Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres
Preciado silencio

Preciado silencio

Doscientos ojos me observan y con aparente serenidad miro al infinito.

Me siento.

Analizo los movimientos internos de mi cuerpo, y compruebo cada uno de los engranajes.

Todo está en orden.

Los latidos me llevan a una burbuja en la que se habla otro idioma.

Tengo una sensación de calma y silencio que se apodera de mí.

Difumino  el espacio con claroscuros que cubren con dignidad las  paredes flexibles y dúctiles.

El sentido del tacto crea superficies aterciopeladas de colores suaves.

La estabilidad  me lleva a romper la calma y desear un cambio profundo, desgarrador, intenso y enérgico.

Se acerca un remolino que altera la forma y me pide consejo para destruir con orden los pilares que sujetan lo habitual.

Poco a poco empieza a resquebrajarse todo.

Con un sonido ensordecedor tiembla el espacio y se convierte en quejas que me transportan a situaciones no vividas, con una intensidad que va del blanco al negro.

El cromatismo  que me rodea, empieza a suavizar el aroma con los sonidos de la desolación, acompañados de bellas melodías de tiempos pasados.

La bruma no me deja distinguir lo real, y me arriesgo utilizando toda mi energía.

Tropiezo con los escombros una y otra vez.

Los lamentos quedan resonando y brillan en la distancia ante la fuerza temblorosa de los afectos.

Y luego, como siempre, el preciado silencio.

 

Me levanto, apoyo mi mano izquierda en el piano,  y con una sonrisa me inclino para dar  las gracias al público.