¿Puedo enviar mi libro, así, sin más, a cualquier editorial?
Y os preguntaréis que a cuento de que mi amiga me dijo esa frase nada más acabar de comer, imaginarlo, porque yo no puedo contarlo. Después del café con leche, acompañado por un cigarro, nos pusimos a mirar editoriales. Estuvimos dándole vueltas durante un buen rato, no era algo sencillo y mucho menos para dos personas que no tienen ni idea. ¿Puedo enviar mi libro así sin más a cualquier editorial? ¿Tengo que buscar alguna en concreto o cualquiera puede servirme? ¿Cuántos capítulos tengo que enviar? Ni Google tenía respuestas para tantas preguntas.
Es muy cierto que tengo una verdadera pasión por los libros; pero como lectora y escritora casera. No tengo información de todo lo que va más allá. La paciencia no es una de mis virtudes, así que empecé a venirme un poco abajo y a ponerme muy nerviosa. Por mi cabeza solo pasaba: Venga Judit, no pasa nada, lo has intentado, para ti siempre ha sido importante el proceso de escribir, el final es lo de menos. A la misma vez que repetía, con dos ovarios, que lo conseguirás, sigue buscando un poco más. No tires la toalla, no ahora, a no ser que sea para tumbarte en la arena con un par de mojitos.
Blanco, negro, negro, blanco, no había quien me aclarara.
Decidimos pensar primero en los pasos que habíamos completado:

  1. Tengo una buena historia, contada desde mi punto de vista y escrita a mi manera. Con mi estilo, siendo fiel a mi esencia. No es ninguna idea revolucionaria, pero Grecia es especial, tiene magia. Estoy segura de que os va a enamorar.
  2. Lo más importante y difícil: tengo el libro acabado. De nada me serviría enviar dos capítulos a una editorial, es como si te compras un coche y te envían solo los retrovisores, así para empezar.
    No ha sido fácil, me ha costado lo mío, pero lo tengo y estoy muy pero que muy orgullosa (Por cierto, mis abuelas las dos muy bien, eh).
  3. Corrección, recuerdo que cuando acabé de escribir el libro, me obsesioné con esta parte, así que decidí dejarlo durante dos semanas para no obsesionarme. Cuando pasaron las dos semanas, busqué un corrector para que me ayudará, desde aquí te mando un besito ¡¡muy grande!!
  4. Una de las que más miedo me dio, el momento de dejar que mi libro fuera leído; tenía que elegir a esas personas de confianza, pero críticas; mi madre, mis hermanas y mis amigas descartadas; tías, abuelas y ligues también. Para ellos, siempre, siempre, les parece todo perfecto. Algún día les enviaré mi diario personal de cuando tenía catorce años, a ver si siguen pensando lo mismo.

-Judit -me dijo ella con cara de emoción- ¿No crees que las cosas de palacio van despacio? Vas por muy buen camino, no te agobies, creo que deberíamos desconectar un poquito. Veo que estás empezando a tartamudear, no tengo pañuelos para secarte las lágrimas y mucho menos pelucas por si te quedas calva. Respira, vamos al coche que tengo una sorpresa para ti. -Cómo me conoce, cómo sabe lo que necesito, qué suerte la mía.
Llegamos al coche, abrió el maletero y sacó los patines. ¿Cómo podía siempre pensar en todo y acertar? Siempre acertaba. Incluso los días en los que no nos vemos, esté donde esté siempre acaba sorprendiéndome. La abracé tan fuerte que acabo dándome un pequeño empujón para apartarme. Nos pusimos los patines y fuimos directas al paseo. Perdimos tanto la noción del tiempo que acabamos en el pueblo de al lado. Sin horas, sin prisas, disfrutando del mar, de su olor, su sonido y sus vistas. Bueno sí, tengo que reconocer que me caí un par de veces al suelo, nuestras risas rompieron ese sonido de las olas al llegar a la orilla, pero aun así la paz, esa de la que tanta gente habla, pero pocos consiguen, la mental, nos invadió para el resto del día que, si empezó bien, acaba aún mejor. Un pícnic, dos amigas, el mar y un atardecer. Confirmando eso que dicen de que la vida es tan bonita que a veces parece de verdad. Lo es, claro que lo es, siempre y cuando te enfoques en vivir al límite. Como cuando corres por la arena y por mucho que te estés achicharrando los pies te da igual porque sabes que estas en el mar. Lo es cuando te rodeas de gente que te suma y te aporta, esas personas de luz blanca que entran en tu vida para quedarse y hacerla más bonita. Cuando eliges un trabajo que te apasiona y no tienes que trabajar ni un día de tu vida. Y así es la mía. Tengo que despedirme ya, la cena se va a enfriar y va a oscurecer. Recordar Hakuna Matata, ayer, hoy y mañana.

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