Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

DIDEROT LIBERTAD DE PENSAMIENTO, OBRA Y OMISIÓN

Andrew S. Curran ha escrito una espléndida biografía del filósofo de la Ilustración y coautor de la Encyclopédie.

Como Epicuro, Denis Diderot pensaba que la tarea más importante del ser humano es perseguir la felicidad y hacerlo con plena libertad de pensamiento.

El género biográfico ha sufrido muchas variaciones y transformaciones a lo largo del tiempo. La autobiografía, cuyo componente de aleación ficticia es esencial para su formulación, además de inevitable, quizá por la inercia, ha devenido en esa nueva moda narrativa llamada “autoficción”. Lo que contribuye a aceptar y, de alguna manera, oficializar esa vieja manía, tan antigua como la literatura, de los autores de mezclar su propia vida, sus sentimientos, sus emociones y sus ideas con los propósitos de su imaginación. De modo que vida y ficción cada vez están más amalgamadas y con mejores resultados narrativos. Lo que no es óbice para que aún se publiquen biografías contundentes y disciplinadas en las que no parece quedar nunca ningún fleco suelto.

La verdad se esconde tras los hechos y concurre en los actos y quizá en el devenir de la época en que se produzcan, tanto en lo que se refiere al personaje en cuestión como a sus congéneres. El tiempo va diluyendo esa verdad ante la barahúnda de verdades, hechos y actos que se van sucediendo. De ahí que la mayor dignificación de esa verdad diluida que puede hacer el biógrafo es investigar esos hechos, contrastar opiniones, recabar información y tener la mente clara para llegar al fondo de esa verdad que a veces no reflejan los hechos sino los actos de quienes los sufren.

No obstante, para ese trabajo de rastreo entre dos verdades, se podría decir, es indispensable trascender los hechos y, preservando la verdad, adentrarse en el germen de los actos que se derivaron de ella. Esta biografía sobre Diderot es contundente porque atiende con exhaustividad a las dos líneas de la investigación: los hechos que hicieron del siglo XVIII, en cuya mayor parte vivió el filósofo, diera luz a la Historia, y el espíritu libre y rebelde del filósofo de la Ilustración que presenció los hechos o los vivió de manera determinante y, a la vez, intentó desentrañar y llegar al fondo de la verdad que resultaba de los mismos.

Le debemos a Andrew S. Curran una geografía esencial del mundo en el que Diderot desarrolló su pensamiento y cómo se enfrentó a los grandes poderes del momento: la monarquía y la iglesia; hasta el punto de que fue preso y tuvo que abjurar de publicar muchos de sus textos. Pero, al mismo tiempo, disponemos de una cartografía muy atinada de las ideas que empujaban a la voluntad del filósofo francés, de sus certezas, inquietudes, emociones, incertidumbres, miedos y desilusiones que iban fraguando su vida interior. Se trata, por lo tanto, de una biografía que emerge de la conciencia del personaje y va tomando un espacio lleno de referencias.

A Diderot se le suele conocer por haber participado en esa obra magna que simboliza la Ilustración, L´Encyclopédie, con la colaboración al principio de D´Alembert. Pero hizo muchas más cosas. Escribió novelas, ensayos, obras de teatro, artículos sobre los temas más variados (política, arte, música, teatro, sexo, feminismo…); era un gran conversador, amante de los placeres de la vida, fiel y adúltero a la vez, y, sin llegar a ser un libertino, tan propio de la época, amante cierto también de varias mujeres fuera del matrimonio. Fue padre de familia y ciudadano, controvertido, pero comprometido con la realidad de su tiempo. Si bien, lo que él quería sobre todas las cosas era pasar a la posteridad.

A fe que no sabemos si Diderot consiguió acercarse a la felicidad en vida, aunque disfrutó de los placeres que le salieron al paso, pero está claro que un fragmento de la posteridad para la que trabajaba, incansablemente y a un ritmo trepidante, sí le pertenece.

La biografía de Curran es mucho más completa y exhaustiva que lo que decimos de ella, Diderot un personaje mucho más complejo de lo que puede abarcar un artículo, su relación con el poder polémica y la influencia de su pensamiento en la Revolución francesa una estación para detenerse en el camino. Por otra parte, el libro se lee bien; de modo que eso es lo que aconsejo y que cada uno busque la interpretación más próxima a sus propias ideas o, en último término, las transforme para mejor. A través de la lectura también se llega a la felicidad.