En esta época de crisis en la que la inflación está tendiendo al alza, es importante que dejemos claro este concepto tan importante en economía y en nuestra vida cotidiana.

La inflación puede definirse como un aumento substancial y sustitutivo del nivel general de precio.

Una de las principales características para que se produzca el fenómeno de la inflación es que su aumento deber ser substancial, continuo y real:

Diversas teorías de la inflación, según la escuela:

–         Para unos la inflación se debe al aumento del gasto total de una economía, en el sector público y en el privado.

–         Para otros se debe a la escasez de algún bien necesario.

–         E incluso existe una teoría que afirma que la inflación se debe a un exceso de crecimiento de la oferta monetaria.

Analizando todas las teorías podríamos afirmar que es bastante extraño que cualquiera de estas teorías se dé por separado; es decir, deberíamos entender que cualquiera de ellas puede iniciar el proceso y posteriormente coexistir todas juntas.

Es decir, a una mayor masa monetaria en circulación o la misma masa a mayor velocidad, le sigue una mayor producción de bienes y servicios, una mayor utilización de los recursos y una demanda más constante.

Pero este equilibrio no es estable debido a las distintas dependencias de las variables que influyen en ambas corrientes; de ahí que se produzcan desfases de intensidad o velocidad que provocan tensiones en toda economía. Estos desfases se conocen como movimientos macroeconómicos, entre los que se encuentra el proceso inflacionista.

Tradicionalmente, nos referimos a la inflación como un fenómeno estrictamente monetario, aunque no debemos olvidar que en el fondo subyacen causas reales de producción. De esta forma podríamos entender el proceso inflacionista como un aumento de los medios de pago sin un correlativo aumento de la producción, provocando un alza de precios absolutos.

Esta situación no se produce en un momento determinado desapareciendo posteriormente, sino que es un proceso que se desarrolla con mayor o menor intensidad y cuyos efectos no son simplemente el alza de precios.

Por ejemplo, si un determinado momento existe en la economía de una país una mayor disponibilidad de dinero en circulación, debido a incremento en el flujo monetario de renta, llegará más dinero a las economías domesticas. Esta mayor disponibilidad de dinero provoca una mayor demanda en los bienes y lógicamente bajara el stock de las empresas. Si esta presión de la demanda es moderada o de corta duración, los empresarios pueden replantear sus procesos productivos, pero si la presión de la demanda es continua e intensa los stocks descienden rápidamente y los precios aumentan.

Ante la demanda de productos los empresarios intentan producir más, pero esto no se produce de forma súbita, sino que necesita un tiempo de adaptación y durante el mismo se va produciendo un alza de precios.

En teoría el proceso terminaría aquí, al conseguirse un nivel más elevado de oferta, sin embargo en la práctica el proceso inflacionista continúa por dos razones:

  1. El crecimiento de precios no es sólo para los bienes de uso y consumo, sino también para los intermediarios y esto supone un coste para las empresas al existir una demanda fuerte.
  2. La renta real de los consumidores sufre una baja, es decir, sus percepciones monetarias pierden poder adquisitivo. Y demandarán una subida de salario que hará subir los costes y una nueva subida de precios.

En este momento se entraría en un concepto económico llamado la espiral precios-salarios, debido a que una nueva alza de precios provoca una nueva subida de salario y este una nueva subida de precios.

Además, estas repercusiones no van a ser sólo para los salarios, sino que afectarán a todos los componentes de los costes.

De esta forma el proceso inflacionista adquiere un carácter social y humano, rompiendo sus cauces de simple problema económico.

El desarrollo económico tiene como principales objetivos:

El desarrollo económico trata de generar mayor riqueza, no sólo maximizando la utilización de los recursos, sino también aplicando los mismos mejor al proceso productivo.

Una vez iniciado el proceso de desarrollo económico lleva aparejado las siguientes consecuencias:

  1. Explotación de nuevas fuentes de riqueza que precisan mayor inversión de capital y tecnología.
  2. Necesitan mayores entradas de dinero, lo que supone un desequilibrio en la economía.
  3. También, como consecuencia de lo anterior, se produce un desequilibrio entre las corrientes reales y monetarias.

Por lo tanto, deberemos afirmar que un proceso de desarrollo económico no se podría conseguir sin un cierto grado de inflación.

Entonces, ahora deberemos analizar en qué medida es preferible para la economía soportar este grado de inflación para conseguir su desarrollo. Podríamos contestar que si el desarrollo se consigue con una inflación suave o controlable, deberíamos decantarnos hacia el crecimiento. En este caso tendríamos ventajas como generar más riqueza, mejor distribución de rentas, un más justo sistema impositivo; que en contraposición con el inconveniente de la pérdida del poder adquisitivo de los preceptores de rentas fijas sería aconsejable. En cualquier caso, estamos suponiendo siempre que este proceso debe ser controlado.

Por el contrario, si este proceso inflacionista se disparase de forma incontrolada, la inflación terminaría por anular los beneficios del desarrollo, y aparecerán problemas como el aumento del paro; por eso el estado siempre intenta intervenir, más o menos, con medidas anti-inflacionistas.

Todo proceso de desarrollo lleva consigo inflación (mayor o menor), sin embargo, no todo proceso inflacionista conduce al crecimiento.

NIVEL GENERAL DE PRECIOS

El nivel general de precios se expresa a través de índices de precios y como un índice no puede comprender todos los bienes y servicios existentes en una economía, debe elegirse un conjunto que se considere representativo del total.

Los índices más utilizados para representar el nivel general de precios son:

IPC (ÍNDICE DE PRECIOS AL CONSUMO)

El índice de precios al consumo es el índice más utilizado. Se publica mensualmente por el INE (Instituto Nacional de Estadística). Este índice se elabora a partir de un conjunto de bienes y servicios que se consideran representativos de la compra de una familia.

El Índice de Precios de Consumo (IPC) requiere para su elaboración la selección de una muestra de bienes y servicios representativa de los distintos comportamientos de consumo de la población, así como la estructura de ponderaciones que defina la importancia de cada uno de estos productos.

Para calcular el IPC de un determinado año, se divide el valor del año que queremos calcular por el valor del año base, todo ello multiplicado por 100.

La inflación es una medida que depende del IPC y tiene como significado la tasa de variación porcentual que experimenta este índice en un periodo determinado.

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