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MIGUEL PARDEZA / ESCRITOR El fútbol también es una novela

Angelópolis (Renacimiento) podría considerarse una vuelta de tuerca a las posibilidades de renovación personal latentes en el declive profesional.

Siempre hubo muchos escritores aficionados al fútbol, ahora son más visibles; no tantos a la literatura o, al menos, no son tan visibles todavía.

Miguel Pardeza ya no es un aficionado; y no lo digo sólo por su faceta novelística –vida y ficción insertada en la realidad− sino por los numerosos artículos que ha escrito para la prensa cuyo motivo en gran medida ha sido la propia literatura. El hecho de conocer bien el trasfondo de muchos escritores relevantes corrobora esta suposición y demuestra que su aproximación a lo literario se diría igual de natural que su aproximación al área contraria con un balón en los pies en un campo de fútbol.

A cierta edad –le llevo 6 años a Miguel; con lo cual nuestra trayectoria se ha desarrollado en el mismo espacio y tiempo, si bien en distintos terrenos de juego− se empieza a tirar mucho de los recuerdos y eso a veces nos conduce a campos trillados y a asuntos de los que ya se ha escrito mucho. Pero, en fin, aunque trillados, son los que tenemos y la figura de Miguel Pardeza, escritor, se presta a ello. A la espera de poder hablar de Angelópolis con el autor –la covid-19 nos ha alejado también de las novedades editoriales−, malo no será acudir a alguno de ellos.

Conocí a Miguel Pardeza primero en imágenes y luego por boca de amigos cercanos a ambos. Como aficionado al fútbol y, sobre todo, al Real Madrid, Pardeza fue durante años una parte en la imagen de la Quinta en mi cabeza, incluso cuando volvió para triunfar en el Zaragoza, incluso después. Pardeza siempre fue parte del Madrid. Como aficionado a la lectura y redactor de una revista de libros creada en la década de los ochenta del siglo pasado, a través de la mención frecuente de amigos comunes (cito bote pronto a Ramón Acín, Antón Castro y el buen escritor y mejor persona, Félix Romeo Pescador, fallecido) y de la apreciación de un fenómeno, poco común entonces; un futbolista que leía y, para colmo, también empezaba a escribir. No lo conozco personalmente; de modo que me dispongo, todavía en cuarentena, a esperar dos cosas: conocerlo y poder leer el libro pronto.

No eran buenos tiempos para la comunión entre fútbol y literatura. Hablar de fútbol en las reuniones sociales de los escritores y demás fauna cultural era como si estos salieran de un armario y se arriesgasen a ser tildados de poco intelectuales. Como si para ser escritor hubiera que ser un intelectual. Todo cambió, por suerte, gracias a personajes como Valdano, el propio Pardeza y, también, cómo no, a la manifestación de algunos escritores protagonistas de la actualidad literaria que bajaron al terreno de juego desde las tribunas para exponer sus colores deportivos: Javier Marías, Pepe Esteban (su hijo, Iván, es un serio aficionado del Madrid). Chus Visor, Luis García Montero o Almudena Grandes. Como consecuencia, en las tertulias literarias ya no se hablaba sólo de literatura y sexo. Pero, sobre todo, aumentó la producción editorial de libros cuya temática era el fútbol y escritores de todo pelaje hicieron sus pinitos narrativos en torno al asunto futbolero.

Hoy en día la comunión entre fútbol y literatura es aceptada y promovida por las nuevas generaciones de deportistas y escritores, que además de sentir los colores sienten las palabras y el buen juicio que las adorna por lo común. Pero siempre habrá un nombre que ilumine ese cambio: Miguel Pardeza, el futbolista que leía y escribía.

En cuanto al libro −Angelópolis− creo que ya lo he dicho todo. Quería citarlo, a pesar de no haberlo leído, por deferencia al jugador lector. Creo que habla de fútbol y de vida, de sufrimiento por el declive deportivo y pasión por resurgir y seguir adelante. La literatura, si entra en contacto con las emociones, puede ser un bálsamo o una catarsis. Y, en esta época de incertidumbre y desasosiego, incluso los libros que no son de autoayuda pueden ayudarnos.