Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres
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El Lagar de León: GORDONZELLO

Lo primero que destaca es la construcción de la bodega (tienen previsto construir una nave más para ampliar la capacidad y la oferta), pegada a un recorte del monte para facilitar la traída de la uva y que ésta se deposite en las tolvas, como primer paso para la fermentación del vino y su posterior fabricación y embotellado. Todo lo hacen en esa nave, donde se pueden ver los grandes recipientes donde reposará el mosto hasta que llegue su gran oportunidad una máquina moderna que ocupa la zona central y que es capaz de embotellar, encorchar y etiquetar 4.000 botellas por hora.

Bodegas Gordoncello
Nuestro director hablando con la responsable
comercial Sira Burón. Foto: Carlos García

Lo segundo, la amabilidad con que nos trata la responsable comercial de la empresa vitivinícola, la ilusión con que explica la evolución de esta bodega joven (1995), aunque con la suficiente experiencia como para producir algunos de los mejores vinos de la Denominación de Origen de León y el criterio para elegir los lugares que debemos visitar, desde lo alto del cerro desde el cual se ven todas la viñas, el museo natural donde se pueden observar los distintos tipos de uva que se dan por esos lares y las instalaciones donde va a confluir el trabajo de 27 personas en total. La atención que se nos dispensa no difiere de la que obtienen todas las personas que asisten regularmente a visitas guiadas (una de las actividades de la bodega) y que pagan un euro por un motivo fácil de entender: así dedican más atención a las explicaciones. Un privilegio fue poder degustar el primer mosto de una cosecha de prieto picudo: una sensación nueva que recordaremos.

El proceso de elaboración del vino tendrá que quedar para otro momento. Llegamos en tiempo de vendimia y, tanto el enólogo de la bodega, como los operarios, incluso el gerente, que nos saludó y brindó con nosotros, estaban muy ocupados. Tiempo habrá de volver a Gordoncillo y completar las abundantes explicaciones de la directora comercial de Gordonzello, Sira Burón Miranda.

Por el momento, podemos disfrutar de sus respuestas a una entrevista que le hicimos sobre el terreno, ante una tentadora selección de vinos: prieto picudo (la uva de la zona por excelencia), albarín y verdejo.

Bodegas Gordoncello
Botella de Peregrino
Foto: Carlos García

Tenéis un vino estelar, que, de momento, es el que más tira de la bodega: Peregrino. ¿Qué características tiene este vino que lo diferencie de los demás?
Peregrino es la línea principal de la bodega con denominación de origen León. En esa línea van los vinos jóvenes: peregrino blanco verdejo, peregrino albarín, peregrino rosado con esa elaboración tradicional, el peregrino blanco joven y el peregrino roble. Y después, en nuestra familia de vinos, está también el peregrino con nombre propio, que son unos vinos un poco más especiales, con una elaboración distinta y una presentación que se diferencia de la línea general de peregrino. Esos serían, el Gurdons, que cada vez tiene más éxito, todos los años se agota, la Costana, el Peregrino catorce, el Peregrino 1.100, Quira, un albarín cien por cien fermentado en barrica, el Peregrino 1.100, que es el vino institucional de la creación del Reino de León, el que se hizo con el motivo del 1.100 aniversario y del que sólo hemos sacado al mercado dos añadas, porque creemos que lo que hay que primar es la excelencia con ese nombre.

Bodegas Gordoncello
Botella de Gurdos
Foto: Carlos García

Te voy a pedir que nos recomiendes un vino de vuestra bodega.
Cada vino tiene su momento. Entonces, elegir sólo uno es muy difícil. Pero el más representativo de la variedad prieto picudo, por su elaboración tradicional, es el Gurdos, que además recibe un nombre que viene del origen fonético de Gordoncillo, de nuestro pueblo.

Las bodegas se han convertido en lugares de encuentro; donde alrededor del vino se llevan a cabo otras actividades.
Realmente, lo que nosotros hemos querido recuperar es todo eso; lo que un día se perdió. La bodega, la vendimia, el vino, la tierra siempre han sido un lugar de encuentro. El vino formaba parte de la alimentación básica de la gente. Se vendimiaba en familia, se elaboraba el vino en familia, se merendaba en familia en torno a esa actividad. Eso es lo que hemos querido recuperar: devolver a la gente a ese entorno rural, al descubrimiento de cómo se hacen las cosas, bien hechas y con cariño. No sólo el vino se ha convertido en un punto de encuentro, sino lo que hemos hecho es rescatar al vino de la industrialización que se sufrió en los años 60, 70, 80, y que poco a poco se está volviendo a la tierra, a los monovarietales, a la recuperación de variedades que estaban desapareciendo; como nosotros que, desde el 95, estamos recuperando la prieto picudo, la albarín blanca. Se ha pretendido concienciar, sobre todo a la gente joven cada vez más, de que esto es un modo de vida, forma parte de nuestra cultura; no es una industria.

Hace un momento hablábamos de todas las actividades culturales (catas, cursos, conferencias…) que lleváis a cabo alrededor de la bodega y me decías que si no las tuvierais las generaríais. ¿Qué proyectos tenéis en ese aspecto?
La verdad es que hacemos muchas cosas. Por lo tanto ahora no tenemos ningún proyecto grande e innovador. Hacemos cursos básicos de cata, poda, hasta manejo y servicio del vino; colaboramos con las universidades, maridajes, cenas a ciegas, una carrera popular, etc…

¿Cuál es el mayor peligro climatológico para las viñas?
El granizo.