Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

Vila Matas

¿Por qué se esconden los escritores?

Esta bruma insensata pone a prueba el talento literario de Vila Matas, cada libro más en forma.

Bien traído el título, Esta bruma insensata, entresacada de una cita de Raymond Queneau: “Esta bruma insensata en la que se agitan sombras, ¿cómo podrá esclarecerla?”. No es asunto baladí el de los títulos. De su elección y acierto depende, en muchos casos, la proyección de lo que se cuenta en las páginas sucesivas, su cara más expuesta al beneplácito del lector, la que sugiere, reta o aleja del libro en cuestión. Hubo un tiempo (no sé ahora) en que había un solapado y jocoso trasiego de títulos; pues hay escritores con una pericia especial para encontrarlos y, acaso, regalarlos. Y son importantes, sobre todo, en lo que se refiere a los textos literarios, cualquiera que sea su género, ya que, cuando la elección es acertada, no explican, sino sugieren, como he dicho, y te sitúan al principio de un camino inequívoco.

No hay duda de que la elección de Vila Matas es acertada, aunque esté sacada de una frase de Queneau o quizá por eso mismo, porque anticipa uno de los asuntos nucleares de la novela: la colección y uso de citas ajenas para colarlas en libros propios o, como en este caso, venderlas para que otros escritores las utilicen en los suyos. Uno de los escritores que en esta novela exponen su situación en el mundo y en la literatura, posee un gran archivo de citas, del cual vive, además de su labor de traductor previo; es decir, el que hace la mayor parte de la traducción para que la firme otro con más nombre y reputación. Podría hablarse de un negro literario, que, por otra parte, no quiere abandonar el anonimato, por más que se intuya que tiene otros anhelos y, por descontado, una idea propia (quizá lo único que le pertenece, realmente) de lo que debe ser la literatura; esa constante segregación de egos. Si bien no es el asunto de las citas ajenas (y hay muchas citas en la novela) el único que sugerirá al lector que tiene que seguir adelante, obedecer a la tentación, dejarse atrapar; pues no se va a arrepentir, haya leído o no a Vila Matas anteriormente. Es una novela literaria, lo que refuerza su valor, escrita desde el interior de la literatura.

Porque, para Vila Matas la literatura es un juego, un juego en el que vive, redactando nuevas reglas en cada libro que escribe, desvelando nuevos secretos; un juego que se pone serio cuando baja la niebla y engulle los rostros y las formas y cuando hay que echar mano de la ficción para guiar a las sombras que la bruma devuelve. Primero hay que clasificarlas y dotarlas de una nomenclatura y no son muchos los escritores que pueden hacer las dos cosas a la vez. Y, mucho menos, atreverse a seguir adelante cuando la niebla oculta los contornos y el camino se bifurca en senderos donde extraviarse es lo más normal. La osadía puede resultar cara. Las sombras no identificadas son propensas al secuestro.

El oponente teórico y emocional del rastreador de citas, proveedor tirano de su subsistencia y, para colmo, hermano del anterior, es un escritor de éxito en Nueva York que ha optado por la ocultación, por desaparecer de la vista de los demás que, sin embargo, jalean sus libros, plagados de citas de su hermano opuesto. Éste dice en un momento dado y cito: “Su arte, que a veces yo disfrutaba llamándolo arte de desparecer, le hubiera convertido en un escritor famoso y con misterio, mientras en mi caso sucedía felizmente lo opuesto: tal vez también hubiera arte en lo mío, pero fabricado en la más pura y reconfortante y anónima sombra, y sin misterio alguno, gracias a Dios y a Gran Bros.”

Surgen con facilidad dos preguntas:

¿Qué grado de autoría tiene en una novela el suministrador de citas?

¿Qué empuja a algunos escritores a ocultar su verdadera identidad, incluso su rostro y a pasar desapercibido de las miradas?

Claro homenaje a Thomas Pynchon, uno de los ocultos más geniales de la literatura norteamericana, a quien nadie pudo ver su rostro, tal vez porque, como algunos sugerían, no existía, tal vez, como pensaban otros, incluido  el escritor oculto de la novela, Pynchon eran muchos Pynchons y cada uno de ellos mostraba un rostro distinto y había escrito uno de los libros del genial y desconocido autor. Vila-Matas busca las respuestas a esas interrogaciones esencialmente literarias, como otrora hiciera con los escritores que preferían no escribir, y por ello se interna en la niebla y se enfrenta a las sombras, corriendo el riesgo de quedar secuestrado para siempre en esa bruma insensata que acecha a todo escritor que se precie. Las respuestas están en la novela que habla de brumas y realidades cuestionables y que no pienso desvelar, pues esto no es una guía de lectura, sino un mera aproximación a las incógnitas que cada lector debe iluminar. Vila-Matas es un escritor que hace participar al lector y, como él fue abducido desde los cuentos de Nunca voy al cine, arrastrarlo al interior de la literatura.

Pero hay más; Esta bruma insensata es un canto a las ausencias sin retorno (pensar en la muerte o en el abandono es natural), todas injustas desde la perspectiva emocional, si bien eficaces en el plano literario; y más a la energía de las ausencias, frase lograda que ilumina la idea de que es más fuerte la imagen de alguien querido cuando la imagen desaparece de nuestra mirada. Los recuerdos, lejos de infundir ánimo, alientan los malos presagios. Y el viaje; ese viaje, del que se puede volver o no, y los motivos por uno los que se retorna o se dedica a viajar toda la eternidad.