Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Aplica en tu vida “El principio de importancia relativa” ¡Deja a un lado lo insignificante!

“Cuanto mayor es nuestro activo personal, más intrascendentes son los problemas.”

“No puedes dejar que tu montaña se desmorone por un grano de arena.”

El principio de importancia relativa o materialidad es un principio contable aplicado, fundamentalmente, en los procesos de auditoría, que consiste en:

Se admitirá la no aplicación estricta de algunos de los principios y criterios contables cuando la importancia relativa, en términos cuantitativos o cualitativos de la variación que tal hecho produzca, sea escasamente significativa y, en consecuencia, no altere la expresión de la imagen fiel”.

La norma técnica de importancia relativa define la materialidad como la magnitud o naturaleza de un error (incluyendo una omisión) en la información financiera que, bien individualmente o en su conjunto, y a la luz de las circunstancias que le rodean, hace probable que el juicio de una persona razonable, que confía en la información, se hubiera visto influenciado o su decisión afectada como consecuencia del error u omisión.

Para la cuantificación de esta materialidad por parte del auditor se aplican determinados porcentajes sobre el volumen del activo y de la cuenta de resultados y en cuanto a lo cualitativo es un criterio que aplica a su juicio el auditor.

Y esto ¿qué quiere decir?

Pues quiere decir que todo es relativo, que una omisión o un error, de una determinada cuantía en el registro de un hecho contable debe ser comparado con el volumen del activo o la cuenta de resultados de la empresa a la hora de determinar si puede alterar la imagen fiel del patrimonio o condicionar o influir en la toma de decisiones. Que, cuanto mayor sea el volumen de ese activo, esa misma cuantía tendrá una menor importancia en términos relativos; esto sin entrar en los aspectos cualitativos como la voluntariedad o la mala fe.

Por ejemplo: un error u omisión de 5.000€ no tiene la misma importancia y trascendencia en una empresa con un activo valorado en 50.000€ que en una empresa con un activo con un valor de 50 millones de euros.

¿Y qué pasa si trasladamos este principio al campo personal?

En realidad funciona de la misma manera.

Cuando nos preocupamos por determinados asuntos y les damos una importancia trascendente, lo estamos haciendo desde nuestro punto de vista, desde nuestro balance personal. Si el valor de ese balance personal no es muy elevado, muchas cosas a nuestro alrededor se tornarán en problemas porque tendremos dificultades  para relativizarlos, para aplicar el principio de importancia relativa, dada la magnitud de nuestro activo.

En cambio, cuando crecemos personalmente, cuando ampliamos nuestro balance personal, incorporando nuevos activos como la inteligencia emocional, la empatía, asertividad, la mirada sistémica… y recibimos de los demás aportaciones de capital, inversiones en nosotros en forma de escucha, reconocimiento, gratitud, confianza… estamos aumentando considerablemente el valor emocional de nuestro activo y de nuestro patrimonio personal y ello nos va a permitir contar con  nuevos recursos y alternativas; veremos retos y oportunidades en lo que antes eran amenazas y problemas. Esto nos va a proporcionar estados de realización personal y satisfacción más elevados que ya no vamos a querer abandonar, como una empresa que consigue una senda de resultados positivos y que tampoco quiere dejar.

Habremos alcanzado otro nivel en el que aunque seguiremos teniendo problemas y preocupaciones, éstos serán diferentes y los afrontaremos también de manera diferente porque contaremos con más recursos.

Es en este momento cuando mucho de aquello que nos preocupaba en el pasado cuando todavía no habíamos crecido personalmente, se vuelve secundario, irrelevante comparado con el valor actual de nuestro activo, con nuestro nivel de satisfacción, y lo relativizaremos aplicando, ahora sí, EL PRINCIPIO DE IMPORTANCIA RELATIVA en la empresa de la vida y esto nos ayudará a ser más felices, y no vamos a permitir que lo pequeño, lo intranscendente afecte a la imagen fiel de nuestro patrimonio, es decir,  a nuestra  mejor versión.

La clave por lo tanto está en ti, en tu evolución y crecimiento personal, en el crecimiento de tu activo, en abandonar tu dimensión de micro empresa y convertirte en una pyme primero para luego pasar a ser una gran empresa que opere en mercados más globales. Que llegues a más gente, que amplíes tu universo y que des importancia a lo que realmente la tiene, a aquello que puede afectar a tu nivel de felicidad, de realización personal y dejar a un lado lo insignificante, lo intrascendente porque no vas a estar dispuest@ a que tu montaña se desmorone por un grano de arena.