Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

¡HOLA! ME LLAMO CREATIVIDAD. ¡Menudo alivio! Al fin puedo conectar y salir

Nuestro cerebro trabaja al servicio de nuestro talento creativo.

La creatividad, como base de la innovación, es un producto muy codiciado por las empresas.

Desde muy pequeña, he sido una gran entusiasta de la invención de cosas, circunstancias y personajes que necesitaba para la puesta en escena de mis aventuras, totalmente reales para mí en esos días.

Recuerdo un día soleado, tendría unos ocho años, que me levanté y me dije: “hoy hace un día espléndido para irme de excursión al río con Paula y sus primos”, mis muñecas y muñecos. Y sin tan siquiera plantearme la inexistencia de un río dentro del jardín de la casa de mis padres, preparé las mochilas de Paula y sus primos para irnos de excursión al río.

Salí con ellos por la puerta de la cocina hacia el jardín, los puse cómodos sobre el césped, tendidos en sus toallas, y, eso sí, a la sombra del almendro, protegiéndolos de los rayos del sol de ese maravilloso día de verano. ¿Y el río?, me pregunté, ¡ah!, sí, ya lo veo.

Coloqué unas cuantas piedras a lo largo de la pendiente de la parte trasera de la casa que comunicaba los dos niveles del jardín y me hice con la manguera del riego. La subí todo lo alto de la pendiente que la pesada y larguísima manguera me permitió, la sujeté con piedras y tapé su fea boquilla de riego con plantas y hojas. Comencé a abrir el grifo muy despacito, dejando un caudal de agua muy fino que se iba entremetiendo por las piedras. Llamé a Paula y a sus primos: ¡despertad! “vamos a darnos un chapuzón en el río antes de comer”.

Con los años, mi curiosidad fue en aumento. Me llamaba la atención cómo se pintaban, sin que mancharan, las líneas rojas y azules de la bolsa del pan de molde que tomaba para merendar o qué tenía el líquido con el que se fregaban los platos para que fuera de color verde y al agitarlo con agua desapareciera el verde y se convirtiera en una espuma blanca. Miraba a mí alrededor y me preguntaba: ¿cómo harán todas estas cosas?

Esta curiosidad me llevó a estudiar Ciencias Químicas, especializándome en química orgánica. La especialización en orgánica me activó aún más la curiosidad de cómo, partiendo de unas moléculas, relativamente sencillas, las empresas llegaban al producto final que la gente terminaba comprando.

La oportunidad de entender todo ello y formar parte del ciclo de vida del producto la tuve en una multinacional líder en su sector.

Durante los diez primeros años en la compañía, mi creatividad fluía y rebosaba frescura. Asumí responsabilidades en nuevas posiciones en las que la compañía quería ser pionera y me sentía como “pez en el agua” con mis aportaciones creativas.

Sin embargo, sin ser consciente de ello, la presión del día a día, las responsabilidades, las preocupaciones, las complejas decisiones, los viajes continuos, el entorno convulsivo que se estaba instalando a raíz de un expediente de regulación, etc., fueron acallando mis ideas y estas ya no brotaban con la misma fluidez y entusiasmo.

A finales de 2008, tras la decisión personal de liderar mi propia empresa, dejé la compañía.

Era un día de primavera de 2009, después de casi cinco meses sabáticos desde mi salida de la compañía, cuando sentí, literalmente, cómo, de la parte izquierda de mi cabeza, se desplazaba hacia afuera una especie de masa o pesadez interna. A partir de ese momento, me embargó una auténtica sensación de liberación, seguida de un torrente de ideas perfectamente combinadas y ajustadas a mi nuevo proyecto empresarial, como si se tratar de una tubería de riego, que se le salta un tapón y el agua limpia y transparente sale a borbotones.

¡Hola, Arantxa!, me llamo Creatividad, ¡menudo alivio! al fin puedo conectar y salir.

¡Qué alegría, Creatividad! ¡Sigues ahí después de tantos años! ¿Dónde estabas? ¿por qué no aparecías?, te he necesitado y no estabas.

Demasiadas preguntas, Arantxa. Yo siempre he estado aquí. Te llamé muchas veces por nuestra línea interna de comunicación, pero había muchas señales de interferencia y ruido que no permitían la conexión. Necesitaba contarte todas las nuevas ideas que estoy continuamente asociando desde diversas y distantes áreas para darte las soluciones, pero no había conexión contigo para transmitírtelas, por lo que no creo que te estuvieras enterando de ellas.

Estoy desbordada de nuevas ideas y, por eso, en cuanto nos hemos conectado, he salido con tanta fuerza. Disculpa, no quise abrumarte.

Entonces, ¿cómo lograste conectar al final?

Eso digo yo, ¿qué hiciste, Arantxa, para que pudiera conectar?

No sé. Sólo sé que llevo cinco meses conociendo gente nueva, viajando con mis amigos y amigas, disfrutando de nuevos lugares con mi familia, haciendo reformas en casa, aprendiendo muchas cosas nuevas, descansando, comiendo y durmiendo ordenadamente.

Claro, ¡ahora lo entiendo! Sólo me desarrollo en la zona alfa, y mis chispazos “eureka” emergen gracias a gamma y, por lo que me cuentas, Arantxa, tú estabas en la zona beta, bueno, más bien, en la beta “chunga”.

Además, estar en la zona beta hace que la parte izquierda esté superocupada y no considera a la parte derecha, que es la ruta por donde yo voy para conectar contigo.

Gracias, Creatividad. Ahora ya no voy a dejar que nada nos desconecte.

Actualmente, ya no tengo sequía de ideas. Vivo plenamente conectada y con la maravillosa experiencia de ir sintiendo la fluidez de las ideas a medida que van emergiendo.

Nuestra capacidad creadora, cualidad identitaria de la naturaleza humana, se desarrolló mucho antes de lo que se pensaba, incluso antes de la aparición del Homo sapiens, hace 200.000 años.

Las investigaciones han puesto de manifiesto que, aunque la capacidad de crear surgió muy pronto, se mantuvo latente durante milenios. Nuestro poder para la innovación no emergió de repente en nuestra historia evolutiva, sino que se fue gestando durante cientos de miles de años gracias a una compleja mezcla de factores biológicos y sociales.

Los datos indican la profunda transformación de nuestro cerebro a lo largo del tiempo para posibilitar, entre otros, los procesos neuronales de nivel cognitivo que contribuyen a la emersión de nuestra actual capacidad creativa. Así mismo, se originó una mayor conectividad cerebral, con lo que se obtendrían comunicaciones más complejas y directas entre las neuronas.

Nuestro cerebro trabaja al servicio de nuestro talento creativo, combinando y asociando cosas previamente conocidas para producir algo nuevo. Algo que nos va siendo comunicado a través de la conexión interna con nosotros mismos.

La capacidad creativa de nuestro cerebro se produce gracias a la contribución equilibrada de dos tipos de pensamiento: el asociativo y el analítico; o bien, como otros autores lo denominan, el pensamiento divergente y el convergente.

De cada uno de estos dos pensamientos se encarga un hemisferio cerebral: el hemisferio derecho se responsabiliza del pensamiento divergente y el hemisferio izquierdo del pensamiento convergente.

En pocas palabras, diríamos que, cuando por los motivos que sean el hemisferio izquierdo está apantallando, inhibiendo o bloqueando el hemisferio derecho, el pensamiento divergente o asociativo no puede conectar y si, además, no estamos conectados o asociados con nosotros mismos, la creatividad generada no se nos manifiesta.

En base a las últimas investigaciones científicas, nuestro cerebro requiere de cuatro elementos clave para posibilitar y emerger la obra creativa:

 

  1. Mayor producción de ondas alfa
  2. Tendencia a estar conectado con uno mismo
  3. Desinhibición cognitiva
  4. Alto nivel de competencia

(Cociente intelectual alto y alta capacidad de memoria de trabajo)

Actualmente, vivimos en un entorno en plena disrupción y altamente tecnológico, donde la creatividad, como base fundamental de la innovación, ha pasado a ser un producto muy codiciado para las empresas.

Al mismo tiempo, la transformación paulatina hacia el entorno digital, donde todo aquello que pueda ser digitalizado o automatizado lo será, convierte nuestra capacidad creativa en algo extremadamente valioso.

Inspirada en Steve Jobs, aprovecho este espacio para haceros conscientes, del hecho simple de que todo lo que os rodea, a excepción de la naturaleza, fue creado por personas que no son más inteligentes que vosotros y vosotros tenéis la capacidad creativa para cambiarlo, para influir en ello y para construir por vosotros mismos cosas que pueden seguir mejorando el mundo, pero, sobre todo, ayudando a otras personas.

Las maquinas serán buenas copiando y aprendiendo, pero nunca, siendo… génesis. Ese es tu gran valor ¡conéctate y déjalo salir!