Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

FEDERICO MAYOR ZARAGOZA El coraje de apostar por la cultura

“Solo con rebeldía empezará a cambiar el rumbo de la tierra”; “Delito/de silencio/. Tenemos que convertirnos/en la voz/de la gente/ silenciada”; “Alcemos nuestra voz, nuestra fuerza”. (Federico Mayor Zaragoza)

Estos son una muestra de versos que, sin olvidar la estética, eligen la fuerza de sus contenidos; contenidos cargados de intenso humanismo que reiteradamente se repiten tanto en los poemarios como en los discursos o textos de Federico Mayor Zaragoza.

Recientemente se ha publicado El coraje de decir NO, un ensayo biográfico y confesional escrito en modo coral entre el biografiado, Federico Mayor Zaragoza y María Novo (Ediciones Panacea). Se trata de un ensayo dialogado, de un camino intencionado (intus-ire) a las entrañas del entrevistado, al fondo de las emociones, a la búsqueda de respuestas ante las problemáticas del ser humano. Es un viaje que Mayor-Novo emprenden de ida; el regreso, si tal viaje se pretende que sea odisea circular, lo ha de realizar el lector. Es la apuesta por disponer de coraje y de permitir un camino metafísico, hacia el interior, que adviene de parte de una persona en edad provecta y con diálogo conclusivo, pues detrás de su actividad y compromiso aparece el ser humano que logra uno de los mayores propósitos posibles en su deambular vital: aprender y no acobardarse para decir la propia palabra. Este es la expresión de su coraje; un logro alcanzado tras la disposición de atenta lectura de la vida y sus dimensiones, de los entornos y los ritmos de los días, sencillamente de la amplia realidad.

La entrevistadora, María Novo, expone sus preguntas y recoge las respuestas a sabiendas de que en sus preguntas y las respuestas recibidas se halla la pérdida de intimidades, se expresa la manifestación de inquietudes; de este modo, entre la intimidad y la inquietud, aparece la biografía de un hombre, Federico, que perteneciendo a una aldea, éste le colocó sus fronteras en el infinito; pues desde la aldea ha podido contemplar la inmensidad y los peligros de la especie humana. Por esta razón, comprendiendo la intemperie que rodea a todo ser, apuesta por diseñar y construir “suelos con barro”, suelos con cultura, a sabiendas de que esta es la dimensión exclusivamente antropológica que requiere maceramiento intenso e incesante; de ahí su compromiso extenso con todo aquello que se manifiesta como lo más propio del ser humano: la cultura. La cultura no es algo dado, ni llegado desde la nada, es construcción continua entre la perseverancia y la pasión de continuo.

Desde estos “suelo con barro” se pueden atisbar los dramas y “vivir atento a las necesidades de los otros”, para ello se impone la necesidad de leer, de difundir saberes, de distribuir responsabilidades, de ser insumisos y compasivos, comprometidos con la pretendida eutopía eudonómica. Grandes preocupaciones se destilan en este libro, afloran contradicciones, la existencia de un mundus perversus no superado en la alcanzada etapa del Antropoceno, en la que abunda mayor riqueza y más hambre, la creación de más útiles al servicio del ser humano y más esclavitud, la carencia de tiempo y de empatía; no obstante, Mayor Zaragoza defiende la resiliencia, la capacidad para reponerse, la presencia o ausencia de abandono a favor de la esperanza. La lectura de este ensayo nos conduce a un espacio experimentado, propio de quien ha disfrutado un largo y rico vivir, donde se defiende la resistencia, la compasión y la lucha frente a la intimidación, la advertencia de la pérdida de valores o el dominio de los idola del mercado o de quienes pretenden señorear sobre discursos que solicitan paciencia y “lo malo de la paciencia es que puede llegar a ser infinita” (Saramago). Por ello el biografiado con iteración previene y solicita alejarse del síndrome entreguista de Epitemeo, de los cantos espurios de la musa Eco y alejarse del síndrome “MAOL (mirar a otro lado)”.

En el período del Androceno, a la vez que crece el número de seres humanos sobre Planeta, también la orfandad. Abunda la plutocracia o la oclocracia a la vez que se ocultan, o al menos no sobresalen, los discursos críticos. Predominan los relatos crisolhedonistas: -” primero arreglarlo económico”, - “hablan las urnas” - ¡mas sólo para votar!, voto y veto-, - “trabajar, producir, consumir y… callar”, etc., Son mantras que obligan a recordar a Heidegger: “¡y ahora solo un Dios podrá salvarnos!”. Ciertamente el hombre suele manifestarse más generoso concediendo atribuciones a los dioses que, al contrario, pero estos no son la respuesta más útil en tiempos de zozobra, pues la brega por el logro de espacios eudonómicos es un fin antropológico y la solución está aquí, entre los seres humanos, y sus topos se hallan en la acá, en este pequeño Planeta. Y la clave de este arco nuevamente señala con reiteración Mayor Zaragoza: antropofilia y espacios de paz. Sobre esta clave abundan los mensajes de un hombre polifacético y polifónico, científico y poeta, alumno y maestro, gestor y resistente, con fuerza para decir SÍ en lo que cree y defiende y NO a la comodidad y a los discursos que vagan en dirección contraria; este modo se expresa con alma coherente, doliente y cordial. Un hombre que, al igual que el duque de Kent, respondería al rey Lear:”-y tú, ¿quién eres? Un hombre Señor. - ¿Y en qué te ocupas?  En estar a la altura de lo que parezco”. Federico agregaría: “y con el corazón mirando al Sur”, bajo el dictum: porta patet, sed cor magis.