Cien años después de su muerte, Francisco Cánovas Sánchez revive en Benito Pérez Galdós. Vida, obra y compromiso (Alianza editorial) a un gran artista, escritor y dramaturgo.

Cánovas recuera, con toda la intención, ciertos aspectos de la vida de Galdós y de su pensamiento que fueron deliberadamente descuidados en otras biografías.

 

Leyendo a Galdós, a veces me he sentido como don Cleofás, aquel estudiante que cogido de la mano del diablo cojuelo, vuela sobre Madrid, “la Babilonia española”, hasta el capitel de la torre de San Salvador y desde allí, “levantando los techos de los edificios, por arte diabólica, lo hojaldrado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como entonces estaba” (El diablo cojuelo, Luis Vélez de Guevara). Mientras leía  Lo prohibido o Fortunata y Jacinta, sentía cómo Galdós, no el diablo cojuelo, me cogía de la mano y me enseñaba a pie de calle la realidad de Madrid y de sus habitantes. No lo real, lo que vemos afuera, sino la realidad, lo que subyace a lo real, lo que está debajo de las cosas, por ejemplo, lo que ocurre dentro de las casas o en el interior de cada uno de los personajes que las habitan. Leyendo a Galdós es posible ver de cerca la realidad de la España del siglo XIX “como entonces estaba”.

Cien años después de su muerte (1920), Francisco Cánovas Sánchez revive en Benito Perez Galdós. Vida obra y compromiso (Alianza Editorial, 2019), a un gran artista, escritor y dramaturgo inmerso en la realidad de su tiempo, a un gran observador que con la magia de su literatura y al estilo del diablo cojuelo le quitó al siglo XIX “lo hojaldrado” para que pudiéramos ver mejor y desde lo alto “el pastelón” de la España decimonónica.

Francisco Cánovas biografía a un gran escritor, pero no sólo se limita  a revivir la memoria de un autor especialmente dotado para las artes literarias,  sino que también recupera  y con toda la intención, ciertos aspectos de su vida y de su pensamiento que fueron deliberadamente descuidados en otras biografías. Detalles que no siempre han sido vistos con buenos ojos por los sectores más conservadores y tradicionalistas de la sociedad española, la de su tiempo y aún la del siglo XXI.

Contra este malicioso prejuicio, no exento de envidia,  Francisco Cánovas  destaca en su homenaje biográfico y literario a un intelectual progresista políticamente comprometido, sobre todo durante la última etapa de su vida. En su biografía considera a Galdós un escritor perfectamente integrado en las coordenadas históricas de la época que le tocó vivir, leer sus artículos, sus novelas y sus episodios es acceder a aquella realidad, la que aún fluye por debajo de la historia convencional de un siglo, el XIX, al que no se le ha dado la importancia política y cultural que tuvo y aún sigue teniendo.

Galdós vivió intensamente su último tercio, apoyó la revolución de 1868 y la vivió, como dice Francisco Cánovas, “con la esperanza de superar el atraso y avanzar hacia la modernización y la democracia”; también con la esperanza de “construir una sociedad más habitable y más digna. Por ello Galdós es contemporáneo nuestro”. La biografía es oportuna y esclarecedora. Superando los prejuicios  de otros biógrafos su autor afirma que “Galdós no fue un espectador neutral de la realidad social y política, sino que se involucró en ella y se comprometió en la construcción de una España más libre y solidaria”.

Galdós, burgués progresista, republicano y laicista, con un estilo literario realista y a veces naturalista, es decir, realista en extremo, muestra en sus obras una gran sensibilidad hacia la verdad humana, sensibilidad que se manifiesta claramente en los temas y en los personajes de sus obras. En mi opinión los protagonistas de sus novelas y episodios retratan a Galdós mucho mejor que Sorolla.

Uno de los capítulos está dedicado al tema “Arte y literatura: dibujo, crítica y coleccionismo”. No todas las biografías sobre Galdós destacan la importancia que tiene el arte en su obra. El mismo Galdós comentaba que los escritores “cultivaban el arte de pintar la vida humana”, también  en su discurso de ingreso en la RAE (1907) dijo que “la novela es imagen de la vida”. Francisco Cánovas sí le da importancia al Galdós pintor, caricaturista y crítico de arte, y lo demuestra con la caricatura que le hizo J. Moya a Galdós en 1898 (pág, 173). La caricatura actúa como una especie de pictograma, es decir, un dibujo sin palabras que se puede “leer”. Galdós está sentado en el sillón N de la RAE, y está rodeado de varios objetos que seguramente tienen algo que ver con lo que está escribiendo: un cañón en el que está escrita la palabra Luchana, una bala de cañón, un sable, dos gorros militares, uno de ellos es una boina carlista, el retrato de un militar, una escopeta y un legajo de papeles que no es otra cosa que el “convenio de Vergara”, el que puso fin a la Primera Guerra Carlista (1839). Galdós parece que está escribiendo, o tal vez “pintando”, el episodio Vergara o el episodio Luchana, ambos de la tercera serie y escritos en el mismo año (1899). Digo pintando porque en el dibujo Galdós está haciendo exactamente lo mismo que hacen los pintores de historia, recopilar documentos y rodearse de objetos antiguos con la intención de reflejar fielmente,  hasta el más mínimo detalle, la escena de época que se pretende reproducir en el lienzo. También se advierte en la caricatura, que Galdós sigue fielmente la técnica de los pintores retratistas para caracterizar a un personaje. En esta ocasión, con la intención de retratar por escrito al General Zumalacárregui, tiene su retrato a la vista. Una  vez dijo que tenía dibujados a todos los personajes de sus obras.

Pero el detalle más importante de la caricatura es ver que Galdós está situado, y no parece una casualidad, entre el lenguaje, representado por el sillón N de la Academia, y el arte, representado por el retrato de Zumalacárregui. Un detalle  que parece decirnos que en la obra de Galdós arte y literatura, visualidad y lenguaje se interrelacionan perfectamente. Todo esto lo hemos visto y lo hemos leído en este excelente dibujo o caricatura de Joaquín Moya, con ella Francisco Cánovas demuestra la importancia del arte en la obra de Galdós.

La biografía de Galdós de Francisco Cánovas nos desvela a un gran artista, a un gran escritor inmerso en “el pastelón” de la España del siglo XIX “como entonces estaba”. Como intelectual y gran observador, en sus obras analiza minuciosamente la realidad cultural, social y política de su tiempo, sus personajes recorren la historia del siglo XIX, viven la sociedad madrileña, el ocaso del régimen Isabelino, la revolución democrática de 1868 y el tiempo de la restauración. Su propia vida, sus episodios nacionales, sus novelas y sus obras de teatro conforman una biografía muy especial, la de la condición humana en la España del siglo XIX. Francisco Cánovas lo explica muy bien en Benito Pérez Galdós: vida, obra y compromiso.

José Rayos Menárguez: Historiador del Arte y Doctor en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura.

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