“El aceite de palma está de moda; pero más que por sus propiedades, por los daños ambientales que provoca.”

 

Qué es el aceite de palma.

Es un aceite de origen vegetal procedente del fruto de la palma aceitera (Elaeis guineensis). El aceite de palma no procesado es rico en vitamina A y Vitamina E. Es originario de África Occidental aunque en la actualidad los mayores productores, Malasia e Indonesia, son asiáticos. Allí, en África, es empleado como aceite de cocina desde tiempos antiguos. Ahora se emplea sobre todo en alimentación pero también en cosmética. Hasta el siglo XIX fue uno de los principales productos de exportación de algunos países de África. En la actualidad ese liderazgo en la producción y su posterior exportación se ha trasladado al sudeste asiático. En los últimos años nuestra voracidad de aceite de palma ha pasado de los 15,2 millones de toneladas en 1995 a los 62,6 millones en 2015. El 85% de esta demanda lo satisfacen Indonesia y Malasia.

Causas de la polémica

El cultivo de palma y los continuos incrementos en la demanda y consiguiente incremento de la producción, han levantado desde hace años una fuerte polémica por los daños ambientales que vienen generando. Y es que su cultivo se lleva a cabo en una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta, ocupada originalmente por bosque lluvioso, y rica tanto en especies vegetales, enrte ellas las maderables, como en especies animales como el orangután, el tigre de Sumatra o el cálao de yelmo entre las más emblemáticas. La deforestación que acompaña pues a la búsqueda de más suelo para las plantaciones de palma, es la causante de la destrucción del habitat de innumerables especies y la puesta en peligro de áreas de gran biodiversidad.

Entre el año 1985 en el que se estima que en Indonesia se cultivaban poco más de 6000 km2 y el año 2005, la superficie se incrementó, en ese país, en 50.000 km2. Se estima que para el año 2050 esa cantidad se puede ver multiplicada por cinco.

Y los problemas no afectan solo a la deforestación, la destrucción del hábitat o la pérdida de especies. Los bosques que se talan para obtener superficies de cultivo se encuentran con frecuencia sobre turberas. Estas son un almacén natural, al igual que los bosques en si mismos, de ingentes cantidades de carbono. Mientras las turberas se encuentran húmedas no hay problema. Ni siquiera cuando los bosques se rozan y se queman tras las talas éstas entran en combustión. Pero con el tiempo las turberas se drenan y se van secando, y la deforestación que no cesa tampoco ayuda a recoger agua como para que se sigan manteniendo húmedas. Con el tiempo se convierten en material altamente combustible que se incendia con facilidad en cuanto se encuentra con el fuego procedente de incendios circundantes. Entonces entran en combustión y lo hacen durante mucho tiempo y lentamente. Y son muy difíciles de apagar. Esto libera enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Y es que las turberas son un sumidero de carbono mucho mayor que los propios bosques. Se estima que en la actualidad por esta causa se liberan a la atmósfera 1800 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Así que los cultivos de palma suman a los impactos anteriores uno nuevo: su influencia en el cambio climático.

Pero además estos gases afectan sobremanera a la salud de las personas. Y es que estos incendios, que se cuentan por millares (100.000 entre julio y octubre de 2015) en su mayoría son incendios que no generan llamas y si grandes columnas de humo. Estas son diseminadas por el viento y en un país superpoblado como Indonesia, el humo termina en las ciudades, provocando problemas de salud a millones de personas. Incluso las nubes de humo han llegado a dar el salto a través del mar y llegar hasta Singapur, al sur de Malasia, otro de los países protagonistas de esta historia por se uno de los grandes productores de palma. Son cientos de miles los afectados por problemas respiratorios debido a esta contaminación en este país. En las ciudades el aire a veces se vuelve absolutamente irrespirable y ni los niños pueden ir al colegio, ni las personas salir de sus casas. Así que el siguiente efecto del cultivo de nuestra protagonista es dañar directamente la salud de las personas.

El aceite de palma y la salud

Pero esta no es la única relación entre el aceite de palma y la salud. Este aceite es rico en ácido palmítico, un ácido graso saturado cuyo consumo excesivo aumenta los niveles de colesterol y está detrás del desarrollo de problemas cardiovasculares. Además, se ha convertido en el aceite estrella en productos de bollería, repostería industrial y productos precocinados. Es barato, aporta buen sabor y textura, y es rico en grasas saturadas que aguantan más tiempo sin volverse rancias. Entonces ¿dónde está el problema? El caso es que durante el refinado, se superan temperaturas superiores a los 200ºC que producen compuestos químicos sospechosos de ser tóxicos, afectar al sistema inmunológico o favorecer el desarrollo de tumores aunque las evidencias experimentales de que esto pueda ocurrir en humanos son limitadas. El principal de estos componentes es el 3-MCPD un compuesto presente en la margarina y derivados, así como en las grasas y aceites vegetales, sobre todo palma y coco, y exceptuando el aceite de nuez, seguido del pan, productos de bollería y carne en conserva (ahumada). Así las cosas, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria ha recomendado a los fabricantes controlar la presencia de estos derivados del refinado en sus productos. Además, las autoridades de los países productores como Malasia, aseguran que están esforzándose por mejorar e innovar las tecnologías, de procesamiento del aceite para lograr la reducción o eliminación de estos compuestos.

Y dada la importancia de este producto en la economía y de la generalidad de su uso, que afecta a millones de personas en el cultivo de la palma, la producción del aceite o su empleo en alimentación (que no es el único) cabe la pregunta de si se podría producir de manera sostenible. Desde el año 2004 se viene trabajando en esta línea. Roundtable on Sustainable Palm Oil (Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible) es una organización sin ánimo de lucro que pretende unir a todos los sectores de la industria del aceite de palma y grupos interesados. Ha creado un sistema de certificación de aceite sostenible (CSPO), que establece criterios y sistemas de auditoría que pretenden garantizar que la producción respete los derechos laborales y de las comunidades indígenas, que no se ocupen nuevas zonas de elevado valor medioambiental y que no se amenace la biodiversidad, además de promover prácticas agrícolas más limpias.

Sin embargo, sus estándares no prohíben realmente la deforestación o destrucción de las turberas para el desarrollo de las plantaciones de palma aceitera. Ni pueden garantizar que se ponga en el mercado como aceite certificado otro producido de manera absolutamente ilegal.

Los gobiernos y colectivos implicados tendrán que seguir trabajando en busca de soluciones; siempre que quede tiempo y bosque puede quedar una esperanza.

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