Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

SENTIR LA PANTALLA Con todos los sentidos puestos en el stop motion

Una obra de arte fría, que no es capaz de transmitir emociones ni de hacernos sentir, no es lo mismo que aquella que sí es capaz

Somos seres humanos que sienten con los sentidos y que tienen emociones.

Si una obra de arte es capaz de aludir a todo ello y ser bella en todos los sentidos, sin centrarse exclusivamente en la vista, su calidad será mucho mayor que la de una simple obra de arte fría, exclusivamente visual.

No por ello, ni mucho menos, una obra de arte fría dejará de ser bella. Los edificios del movimiento moderno de principios del siglo XX son bellos visualmente; aunque, por otro lado, parezcan incapaces de hacernos sentir algo más.

Juhani Pallasmaa trata en su libro Los ojos de la piel la idea de que la vista ha ostentando la hegemonía de nuestro arte y cultura durante toda nuestra historia y sigue haciéndolo cada vez más. Además, recalca la importancia de considerar el resto de sentidos. En sus palabras: “la vista nos separa del mundo, mientras que el resto de sentidos nos une a él”.

El cine, en general, trata de contarnos una historia a base de imágenes. Sin embargo, estas imágenes no serían nada si no fueran capaces de transmitirnos otras sensaciones que podamos sentir y experimentar con el resto de nuestros sentidos. Es cierto que una película nos llega a través de los ojos y los oídos; pero, del mismo modo en que una película sin sonido no sería capaz de llevarnos al lugar donde sucede la acción, una película tampoco provocaría el efecto deseado si no pudiese aludir a todos los sentidos, cuando apareciera una deliciosa comida o un desagradable olor inundase la escena, haciéndonos sentir algo agradable con el gusto o algo repugnante con el olfato.

En particular, la animación es uno de los géneros en los que todo esto es más difícil de conseguir y al mismo tiempo uno de los que más fácilmente nos permite jugar con nuestras emociones. En un proyecto de animación, el cineasta debe crear un mundo entero. Debe crear los escenarios, el aspecto de las ciudades, las casas, la naturaleza y a todos y cada uno de los personajes que aparezcan. Todos los planos son recreaciones ficticias, irreales de la realidad que, en ocasiones, tratan de reflejarla fielmente y, en otras, simplemente reinterpretarla. El creador de una animación tiene total libertad para hacernos sentir de formas muy variadas; puede jugar con diversas texturas, colores, materiales, para crear su propia realidad.

Pero no todos los tipos de animación son iguales, y no todos consiguen provocar el mismo efecto en el espectador. Sobre la arquitectura, Juhani Pallasmaa dice: “El ordenador crea una distancia entre el autor y el objeto. El dibujo a mano o la confección de maquetas colocan al proyectista en un contacto háptico con el objeto o el espacio”. Con el stop motion y la animación por ordenador sucede lo mismo.

En una película de stop motion, todo es construido a mano y esa sensación de realidad, de que lo que ves en la pantalla realmente existe en la realidad y no es un mundo totalmente digital que lo imite, es, simplemente, inigualable.

No pretendo quitarle el mérito a la animación por ordenador, de ninguna de las maneras, pues es también un proceso altamente complejo y largo. Sin embargo, sí pretendo recalcar la capacidad de la animación stop motion de transmitir sensaciones que no son exclusivamente visuales, sólo con sus imágenes.

Las imágenes de una animación stop motion tienen texturas reales, texturas que alguien ha hecho a mano. La luz, si bien artificial, es real, no digital. Los personajes existen. Sus bocas se mueven porque alguien las está moviendo en cada fotograma. Y todo ello se siente. Se experimenta a través de los sentidos, y no solo se ve por los ojos, pues también se toca a través de ellos.

Porque el buen cine también se ve, se huele, se escucha, se degusta y se toca.