Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

23 ABRIL • DÍA DEL LIBRO ¡TIERRA! ¡TIERRA! No me tragues todavía; no me tragues por favor

En ¡TIERRA! ¡TIERRA! , Sándor Márai, ya advertía de los problemas y transformaciones del mundo del libro después de una crisis global como las guerras mundiales.

En tiempo de pandemia y confinamiento, los libros –como  cualquier persona, lectora o no− sólo pueden salir de casa para ir al supermercado. Allí se les puede ver, a distancia, más solos que nunca.

Como los pequeños comercios y bares y restaurantes, las librerías han cerrado. Por fuerza y vigilados −en aras de nuestra salud física y mental se decretó el estado de alarma−, si queremos comer, beber o leer tenemos que acudir a los centros comerciales –al más cercano a casa−, a la panadería o a la farmacia y tener mucho cuidado de no tocar los productos antes de adquirirlos y pagarlos, por supuesto, no vaya a ser el contagio. El coronavirus ha impuesto una distancia preceptiva entre nosotros y lo que deseamos; en ese sentido es peor que otras epidemias precedentes, pues se prohíbe tocar y no hay profilaxis efectiva para quien no cumple la norma.

Otra opción es deambular por casa de estante en estante, de alcancía en alcancía, en busca de algo comestible que le solucione la papeleta. Dichoso el que tiene la despensa llena o una biblioteca personal mínimamente aceptable. Privilegio que le evitará tener que ir al “super” con una frecuencia inapropiada para las leyes del confinamiento y, para colmo, no encontrar el alimento o el libro de su gusto. Porque me imagino que todo aquel que ha tenido la paciencia de ir haciendo una biblioteca –más allá de la acumulación de libros− tendrá problemas para hacer casar su gusto e idea de lo literario con los libros que suelen habitar en dichas superficies. Siempre quedará el recurso de la relectura de los libros que forman parte de una vida o, en último término, leer aquellos que por falta de tiempo quedaron a la espera; pero ¿qué ocurrirá con aquellos lectores que no disponen de biblioteca en casa? Tendrán que recurrir a las grandes superficies o a internet, donde prima el entretenimiento por encima de la búsqueda de respuestas.

Esto mismo se preguntaba Sándor Márai en su primer viaje a Francia terminada la Segunda Guerra Mundial y con Hungría −su país natal− abrumada por las fuerzas militares y políticas soviéticas. ¿Dónde está el libro que ofrece respuestas? ¿Dónde los lectores que buscan esas respuestas? ¿Hacia dónde se mueve el libro? ¿Es la muerte de la literatura? No es nuevo para nosotros el lamento del libro, dada la deriva que ha tomado en los últimos años acercándose cada vez más a la industria, el mercado y la debatible autoayuda, muchas veces nos hemos hecho preguntas parecidas, preguntas quizá sin respuestas; pero ese lamento cobra una fuerza inusitada cuando se celebran aniversarios en los que el libro es protagonista, como las Ferias o, sin ir más lejos, el Día del libro, en conmemoración de la muerte de dos genios de la literatura universal: Cervantes y Shakespeare.

Creo que por primera vez se va a celebrar el día 23 de abril sin novedades editoriales –salvo unas cuantas gotas secuestradas en un mar revuelto al que no se puede acceder desde el malecón− y sin rosas frescas; con los lectores recluidos en casa y con compradores que reúsan tocar los libros, no vaya a ser el contagio. Pero lo más grave, un día del libro sin librerías. Por suerte la palabra crisis va casi siempre a la de iniciativas y éstas surgen por doquier, por mor del altruismo o bien de promoción editorial y de entretenimiento. Sin embargo, todas ellas pasan necesariamente por el filtro de internet y las videocámaras. Desde luego, para las librerías tradicionales y para las editoriales más humildes y con menos medios  y posibilidad de divulgación el problema se agrava con la crisis; aunque ya era un problema que se venía arrastrando. El enemigo del libro ya no es internet; al contrario, observamos todos los días y más estos días de celebraciones abrumadas por el covid-19, puede ser un buen aliado si no se hacen concesiones a lo que parece inevitable. ¿Cuál es el enemigo entonces? Busquemos las respuestas?

Me gustaría que este 23 de abril, día sin librerías, además de las iniciativas necesarias y elocuentes de lo que se reclama, se reflexionase sobre el destino de las librerías y de los apasionados y apasionadas de la literatura, una vez se produzca el deshielo y termine el confinamiento. Que esta crisis global nos haga darnos cuenta de la importancia de los libros que ofrecen respuestas. Por lo que me apunto a recomendar una lectura: ¡Tierra! ¡Tierra!  de Sándor Márai, un libro autobiográfico que ofrece muchas respuestas y preguntas inexorables.

Feliz día, a pesar de todo o por todo eso.