Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

José María Merino

La Naturaleza es un elemento sustancial en los cuentos de José Mª Merino.

Cuentos de la naturaleza es el resultado de una pasión relatora de la que se derivan muchas otras.

Cuentos de la naturaleza. José Mª Merino.
Eolas Ediciones

En una muy cercana conversación con José Mª Merino, buen y culto amigo, a la sazón de la salida de su último libro, Cuentos de la naturaleza, el escritor me decía que le costaba sentirse dueño del libro; que ya no recordaba bien si alguno de los cuentos lo había escrito él.

Sus palabras eran un claro y merecido reconocimiento a la edición y el prólogo de Natalia Álvarez Méndez, profesora titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de León y directora de la colección Las puertas de lo posible, y a la labor exquisita del equipo, dirigido por el también buen amigo, Héctor Escobar, de la también leonesa editorial, Eolas.

Como reza en los créditos de presentación del libro, Las puertas de lo posible es un proyecto del Grupo de Estudios literarios y comparados de lo Insólito y perspectivas de Género (GEIG).

Merece, pues, esta antología de relatos, y no sólo por el conocido y reconocido pulso narrativo del escritor leonés con casuales reflejos galaicos, figurar entre los destacados de cara a la celebración el próximo 23 de abril el día del libro. Y digo “casuales reflejos galaicos” consciente de que le influencia de Poniente en la literatura de Merino no se remite a meros reflejos de su nacimiento casual en A Coruña y de que la bruma, la espesura del bosque, las puertas de lo posible, el momento mágico cuando se funden mar y horizonte, la tentación del viaje, están siempre presentes en la obra de Merino, aun cuando el territorio que describa sea otro. Puede atestiguar esto un relato extraído de este volumen referencial, protagonizado por el narrador y el inefable profesor Souto: Del libro de naufragios. En un momento del relato el profesor Souto dice: “En aquellas mismas playas –se refiere a la Costa da Morte- hubo por lo menos cinco naufragios más en nuestro siglo –XX-, todos terribles.” El narrador muestra su interés por ese tipo de catástrofes y el profesor añade: “Ya había oído hablar de esa afición suya. Aquí se sabe todo enseguida.”

Dice la prologuista, que en apenas 25 páginas lleva a cabo una exhaustiva disección de los relatos, que no admite réplica: “José María Merino es uno de los grandes fabuladores de la literatura contemporánea en lengua española, y uno de los máximos representantes de la estética de lo insólito”.

No son sólo palabras. Con su exposición podría darse por concluido este artículo. Nada puede añadirse que no esté en los cuentos de Merino; de los que surge la esencia de su escritura y el fruto de su exploración imaginaria. Qué mejor tentación para un escritor acostumbrado a que las sombras iluminen el camino que “las puertas de lo posible”. Lo evidente es tantas veces sucio e impracticable, está tan devaluado, que abrir las puertas de lo posible, aunque se corran riesgos, es la única manera de liberarse del aturdimiento y el desasosiego que provoca la realidad que se agarra como lapa a nuestros pies. De ahí la pulsión del viaje y la necesidad de la ficción, no como bálsamo, ni como solapada huida hacia lo desconocido, sino como y único posible camino hacia ese punto donde se funden el mar y el horizonte de donde surgen innumerables posibilidades narrativas.

No todo está escrito. Por eso, Merino abre las puertas de lo posible tanto hacia el pasado, la memoria, que nada tiene que ver con los recuerdos, como sabemos, y hacia el futuro, que, con las nuevas tecnologías, ya no es ciencia ficción. El autor los llama relatos distópicos. La ucronía es ya un elemento a considerar en nuestra simbología cuando ficción y realidad se mezclan para forzar una nueva memoria.

La Naturaleza es, de este modo, esa línea que, a pesar del maltrato que ha sufrido, hay que cruzar para que la simbiosis sea efectiva. Un lugar al que volver. El único lugar sin malos humos y humores donde la ficción no necesita reivindicarse pues es esencia de la misma. Es una gran puerta a lo posible que espera a ser renovada.

La Naturaleza abarca tanto como los cuentos de Merino; una invitación al sosiego y la felicidad. Qué más se puede decir. Salvo que leídos o releídos los cuentos sentimos la tentación inaplazable de viajar a la naturaleza. Disponemos de un buen guía. Lástima que la realidad sea tan impertinente.