Palabra naturaleza. Pureza Canelo. Fundación Ortega Muñoz. Precio: 11,40 €.
Palabra naturaleza. Pureza Canelo.
Fundación Ortega Muñoz. Precio: 11,40 €.

La materia de profundización de Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946) tiene lugar en el propio acto poético, y esta indagación se remonta en el tiempo y tiene su espacio en el medio natural.

Como si la noción del conocimiento poético deviniese en una vía particular de conocimiento y aprehensión de la realidad última a la que el sujeto está llamado a responder.

Palabra naturaleza, editado por la Fundación Ortega Muñoz de Badajoz es una selección de poemas realizada por la propia autora a lo largo de sus doce entregas. El título connota la exploración metapoética y natural, como si fuese desconcierto y, a su vez, indagación; de un lado, el anhelo de alcanzar una dimensión originaria y de otro, la permanente tensión surgida de la conciencia de lo imposible. De este modo, el ejercicio poético se despliega como poleas que se mueven en distinta dirección y tensan cada vez más. Al habitar el mundo a través de la palabra poética, la esencia desplegada en el hecho poético se despliega en la imagen como puro acto engendrador.

Desde las palabras preliminares que Pureza Canelo escribe para esta selección poética comprendemos que reconoce lo inefable tanto en el entorno extremeño como en la propia poesía: «La naturaleza desvela alguna verdad de la poesía / pero explica ahora qué es la poesía». Como si la poeta fuese una moderadora en asuntos cósmicos. Así, lo declara con estas palabras: «Es el azar de la escritura cuando las palabras milagrosamente se “acoplan” a los lugares contemplados que merecen ser canto».

Ya desde sus inicios, Celda verde, se revela ya esta unión cosmogónica, mediante una actitud contemplativa: «Mi primer poema / lo dediqué al junco, / a la veleta en el horizonte, / a mis perros que ya corrían para alcanzarme / y morder de mi gaviota». Más adelante, se percibe que el sujeto ha encadenado la palabra a su estado anímico: «Sus frutos que aún no eran mis senos / olían a prisa / de crecer y entristecerme». En el fragmento seleccionado de Lugar común (Premio Adonais, 1971) la poeta cacereña se expresa de un modo similar: «y estoy bien así, dando palabras a la penumbra».

Lo que tanteaba se va decantando, como se ve en el poema «Palabras con Luis», El barco de agua (1974). En la naturaleza vislumbra la confluencia de materia y tiempo, como en la poesía, sin embargo, el proceso de unión es trabado, y no siempre la palabra, en su espacio cósmico se deja apresar, como muestra el verso repetido: «como la palabra flotando». Idea esta que acompañara a Pureza Canelo en las distintas entregas.

Canelo pondera el hecho poético como un sistema complejo de poleas temático y estilísticas. El estado de plenitud requiere una intensa elección de palabras, lo que nos aleja de la intuición y se convierte en raciocinio. El verso exige una ardua elección, y el sujeto se somete a la batida en búsqueda de la materia preciosa: «Por si acaso no deseo tomar el verso que brille, / ni los duendes en abundancia. / Triunfo de un desasosiego es mejor / que en cada momento tienen sus sustancias», perteneciente a Habitable [Primera poética].

El sentido de vivir consciente, atento a lo que pasa es cualidad del ser que muestra su relación con el mundo, en cuyo caso advierte en «Poema de los ojos distantes», de Habitable: «La palabra en mi terreno / va encendida de otra manera / a la contemplación que divide sus signos», que practica inevitablemente solitaria: «acaso una estancia del deber / que a solas cumplo».

La búsqueda del poema, a ratos juanramoniana, en ocasiones, cernudiana, y siempre, tan propia de Pureza Canelo, es costosa. Explorar en el hecho poético lo que nos asombra y emociona, la transparencia del ser, lo que se ama y piensa, termina siendo incomprensible desde su belleza. Para comprobarlo bastará con leer la prosa poética «Maíz», correspondiente a Tendido verso [segunda poética]. O algunos versos espigados de «Crepúsculo tú y yo», de No escribir: «No muevas el secreto de la poesía. / Sólo la existencia tú y yo. […] Ni en sueños salta / el secreto de la poesía. / Jamás».

En las muestras ofrecidas en Palabra naturaleza destacan las composiciones en prosa poética sobre el cauce del verso. Llama la atención que cinco libros de poemas, bastante bien representados por cierto en esta selección, los cuales fueron publicados entre 1990 y 2011, desde Pasión inédita a A todo lo no amado, ofrezcan el verso, aun siendo libre, tamizado, la expresión reconcentrada, con un estilo nominal, donde destaca el empleo de algunos recursos entre los que cabe nombrar a la elipsis, y la poeta cacereña regrese, después, en sus últimas publicaciones, a posarse en un cauce narrativo, en una enunciación más declamatoria, desde Oeste hasta la entrega de la serie Ventanas de la muerte, publicada en la Revista de Occidente (2018). 

De lo que no cabe ninguna duda es que el discurso poético de Pureza Canelo obedece a una exploración metapoética, que es también una búsqueda de su propia voz, porque es tan visible como oculto. En Palabra naturaleza se manifiesta el poder genésico de la poesía en el entorno natural, pero el encuentro que comienza en la mirada es también interior, introvertido, místico, pues llega a la piel hasta adentrarse en ella. Así se lee en el poema «Madera», de Oeste: «Leña y verso se funden, piden entre ellos dame tinta, temperatura, acción, clave del sonido: mística». Y lo que parece ser finalmente no es, lo que crea un movimiento tan vital como paradójico y, a pesar de todo, armónico, hermoso, sustentado en poleas que se tensan hasta dar con la poesía.

 

 

MAÍZ
¿Dónde te mueves, poema? Te he buscado entre maizales que subían más arriba de la boca. Tallos muy juntos daban temperatura de mar, sombra para insectos, respiración desolada. Una y otra vez esperando el encuentro allí donde el vegetal era la senda del extraviado. Semilla encerrada conmigo en el perfil de: ¿Quién dijo el poema está entre el maíz y los humanos ojos que esperaban? Ando el camino, absorta. Hermosa tarde de un campo que no ofrece sabiduría a este soñar que hilvanó alguna vez andadura pegada a la caricia, sabor, tacto de poema.

Pero hay estío y acequias por doquier. Huertos, pájaros manando que a lo mejor me ayudan. La creación, su hipérbole, su desolación. Así va el paso de horizonte. Si la perseverancia es el abismo y obedece a señales humanas, tendido verso aparece en propia casa: es el paisaje desnudo, sin los inventos. Aquí la palabra y los huesos que amo. 

(de Tendido verso [Segunda poética], 1986; Cuatro poéticas, 2011)

 

OLVIDO SE RESISTE
Marzo abre su azulejo
hacia luz que cegará.
Hierbas a la espera
de que se abra esa puerta
y al galope.

En la ciudad
veo el huerto de una casa
abandonada por los que allí
nacieron.
Olvido se resiste
quiebra pensamiento.

Pozo a la derecha
peral centro de savia
al fondo tres higueras
palmera cierra norte
sobre mi cabeza la vida
y a la izquierda un portal
enorme de golondrinas
que lo custodian

Marzo
viene provocador
a la ciudad que no me pertenece.

(de A todo lo no amado, 2011)

Pureza Canelo

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