desbocada día a día y las caídas de los índices bursátiles muestran gráficas con pendientes descendentes, nunca vistas en tiempo record; el pánico se está apoderando de  las decisiones y la incertidumbre preside nuestro horizonte a corto plazo.

Entre tanto, los Generales, están confundidos ante esta situación tan repentina y novedosa, en la que no tienen experiencia. En sus cuarteles se amontonan las decisiones, con escasa anticipación, siempre por detrás de los acontecimientos, después de los partes de heridos y bajas y además por el momento no hay un claro bando aliado para compartir recursos y unificar criterios. Cada Estado impone sus medidas, lo que sin duda resta eficacia, ante el factor tiempo, que resulta determinante.

Nos están suministrando, con mucha escasez, dos tipos de proyectiles,  el material médico y las medidas económicas en forma de millones de euros,  necesarios para combatir tanto el frente como  la retaguardia, pero realizamos disparos más para contener que para derribar al enemigo y necesitamos cuanto antes algo más eficaz,  porque nos queda munición convencional solo para unos meses y la situación se torna complicada.

Los ingenieros militares, investigadores científicos, están estudiando a contrarreloj nueva munición en forma de vacuna, y los de intendencia, economistas, se afanan por buscar fórmulas que palíen los graves efectos económicos.

Entre tanto seguiremos en la trinchera ejecutando las órdenes de nuestros Generales, disparando solidaridad y compromiso, ayudando así a nosotros mismos, a los demás y por supuesto a nuestro contingente médico y  a nuestros heridos, que lo están pasando mal en los hospitales de campaña, donde se agolpan los casos y se trabaja hasta la extenuación.

La disciplina es fundamental para afrontar contiendas militares. Es el arma que tenemos a mano para contener el ataque. Ya sé que hemos vivido tiempos de autogestión y libertad extrema; pero ahora, si te mueves, si no eres solidario, si no cumples las normas, el enemigo te puede abatir a ti, o a otros por ti.

Son tiempos difíciles; pero todo problema, por complicado y grave que sea, es una oportunidad para el aprendizaje. Esta batalla sin duda reforzará nuestra resiliencia y nos mostrará un nuevo orden de  prioridades en nuestra escala de valores; por otro lado, será un test para el efecto de la globalización, la digitalización de las empresas y el teletrabajo, la economía colaborativa, los sistemas de producción, la organización de los Estados, el funcionamiento de las Instituciones Internacionales…  

Estoy seguro de que vamos a ganar esta batalla y que, como en todas, sus consecuencias serán severas; recordaremos a los caídos, los heridos se recuperarán y en cuanto a lo material, volveremos a reconstruir nuestro sistema económico y el tejido empresarial cual edificios derruidos. Eso sí, será un camino duro que tendremos que recorrer todos juntos, con mucho esfuerzo, generosidad, colaboración y compromiso.

¡¡Animo!!  ¡¡Esta batalla la vamos a ganar todos juntos!!

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