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Entrevista: José Luis Puerto Premio Castilla y León de las Letras

“Lo que tiene algo de réquiem es todo lo que ocurre en el mundo rural.”

“Todo lugar es tierra de Leyendas. Historias imaginativas que creamos para explicárnoslo todo.”

Epicuro: Tras un compendio dedicado a León, ahora publica Leyendas de tradición oral en la provincia de Salamanca. ¿Es Salamanca tierra de leyendas?

José Luis Puerto: Todo lugar es tierra de leyendas, en la medida en que, a través de las leyendas, el ser humano verbaliza su imaginario, sus maneras de entender el mundo. De ahí que toda leyenda tenga un rasgo siempre de universalidad. Cuando contemplamos el cielo, la tierra, la vegetación, los animales, el agua… terminamos creando historias imaginativas para explicárnoslo todo. Y de ese mecanismo nacen las leyendas.

En la de Salamanca, en concreto, al ser una provincia con grandes amplitudes de dehesa, predomina la ganadería, algo que se expresa en las leyendas, por ejemplo, con la abundancia de ellas sobre los reptiles de la culebra y el bastardo; o también sobre el toro, animal mítico, en torno al cual se ha ido tejiendo un imaginario que nos llega, a través del Mediterráneo, desde el mundo griego, y que cristaliza en la Península en la tauromaquia (por desgracia, tan instrumentalizada políticamente). Pero también hay otras leyendas relativas a hechos que han ocurrido en la provincia, como la llamada Guerra de la Independencia, que tiene derivas legendarias aún vivas en el mundo campesino. O la leyenda tan hermosa del amurallamiento del pueblo de Monleón (el del romance, tan del agrado de Federico García Lorca, de «Los mozos de Monleón»). Sin olvidar aquella otra –con conexiones con los moros y la pérdida de España por Don Rodrigo–, tan viva en Salamanca, de la Cueva de la Mora Quilama. Entre otras muchas.

E: Leyendo este colosal trabajo etnográfico que ha realizado, da la impresión de que tiene algo de réquiem por un universo que se apaga.

JLP: Lo que tiene algo de réquiem es todo lo que ocurre en el mundo rural –esa España vacía de la que se habla–, que se está deshabitando y despoblando. Y, con ello, muriendo un modo de ser y de estar en el mundo, que es el del campesinado. Estas leyendas, recogidas en el mundo campesino, son, debido a todo ello, un afortunado archivo de la memoria colectiva, que, de no haberse recogido, se perdería. Pero la leyenda no muere. También hay leyendas urbanas…

E: Hablamos de un volumen con más de 600 páginas. De años, supongo, de carretera y cinta (grabadora).

JLP: La tarea de recoger este conjunto de leyendas –en este caso, a lo largo y ancho de la provincia de Salamanca– ha sido ardua, lenta y dilatada en el tiempo. Me ha llevado en torno a treinta años. Es un oficio de paciencia, que requiere siempre, para poder llevarlo a cabo, una actitud de sintonía, de conocimiento y de respeto por ese mundo campesino, que ha producido una cultura compleja y hermosa, amenazada hoy por causas ya muy analizadas por todo tipo de especialistas. Y, para que el libro fuera representativo del imaginario legendario salmantino, hemos recogido leyendas en doscientas dieciséis localidades de la provincia, lo que, al parecer, representa el sesenta por ciento de la misma; y hemos entrevistado en torno a quinientos informantes, que aparecen en el libro con sus nombres y apellidos, la localidad de la que son vecinos y la fecha en que los entrevistamos.

E: A ese trabajo de campo, recogiendo los etno-textos literales, hay que añadir miles de horas solitarias de transcripción, catalogación y estudio, para poner en vecindad los temas de los testimonios. Trabajo que se refleja en la factura del libro, compuesto con papeles de distinto color.

JLP: La tarea de un libro como este es múltiple. Es imprescindible el trabajo de campo, la recogida de leyendas en los pueblos, después está la de la transcripción fidedigna, la de catalogación de los etno-textos y la de una adecuada contextualización de los mismos a través de una introducción teórica general y de otras muchas particulares para las distintas ramificaciones clasificatorias de las distintas leyendas. A la hora de la edición del libro, para orientación de los lectores, hemos elegido para todas las introducciones teóricas un fondo de página de un tono grisáceo muy leve, y para los etno-textos legendarios un fondo de página blanco.

E: La metodología que ha empleado tiene unas líneas de fuerza que insufla orden a lo estudiado. ¿De dónde procede?

JLP: La metodología empleada –tanto en las leyendas leonesas, en su momento, como ahora en las salmantinas– nace de una propuesta que realizaran ya hace años José Manuel Pedrosa (profesor de la Universidad de Alcalá) y Julio Camarena (ya fallecido, que recogiera y editara los cuentos de tradición oral de la provincia de León), para establecer un atlas de la «mitología» tradicional de las tierras de España y, en general, de la Península. Yo, a partir de tal metodología, he organizado las leyendas en diez grandes campos: el cielo, la tierra, las aguas, la naturaleza, los santos y los héroes, las etnias –moros, franceses, carlistas…–, las figuras del miedo, el humor, los animales y los seres imaginados. Y, a partir de los materiales recogidos en el trabajo de campo, los he ido ramificando. Pedrosa, por ejemplo, llevó un ejemplar de las leyendas leonesas a México, en concreto, a la Universidad de San Luis Potosí, y en ella han utilizado su metodología para su trabajo en torno a las leyendas mexicanas de aquellas áreas geográficas.

E: ¿Cómo hace para diferenciar al filólogo, al etnógrafo y al poeta?

JLP: En todo aquello que nos interesa, nunca hay compartimentos estancos. En mi caso, todo está presidido por lo poético. Y tanto en la creación poética propia y personal, como en los ritos, creencias, tradiciones orales… con los que me topo en mi trabajo como filólogo y etnógrafo, hay siempre un fondo de poesía. Porque lo poético impregna siempre todo aquello que el ser humano vive, cuando está imantado por la intensidad, por el fervor, por la participación, en definitiva por la comunión de lo humano con el existir y con el cosmos.