Nombres de la mirada.  José Luis Puerto.  Calambur. Precio: 15 €.
Nombres de la mirada. José Luis Puerto.
Calambur. Precio: 15 €.

Es primordial que un poeta de la talla de José Luis Puerto haya decidido reunir sus poemas sobre el arte.

Cada poema es una ofrenda que nos trae sosiego más allá de exclusiones y de dogmas frente a las devastaciones de la condición humana.

En Evocaciones y presencias, sus diarios póstumos recientemente publicados, José Jiménez Lozano reflexionaba así, al final de uno de sus apuntamientos: «Y tal es la desdichada conciencia de la vida, me parece a mí, del que no puede sentir la armonía y serenidad del vivir, situado ante el cuadro de los campesinos rezando a la hora del ángelus de la tarde de Millet, y cree que es una estampa costumbrista». En esa ceguera completa hacia cualquier manifestación de lo espiritual nos encontramos casi todos en estos tiempos posmodernos y pandémicos y justamente por eso resulta tan importante, primordial, que un poeta de la trayectoria de José Luis Puerto haya decidido reunir sus poemas sobre el arte en Nombres de la mirada, con espléndido prefacio del profesor José Enrique Martínez.

Toda su escritura, en realidad, se orienta a salvaguardar las expresiones de la espiritualidad a las que el hombre moderno, con nuestras profanaciones y envilecimientos, ha dado la espalda hasta dejarnos a la intemperie. Este libro en concreto, pues como tal, exento, se puede considerar por su unidad de significado y por la aportación de inéditos y de adelantos de un nuevo título, Ritual de la inocencia, cuya aparición esperamos sea inminente, es fruto de la contemplación de diversas obras artísticas que, de siempre, según declara el autor en la nota prologal, le han fascinado y servido «como apoyatura, también como inspiración» para expresar sus sentires y pensares, pues ante ellas el poeta medita, celebra, se conmueve y nos transmite, duplicada, ya que a la propia que suscita en él el objeto de partida se suma la que provoca en nosotros su verbalización, una emoción plenaria, vibrante, hímnica, de cántico constante.

De ahí que en el título esté ese paso de la mirada, lo contemplativo, al nombrar. El poeta da la palabra a la pintura, la escultura, la arquitectura, la fotografía, los hallazgos arqueológicos o las representaciones del arte popular, a cuanto pervive en el tiempo, para que emerja de ellos el acorde, lo que llama «una vibración que sacuda nuestros adentros», y a fe que lo logra, porque nunca olvida que «toda creación requiere un aliento del ser, más allá de cualquier convención, para revelar el mundo». Y siempre desde la participación, desde «esa fraternidad/que nos une con todo».

Cada poema, al cabo, en este sentido, a partir de lo observado, deviene epifanía «de la creación del ser humano y de la vida, que, para ser plena, ha de estar atravesada por la verdad, la bondad y la belleza», tríada clásica de la que nunca se ha apartado la poética de Puerto tras más de treinta años de labor en pos del «fluir del espíritu» cuyo «hilo invisible», ese latir, recorren los poemas de Nombres de la mirada: «melodía luminosa que derrota a la muerte» como si levitase sobre el lenguaje mancillado del mundo, guardando a la vez memoria de la gracia.

Cada poema es un fulgor en el recinto que nos protege, por recurrir a otro término tan suyo. Es una ofrenda que nos trae sosiego en la morada jubilosa, «más allá de exclusiones y de dogmas», frente a las devastaciones de la condición humana y las adversidades que arrastra consigo la existencia. En su «viaje a la semilla» se convierte en cadencia de elevación encaminada a revelar «el misterio del ser y el misterio del mundo». En el apartado inicial, por caso, titulado «Arqueologías», en torno a estelas, grabados rupestres, dólmenes, aras votivas, esculturas y relieves ibéricos, vestigios de castros y restos de construcciones romanas, se nos ofrece, se nos entrega, la memoria colectiva, ancestral, viva en la piedra «desde su origen», donde pervive lo sagrado, en sus espacios, sus rituales y sus celebraciones, que Puerto descifra y nos transmite «con su rumor de siembra, rumor de ser», por encima del tiempo.

El libro se organiza temática y diacrónicamente. A continuación, en «Medievos», visitamos ermitas e iglesias mozárabes y románicas, algunas en ruinas, como el convento y el monasterio de la parte siguiente, catedrales góticas y la Seo mudéjar de Zaragoza. El grueso de los poemas aborda el ut pictura poesis en cuadros de los maestros antiguos, modernos y contemporáneos, con especial detención en los lienzos y naturalezas muertas de Zurbarán. Gracias a la belleza que el arte exalta y el verbo conseguido del poeta evidencia, para fijarla, en su papel de modesto copista de la revelación divina tal y como aparece, por boca de los tetramorfos, en su «Visión del apocalipsis» ante la portada de la iglesia de nuestra Señora de la Peña en Sepúlveda, se cumple el deseo de ascensión lírica.

Empezábamos con el fragmento de una nota de los diarios de Jiménez Lozano relativa al cuadro campesino de Millet, que Puerto no glosa, aunque lo que decíamos allí vale para cualquiera de los poemas y lo reflexiona de manera explícita respecto a los paisajes de John Constable. Vamos a terminar con otro: «Y entonces ocurre lo que ocurre con toda cultura, que si antes de los veinte años le llega a uno el dolorido sentir de Garcilaso o Petrarca, la armonía y claridad de Grecia y la alegría y simplicidad de Belén ya está salvado para la humanitas. De otro modo es muy difícil». Pues bien, las écfrasis y poemas de origen artístico que ha agrupado Puerto con mucho tino son capaces, al hilo de la enumeración de la cita, con la calma, la quietud, el silencio que los habitan muy dentro, de redimirnos, él diría, y así lo sentimos al cerrar el libro, de salvarnos y purificarnos, desde un humanismo, tan raro en estas calendas materialistas, que nos procura, al tiempo, consuelo.

 

 

ARA VOTIVA A ILÚRBEDA (LA ALBERCA)
Diosa antigua, ¿quién eres?
Un ara te recuerda en mi lugar,
Ofrecida en tu honor
Por Albinus, un hombre
Del que nada sabemos
Salvo la melodía de sus sílabas.
¿Cuál es tu potestad,
Cuáles tus atributos?
¿Proteges el lugar,
Proteges nuestros bosques?
Sólo queda de ti
Esta ara votiva
Labrada en un granito silencioso
Que guarda en sus entrañas
Misterios que ignoramos.
Tú, diosa desplazada,
Ilúrbeda, patrona
Del lugar, de los bosques,
Protege lo sagrado
Que pervive en mi espacio del origen
Y líbralo de tantas
Profanaciones a que es sometido.
Secreta diosa de un oeste pobre,
Te ofrezco hoy, por todo lo que pido,
El ara más leal
de mis palabras

 

AGNUS
Llega el momento del cordero,
Del sacrificio de la mansedumbre,
Llega el momento del dolor,
La herida abierta del despojamiento
Que sangra y sangra y sangra
Y queda en llagas la memoria antigua
Del paraíso.
Habla tú, Zurbarán,
Acércame el alivio de tus blancos,
Trae la medicina
De ese apaciguamiento que conoces
Y que habita en tus telas.
Llega el momento del cordero,
Ese momento en que se nos despoja,
La pérdida del reino, la caída
De un estado de gracia
Que, aunque nos lo arrebatan,
Ay, nos perteneció

 

DARÍO VILLALBA
He aquí el hombre
Las ataduras de sus pies. Su rostro
Entregado al misterio y al dolor
A la pulsión del existir. Ofrenda
De su miseria y su precariedad
A unos dioses en fuga
Desde hace tiempo de nosotros.
He aquí el ser. Encapsulado
En la burbuja ciega de su miedo
Ensimismado en su desprotección
En la matriz inexistente.
Y ahora solo el amparo
De unas sábanas blancas
Oración imposible
En el abismo de la soledad.
Y ahora solo la espera
Blanca.
Y una nueva belleza
Y una nueva belleza

 

José Luis Puerto

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