Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

AMABLE ARIAS PALABRA Y PINCELADA VERDADERAS Un mensaje contra la cobardía humana

La obra de Amable Arias es extensa e intensa y se manifiesta a través de la literatura, sobre todo la poesía, y la pintura.

Amable, hombre-lucha-autodidacta, bebió en las fuentes del compromiso y de la denuncia para apostar por la dignidad de le pobreza y de la humiuldad.

Amable Arias, nace en Bembibre (León, 1927); fallece en San Sebastián (1984). Este creador leonés es uno de los casos más llamativos de olvido en vida y que, recientemente, gracias a la labor de amigos, conocedores de su obra y, en concreto, por el empeño de su compañera, Maru Rizo, lentamente, se da a conocer, a reconocer y a admirar su obra.

Una obra extensa e intensa que se manifiesta a través de la literatura, sobre todo la poesía, y la pintura. Las diversas exposiciones realizadas, recientemente, y la edición de sus poemarios en las editoriales leonesas Lobo Sapiens y Eolas, más la atención del Instituto de Estudios Bercianos, han logrado cierta difusión de la capacidad creativa de Arias. Miembro fundador del Grupo Gaur junto a Chillida, Oteiza, Zumeta, Sistiaga y otros, en las últimas décadas le llega el reconocimiento que en vida no disfrutó

Varias ediciones de poemarios, así como los catálogos, se editan atendiendo la doble faceta pictórica-poética, sin dejar de desgranar reflexiones del autor para quien “el arte es sublimación, una especie de sueño donde se unifican o se vuelven al revés nuestras insatisfacciones. Sólo que, más distante del yo, es oportuno para que otros seres entren a ver, a oír, o sentir este enrevesado mundo y, por ende, es el más directo medio de comunicación. El otro, es el amor”.    

Este creador berciano vive en su ciudad hasta los 14 años, edad en la que emigra a San Sebastián. Del Bembibre natal guarda intensa memoria; será su paraíso, el espacio del que nunca podrá ser expulsado. A los nueve años, mientras jugaba entre los vagones de la estación, sufre un aplastamiento que le provoca una grave minusvalía física y también el desprecio y el maltrato  por parte de su padre. Esta circunstancia no le aminora; gracias al cariño y al apoyo de su madre y, consciente de sus limitaciones intelectuales, se aplica con fortaleza a la autoformación mediante la voraz lectura, a la vez que se ejercita en la escritura y, sobre todo, en la pintura.    

Sus dibujos, aparentemente, son trazos sencillos y rápidos -negro (tinta china) sobre blanco (papel)-, plenos de mensajes y compañeros, que no comparsas, de los poemas. En Amable, dibujos y poemas confirman un todo cargado de mensajes que se apoyan sobre el vértigo que produce el campo blanco, el vacío que hoja  o lienzo imponen.

En una primera mirada, los dibujos bien pudieran parecer bocetos o recursos semielaborados para obras de mayores dimensiones; mas no, son intencionados, siluetas breves. Sean claros en el bosque o encina solitaria en la estepa, manifiestan ser el gozne que ata a la vida. Un puente de resistencia. Si vivir, para todo ser humano, es resistir, en el caso de Amable Arias la resistencia es más exigida y más urgente dada su precaria salud, dada su limitación física. Estas condiciones, a él llegadas dramáticamente desde la niñez, le fueron impuestas, sobrevenidas, un mal regalo de los dioses que se multiplicó con el poco afecto recibido de su padre, mas todo sirvió para que la vida se convirtiera en anhelo y en resistencia. Entre estos dos puntos nace y progresa la fuerza creadora del artista. Estas expresiones son el resultado de un lector que recoge contenidos, que los acuna y anida, interioriza y expone provocando el observador atención y sorpresa.

Sea desde la pintura llegada la inspiración poética o viceversa, y siempre desde el autodidactismo, la reflexión y las conversaciones con los amigos, Arias deambuló en su quehacer cargado de pocos materiales y de mucha esencialidad. Entremezclando trazos, retorciendo espirales o alargando rectas se explican teleologías sobrepuestas a los poemas, pero ninguna ausente de carga elocuente para el lector:

 

Quién
y quienes rescatarán este siglo
de infamia
mientras fumo y leo estoy perdido
para siempre del mundo. Pero
me habéis de ver en la mañana al doblar
la calle fumando y riendo
y luchando por el rescate de la humanidad.

 

Tras aparente tedio, sus poemas se acogen tras la esperanza salutífera de la lucha. La desesperanza reinante le puede cegar la utopía explicitada tras la brega individual, tras el compromiso filantrópico. Este compromiso del autor se plasma de continuo frente a “lo abyecto”, pues acepta la fuerza polifónica y polimórfica de las dimensiones humanas para enfrentarse a las desgracias. Y Amable, ejemplar y vitalmente, lo explicitó.

La expresión comprometida tras los grafismos, tras las rotulaciones literarias que van poblando las páginas con figuras minimalistas y abstractas, tras metáforas y otras figuras literarias precisas, son expresiones de lento repaso y de nacimiento rápido, propias de quién apura la vida y la saborea con urgencia, pues es conocedor de la brevedad de su tiempo entre los humanos, de ahí que anhela dejar un mensaje austero y auténtico, creativo y contundente. Un mensaje comprometido con la vida y su sencillez, denunciador de los conceptos y contenidos que manipulan al ser humano secularmente. Las cosas, los animales, la tierra (El Bierzo) y los seres queridos están ahí; los falsos profetas y los manipuladores, las baratijas y engañifas se patentizan. Esta cantidad de contenidos contrapuestos los deshoja en expresiones líricas, en pinceladas plásticas. Un solo ejercicio creador es insuficiente para anunciar o denunciar. Precisa de las dos habilidades creativas y complementarias.

Amable, hombre-lucha-autodidacta, bebió en las fuentes del compromiso y de la denuncia para apostar por la dignidad de la pobreza y de la humildad, ante las que nunca se mostró tangencial ni ausente. De rostro afable, pendía un cuerpo maltrecho que se balanceaba en la gravedad.  También desde este vaivén atisbó la jungla humana, sus ruinas (lo que permanece vivo), y sus riquezas y posibilidades. Amable Arias, pues, sabe del valor de la palabra y de la pincelada. Son voces o heridas salutíferas. Así entre el trazo simple y el verso corto discurre un canto y un llanto a la vida. Su entrega y obra están ahí como eterno mensaje que requiere lectores. Como mensaje contra la cobardía humana, un eterno innecesario que exige enfrentarse y superar.