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JOSÉ MARÍA MERINO La fascinación quijotesca

A través del Quijote es una especie de travesía lectora, un homenaje, en la línea divertida de la propia novela.

No somos los españoles los primeros en descubrir y apreciar el Quijote.

Epicuro: A través del Quijote (Reino de Cordelia), un libro de hechura reposada y que nada más podía ser escrito desde la madurez.

José María Merino: La verdad es que yo, cuando era niño, no era capaz de comprender por qué a mi padre, que me hablaba mucho del Quijote y tenía la casa llena de imágenes y de curiosas figuras suyas, le gustaba tanto ese libro. Para mí, por lo que mi padre contaba, era la historia de un fracasado permanente, de un continuo derrotado, lo contrario de los héroes que a mí me atraían. Siempre me ha parecido muy delicado intentar que los niños conecten con él... Pero más tarde, ya en el tiempo de la  primera juventud,  lo  leí y me pareció muy divertido, muy interesante, de modo que a largo de los años lo he seguido releyendo, siempre con un gusto de descubrimiento de aspectos nuevos en esa obra que fui considerando cada vez más genial. En una de mis últimas relecturas, ya con la perspectiva de la mucha edad, se me ocurrió materializarla de alguna forma... Vamos, hacer una especie de crónica de la travesía lectora, que fuese un homenaje, en la línea divertida de la propia novela, mediante diferentes recursos literarios. No fue algo que llevase a cabo de un tirón, sino que lo fui pensando y realizando poco a poco.

E: Un libro que, como objeto, es una perla, pues está profusamente ilustrado mediante estampas históricas. Y con un implícito homenaje a un maestro personal como Sabino Ordás y el protagonismo del profesor Souto, que descubre una cuarta salida del ingenioso hidalgo, acompañado de su esposa Celina…

JMM: El Quijote que había en mi casa familiar era una edición en dos tomos ilustrada por Daniel Urrabieta Vierge, que con el paso de los años se estropeó en una inundación. Precisamente en aquella edición hice mi primera lectura del texto, y no puedo imaginarme a don Quijote y a Sancho Panza sin imágenes que los representen. Borges, que como digo en el libro creo que no leyó muy atentamente El Quijote, decía que la fama le provenía de las imágenes, los estereotipos... En cualquier caso, fui eligiendo algunas mientras  escribía mi homenaje, a lo largo de bastante tiempo, procurando evitar las más usadas. Pero a la hora de editarlo tuve la suerte de encontrar un editor como Jesús Egido, que aparte de dar con las de Urrabieta Vierge, hizo una recopilación de ciento y pico ilustraciones quijotescas, desde el siglo XVII al XXI, entre las que hay bastantes ahora ya desconocidas, y editó un libro lleno de sorpresas, como la cubierta que oculta la sobrecubierta. Estoy seguro de que tanto al profesor Souto como a su compañera Celina Vallejo, y no digamos a don Sabino Ordás, la edición les parecerá digna del homenaje.

E: Todo comienza con un viaje a La Mancha para visitar los paisajes del Quijote, ese libro inmortal en el que, dices, casi todos los personajes viven «una alucinación sin reservas».

JMM: El profesor Souto y Celina Vallejo llevaban tiempo planeando un viaje a La Mancha para recorrer los espacios quijotescos, porque ella tenía que preparar una ponencia para un congreso cervantino... En cuanto a don Sabino Ordás, recuerdo con precisión un curso sobre El Quijote que dio hace cuarenta años, nada menos,  al que tuve el privilegio de asistir... He utilizado el viaje de Souto y de Celina, y el curso de don Sabino, como elementos estructurales, como tramas, para ir llevando adelante la relectura puntual de la primera parte del Quijote cervantino, luego la del plagiario Avellaneda, y por último la de la segunda parte del Quijote cervantino. Y como conozco los cuentos quijotescos que le había enviado al profesor Souto su amigo, el profesor Tascón, y conservo copia de los que escribimos los alumnos de don Sabino a lo largo de aquel lejano curso, he aprovechado para incorporarlos, sin dejar aparte algunos ensayitos de diversos especialistas más o menos apócrifos. Creo que todos los personajes quijotescos, tanto el Ingenioso Hidalgo como quienes lo rodean, salvo Teresa Panza, y los que protagonizan las novelas incrustadas en el libro, viven una alucinación, y a mí me pareció vivir otra mientras escribía mi homenaje. Una alucinación muy placentera, por cierto...

E: Cada capítulo del Quijote tiene tu reescritura personal. De «los Quijotes», mejor dicho, porque también tiene un papel importante el apócrifo de Avellaneda. Incluyes cuentos propios, reflexiones ensayísticas, el relato de un viaje…

JMM: Es que creo que no se comprende del todo El Quijote cervantino, el único verdadero, si al terminar la primera parte y antes de entrar en la segunda, no se lee el del tordesillesco autor, por muy mal que pueda caernos... Al fin y al cabo, ese libro plagiario fue un indudable acicate para que Cervantes, que por aquel tiempo  ya andaba muy mal de salud, escribiese  la segunda parte de su Quijote. Y Álvaro Tarfe, un personaje del de Avellaneda, es utilizado por él en esa segunda parte, por donde al parecer no solo anda su Quijote sino  también  el otro, el del desvergonzado imitador... Y en alguno de los micro-cuentos que van exponiéndose en mi texto, el Quijote del tordesillesco autor tiene protagonismo. Además, aparte de las intervenciones ensayísticas, más o menos apócrifas, a veces entro yo en el texto, para explicar algunas cosas del viaje de Souto y Celina o del curso de don Sabino. Estoy seguro de que Cervantes me lo perdonaría...

E: Casi nada más empezar, sugieres una localización nueva para el lugar de la Mancha del que Cervantes no quiso acordarse. Más adelante, sostienes que don Miguel inventó el humor inglés… Hay muchas aportaciones, en el curso de la narración de este viaje, que aparecen a lo largo de A través del Quijote como si las dejases caer en una obra de ficción.

JMM: Sugiero Miguel Esteban, un lugar muy cercano a El Toboso... Como El Quijote es el libro de ficción del que más se ha escrito, me pareció razonable entrar en el juego de mi homenaje también desde esa perspectiva, digamos investigadora. Cientos de investigadores han recorrido El Quijote, muchos dignos de aplauso y otros sin demasiado tino, porque hay de todo. Yo cito unos cuantos merecedores de toda estima, y hasta les construyo un edificio reservado solamente para ellos en la cueva de Montesinos... Por otra parte, como sabemos, El Quijote es una obra decisiva para la historia de la literatura: inaugura la voz de un narrador en primera persona que no se ha superado y que ha quedado como elemento habitual en la creación literaria; inventa eso que llamamos la «metaficción» –en la segunda parte del libro conocemos que, en el propio mundo de los personajes, ya ha aparecido publicada la primera parte, y que el bachiller Sansón Carrasco la ha leído–; juega con el tema del doble... El éxito en Inglaterra desde la traducción de la primera parte lo convierte, a partir del Romanticismo, en una referencia importante para la literatura inglesa, y luego para la rusa... No somos los españoles, precisamente, los primeros en descubrir y apreciar El Quijote. Aunque parezca ficción,  todo eso es cierto...

E: Tus compañeros académicos y los cervantistas, ¿cómo lo han recibido?

JMM: Cuando presenté el libro, dos compañeros y amigos míos en la Real Academia, la gran cervantista Aurora Egido y el estupendo director de cine Manuel Gutiérrez Aragón –que puso El Quijote en celuloide–, fueron mis padrinos, y no me parece que el libro los haya disgustado... Y, por ahora, ningún colega, como tampoco ningún caballero andante, me ha retado a enderezar tuertos a propósito de mi homenaje, aunque eso nunca se sabe... Claro que mi libro puede pertenecer a la ficción, al ensayo, a la crónica –por lo menos– y ello lo hace suficientemente escurridizo. Espero que se incorpore sin estridencia a la cadena interminable de las fascinaciones quijotescas.