HOLA, SOY JUDIT Y QUIERO SER ESCRITORA Escucha a tu corazón y lo entenderás.

Llamamos casa a todo lugar donde está nuestro corazón, a cada sitio en el que ponemos lo mejor que tenemos para que todo salga bien.

Dejar a un lado el miedo y poner por delante el corazón es la manera más bonita de vivir.                                                                    

Después de un pequeño paréntesis, al final no tan pequeño, voy a continuar contándoos lo (no) fácil que es publicar un libro. Aunque, pensándolo mejor, de ese tema ya conocéis un poquito, así que para que no sepáis lo mismo que yo, o no de momento, hoy voy a hablaros del inicio de los inicios. Imaginarme: un moño de esos que no sabes si ha sido hecho por una niña de seis años o es que mi profesión es vender droga, sujetado por un bolígrafo, manía que cogí en el instituto. Un pijama de verano, los pies encima de la silla con sus uñas pintadas de color blanco. Mi jarra de agua fría para ir hidratándome, un paquete de galletitas y la mano apoyada en la cabeza mirando todo y pensando en nada, mi pasión.  

Después de darle mil y una vueltas al principio, me decidí por empezar contando ese día tan horrible para Grecia, digo horrible por poner un poco de mi opinión, para ella fue todo lo contrario, y lo sé porque me lo contaba con un brillo en los ojos un poco especial. Seguramente sea porque lo que venía después era mucho mejor de lo que ella imaginaba. Así que me decidí por unas palabras que dejaban ver lo sencilla y feliz que era ella: “Es una tarde fría de octubre, aunque parezca noche, ya sabemos todos que en esta época del año a las cinco de la tarde alumbra más la luna que el sol. Hace solo media hora que corría por mi ciudad para llegar pronto a casa y refugiarme de la lluvia. Con el pelo empapado y los pies chorreando, mala idea el día que me enamoré de las converse, algo lógico para todo el mundo menos para mí.” Y os prometo que se quedó tan tranquila como si fuera algo normal correr debajo de la lluvia a nueve grados de temperatura. Empezó a reírse y yo me quedé alucinada, al preguntarle el porqué de esa risa tan contagiosa, ella me contesto: - Te prometo que visualizo ese día y me encanta, no te voy a decir que fue cómodo llegar a casa y dejar en el comedor una piscina olímpica, ahí me preocupé un poco porque tenía que limpiar todo ese desastre, pero anda que no me lo pasé bien con mis amigas sintiéndonos unas quinceañeras sin ningún tipo de preocupación. Ya nos ocuparíamos unos días más tarde de nuestros resfriados. Estamos tan unidas que hasta eso decidimos compartir. Y no podía dejar de reírse. Como si hubiese alguien por detrás haciéndole cosquillas.

Es por esto y mucho más, muchísimo más, por lo que sabía que esto no iba a ser fácil. Tenía la obligación de contar esta historia de manera sencilla porque así era ella, con un toque de magia para que os sintierais aún más cerca, y sobre todo de una forma muy natural porque era tan real que asustaba, a mí, a Grecia aún seguían brillándole los ojos. Maldita sea todo lo que aprendí yo de esa chica, pero cuanta presión me dejaba. Y es que, como todo en esta vida, tenía esos días en los que por mucho que me esforzará no era capaz de enlazar más de cuatro palabras seguidas. ¿Dónde estaba en ese momento Harry Potter para que me ayudara con su varita? Mi mejor plan para salir del bucle siempre había sido coger a mi amiga Alma, un par de cervezas y escaparnos a ver el amanecer desde la orilla del mar, pero claro todo se jode un poco cuando te ves en medio de una pandemia y lo único que puedes hacer es ir al supermercado a por una caja de pañuelos para secar las lágrimas, chocolate para calmar la ansiedad, una botella de vino para relajarte un poco y volver a casa con menos dinero, pero las cosas más claras. Una vez está bien, dos también, pero a la tercera te das cuenta que, gracias a dios, el abecedario tiene 27 letras, así que pasamos al pan C.

Mi plan C consistía en escribir como si Grecia fuera parte de mí; esa parte que a todos en algún momento de nuestras vidas nos cuesta sacar, como si tuviéramos miedo de que alguien pudiese venir a destrozarnos, dejando de lado el miedo a equivocarme, porque así era ella también, no es que no tuviera miedo, es que por encima de todo siempre intentaba que el miedo no la dominara. Actuaba siempre desde el corazón dejando que fuera él el que se equivocara para así luego no sentirse culpable de nada. Otra de sus creencias es que no existe persona que sea capaz de controlar sus sentimientos, y es por eso, que nadie puede sentirse culpable por perder cuando actúa desde el sentir, esa pérdida pasa a ser aprendizaje, y cuando la herida empieza a sanar lo único que sientes es orgullo. Eso hice yo, escribir de la manera en que ella me hizo sentir cuando me contaba todo con tanto entusiasmo, hubo un momento que me creí que todo eso me estaba pasando a mí, y ahí es donde quiero llegar. Quiero que cada frase que leáis, cada página que paséis y cada capítulo que cerréis os haga sentir en casa. Porque llamamos casa a todo lugar dónde está nuestro corazón, a cada sitio en el que ponemos lo mejor que tenemos para que todo salga bien. Derribar barreras y dejarse ver sin piel no es fácil, pero menos fácil es protegerse de uno mismo. Dejar a un lado el miedo y poner por delante el corazón es la manera más bonita de vivir. Nos vemos la semana que viene, como siempre en el mundo de la magia, de la que no se ve, pero si se siente.