Epicuro Epicuro Revista de los grandes placeres

CINE Y ESPECTÁCULO Alrededor de los Premios Goya 2020

A veces las palabras cine y espectáculo se confunden; otras, el cine trasciende al espectáculo.

La doble A, Almodóvar y Amenábar, cumplió con las expectativas creadas. Dolor y gloria y Mientras dure la guerra representaron su papel a la perfección.

Partiendo del hecho incontestable de que el cine es espectáculo, máxime con la evolución de los medios digitales; es también cierto que en muchas ocasiones el cine trasciende  al mero espectáculo y se convierte en algo más grande y revelador. En esos casos, las emociones surgen en toda su crudeza; los efectos especiales son el alma del director de la película y el sobrecogimiento de los personajes, el destino de estos en medio de la hosquedad de la naturaleza o en la oquedad de incertidumbre y desasosiego que dejan las piedras de una ciudad derruida por las bombas.

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha animado a que la vida tal como nos llega desde los medios de comunicación venga envuelta en ese rutilante papel de celofán que es el espectáculo. La cultura está, inexorablemente, unida al ocio y el entretenimiento. No son tiempos de introspección. El pensamiento ha sido secuestrado por la prisa y el vértigo; una pareja mal avenida que aguantará mientras pueda alimentarse de nuestro estrés. El espectáculo cierra la puerta a la reflexión. La paciencia y la calma son entelequias. La pulpa del argumento se hace invisible dentro de la dura cáscara de los fuegos artificiales que lo esconde.

No quiero decir que la realidad se limite al espectáculo, ni que éste sea un obstáculo para llevar a cabo un digno trabajo cinematográfico. Ejemplos sobrados tenemos de ello; pero el cine tiene que ir más allá de la cáscara, por sabrosa que pueda parecer a nuestros sentidos, y buscar el corazón, la pulpa del argumento, su esencia última. Y permitir que el espectador pueda llegar también a esa pulpa y extraer sus propias conclusiones.  Que éste, desde su butaca, pueda deshacer el envoltorio que rodea a la película y luego envolverlo de nuevo, si bien atándolo con un nudo más personal.

No voy a detenerme en la gala de entrega de los Goyas, un espectáculo necesario, que habrá gustado a unos y desagradado a otros, pero que habrá concitado muchas miradas y sonrisas. Mi opinión al respecto no tiene más validez que la de romper la cáscara de la gala y llegar a la pulpa de las películas; afirmar que las películas elegidas para disputarse los Goya en los distintos apartados de la gala celebrada hace unos días, contienen más pulpa que cáscara y que merece la pena trascender del necesario espectáculo y succionar esa pulpa sin más ruido alrededor que el de la banda sonora de la película o la explosión de silencio de la fotografía. El reto es que el brillo de las luminarias, los efectos especiales, los chistes, las muecas, las pajaritas, la roja alfombra, no desvíen nuestra mirada de lo verdaderamente importante: aquello que sucede en la pantalla y lo que nos sugiere; la pulpa del argumento que se derrite en nuestros sentidos. El espectáculo se puede comprar; el revuelto de emociones que te provocan películas como Dolor y gloria o Mientras dure la guerra, no. El espectáculo está en la sencillez y absorción de unas propuestas que no dicen más de lo que son, pero que significan mucho más.

Si conseguimos romper la cáscara y mirar más allá del escenario jovial de los gestos y las intenciones, el humor y la algarabía, nos vamos a encontrar con mundos intensos donde la realidad (aunque se derive de la magia de la producción cinematográfica) desaparece para forjar nuestro propio mundo con pedazos de celuloide. Desaparecen los directores, los montadores, incluso los personajes: Unamuno desaparece, Millán Astray desaparece y Almodóvar vuelve a ser ese director de cine que, a pesar del éxito, también sufre enfermedades y dudas, pero es capaz de crear un personaje tan real y cercano, bien interpretado por Antonio Banderas, que también desaparece de nuestra vista para dejar paso a sensaciones (propias y de cada espectador) gratas de experimentar, aunque no todas sean joviales.