Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

MÁS NADALES Y MENOS MARADONAS Sólo talento no es suficiente

Todos los seres humanos, por el hecho de existir y vivir en sociedad, al relacionarnos, ejercemos una influencia directa o indirecta sobre los demás, en nuestras interacciones con ellos.

Si bien, el nivel del impacto de esta influencia está relacionado con el valor añadido que aportemos a la colectividad con la que interactuemos.

Las grandes gestas, sobre todo a nivel deportivo, suelen ser un claro ejemplo de la capacidad para generar esa influencia en un colectivo muy numeroso que toma al artífice de ese logro como un referente y ejemplo a seguir en la consecución del éxito.

Si bien todos tenemos una responsabilidad sobre nuestra influencia en los demás, en las estrellas que consiguen logros mundiales y que conectan con el sueño y el anhelo de millones de personas de conseguir sus metas, en estos casos, quizás la responsabilidad sea mayor.

Por lo tanto, lo mismo que sucede en el mundo de la empresa, donde no se debe separar el profesional de la persona, ni los beneficios generados deben ser valorados de manera ajena a la Responsabilidad Social Corporativa, así en los casos de éxitos deportivos, tampoco se debe separar la persona del deportista, ni valorarse los logros de manera independiente de la contribución social de los mismos y de la persona que los consigue; es decir, no sólo debería tenerse en cuenta el talento aplicado al desarrollo de una  competencia y sus resultados, sino también cómo influye esto de una manera integral en los demás.

Desde mi punto de vista, para valorar el éxito como algo excelente, considerar sólo el talento, no es suficiente.

Alguien dijo que el talento está en hacer y la sabiduría en decidir; para mí, ambos son la clave de la excelencia. De nada sirve cosechar magníficos resultados si no se completan con una adecuada toma de decisiones: respeto por el entorno, buenas amistades, prácticas saludables alrededor de la actividad principal, actos con repercusión social positiva, mensajes integradores y motivantes… Sólo así se podrá considerar a una persona o a una empresa excelente; focalizarse únicamente en el YO no es suficiente, se necesita el NOSOTROS.

No conozco en profundidad a los dos personajes del título de este artículo, como les ocurrirá a millones de personas, y lo único que puedo juzgar es lo que sucede en la cancha/estadio, hacerme una idea del sacrificio que supone llegar hasta ahí y mantenerse y respecto a su entorno, contar con la información que me llega a través de los medios: sus mensajes y sus actos. En realidad, para el gran público, para aquellos que no estamos en sus círculos cercanos, es lo único que tenemos para forjarnos una opinión, claro está, filtrando siempre previamente esta información y contrastando varios medios.

Desde esta perspectiva de la información mediática, podría decir que quizás Nadal está más cerca de mi concepto de EXCELENCIA que Maradona, si bien que cada uno juzgue como considere, según sus creencias y valores.

En términos macroeconómicos, John Nash decía que Adam Smith se equivocaba, ya que el bienestar social no se consigue sólo persiguiendo el bienestar individual, sino persiguiendo el bienestar individual y al mismo tiempo el de los demás

Desde el punto de vista empresarial, Michael Porter comenta que tenemos que ir más allá de la generación de valor para los accionistas y evolucionar hacia la Creación de Valor Compartido haciendo que los resultados empresariales contribuyan a generar un valor integral que abarque a todos los stakeholders: accionistas, clientes, sociedad, empleados, colaboradores…

En base a lo anterior y como he comentado antes, para mí las metas y objetivos que llevan a los logros y éxitos, de cualquier empresa o individuo, deben formularse incluyendo también el NOSOTROS y no solamente el YO, porque siempre debes contar con los demás para conseguirlo.

Los logros egocentristas basados sólo en el YO quizás a veces consigan resultados cortoplacistas de mayor cuantía, pero no de mayor valor y sostenibilidad, y para distinguir ambos, abogo por un sistema objetivo de reconocimiento y valoración que vaya más allá del mero resultado y tenga en cuenta otros factores no solo económicos y deportivos, sino también sociales.

Por lo tanto, para mí el líder empresarial y el ídolo deportivo, deben trascender más allá de los resultados y generar una influencia sostenible en su organización y en sus seguidores que fomente la cooperación, la competencia sana, la exigencia y consecución de logros y resultados, la generación de un espíritu de sacrificio y superación, la transmisión de sólidos valores, el aprendizaje continuo, y la consideración siempre de los demás en el diseño de sus planes y metas.

Sólo así podrán considerarse líderes e ídolos EXCELENTES.